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 INTRODUCCIÓNEn una cálida tarde de Septiembre un pequeño grupo de cristianos se reunión en elaeropuerto internacional de Bangkok para darle la bienvenida al hermano Yun.Habían pasado más de ocho meses desde la última vez que viéramos su rostrosonriente. Lo arrestaron en enero de 2001. Durante los primeros días de suencarcelamiento, las autoridades de la prisión lo golpearon hasta casi matarlo. Mástarde lo sentenciaron a siete años de prisión. Los preocupados amigos de Yun entodo el mundo recibían mensajes esporádicos desde la prisión. En uno decía: “Diosme ha enviado a ser un testigo en este lugar. Hay muchas personas aquí quenecesitan a Jesús. Estaré en esta prisión por el tiempo exacto que determinó Dios.No saldré ni una hora antes, ni una hora después. Cuando Dios decida que miministerio en la prisión ha terminado, saldré libre.”De manera milagrosa, en el tiempo perfecto de Dios, a Yun lo liberaron después depasar siete meses y siete días de sus siete años de sentencia. Ahora estábamos juntosen el aeropuerto, con la esperanza de verle llegar. ¿Estaría enfermo, cansado ocallado después de su terrible prueba? Yun al fin apareció por el pasillo de llegada.No mostraba nada de lo que pensábamos. Su rostro estaba lleno de luz y una ampliasonrisa se extendía de oreja a oreja. “¡Alabado sea Dios! ¡Aleluya!” fueron susprimeras palabras. “¡Gloria a Dios!”. Nuestras manos se enlazaron mientraselevábamos una oración de acción de gracias, mientras los desconcertados pasajerospasaban por nuestro lado.Al hermano Yun se le conoce en toda la China como “el hombre celestial”. Esteapodo provenía de un incidente cuando se negó a decir su verdadero nombre a lasautoridades. La divulgación de su verdadera identidad hubiera puesto en peligro alos cristianos locales. En respuesta a las amenazas y golpes de las Fuerzas deSeguridad para que diera su nombre y dirección, Yun gritó: “¡Soy un hombrecelestial! ¡Mi hogar está en el cielo!”. Los creyentes de la localidad, que seencontraban reunidos en una casa cercana, oyeron sus gritos y se dieron cuenta queles estaba advirtiendo del peligro. Todos huyeron y evitaron el arresto.Desde ese día, y como una señal de respeto por su valor y amor por el cuerpo deCristo, los creyentes de las Iglesias en Casas en China llaman a Yun “el hombrecelestial”. Yun es el primero en reconocer que hay partes en él que no soncelestiales. Como todos, lucha con la tentación y las debilidades, y es muyconsciente de que aparte de la gracia de Cristo Jesús en su vida, no vale nada. Unavez le dijo a su esposa Deling: “Sin duda, no somos nada. No tenemos nada de loque podamos enorgullecernos. No tenemos habilidades ni nada que ofrecerle. Elhecho de que decida usarnos es solo debido a su gracia. No tiene nada que ver connosotros. Si Dios decidiera levantar a otros para cumplir sus propósitos, notendríamos de qué quejarnos”.Oswald Chambers escribió una vez: “Si le concede a Dios derechos sobre usted, Élhará un experimento santo. Los experimentos de Dios tienen éxito siempre. Esto esmuy cierto en cuanto al hermano Yun. Desde el primer momento en que se encontró
 
 con Jesucristo se ha esforzado al máximo en servirle de todo corazón. Hay leccionesy experiencias de la vida de Yun que pueden animar mucho a los cristianosalrededor del mundo, mientras procuran seguir al Señor Jesús.El testimonio del hermano Yun refleja la fidelidad y la bondad de Dios en su vida.Su historia trata de cómo Dios tomó a un joven medio muerto de hambre de unaaldea pobre en la provincia de Henan, y lo usó para estremecer al mundo. En vez deenfocarse en los muchos milagros y experiencias de sufrimientos por los que hapasado, prefiere centrarse en el carácter y la belleza de Jesucristo. Desea que todo elmundo sepa lo que hace Jesús, no como una figura histórica y distante, sino como elDios todopoderoso, amoroso y omnipresente.Durante la investigación de este libro, entrevisté a docenas de cristianos en Chinaque fueron testigos presenciales contenidos en las páginas de este libro y que severificaron por completo. Intercalados a lo largo del libro aparecen brevescontribuciones de Deling (la esposa de Yun) y de algunos líderes de las Iglesias enCasas en China. Estas aportaciones le ayudarán al lector a tener una perspectivadiferente, y un cuadro más completo de algunos de los incidentes claves de la vidade Yun. Muchas de las reflexiones de Deling se hicieron mientras su esposo seencontraba en la prisión por amor del evangelio.Se ha dicho: “No son los grandes hombres lo que cambian el mundo, sino loshombres débiles en las manos de un gran Dios”. Los que conocen al hermano Yunpueden dar fe de que es un siervo humilde de Dios que no quiere que ninguna partede su vida le glorifique a él ni a ningún otro hombre.El hermano Yun desea que este relato de su vida lleve a los lectores a enfocar suatención y dar gloria al único y verdadero Hombre Celestial: El Señor Jesucristo.Paul Hattaway
 
 
EL HOMBRE CELESTIALLa notable historia verídica de un cristiano chino, el hermano Yun.CON P AUL HATTA WAY
PRÓLOGO 1Durante más de mil años el evangelio de nuestro Señor Jesucristo ha extendido suinfluencia por toda China, a través de muchos altibajos, victorias y pruebas.En 1949 comenzó la persecución del pueblo de Dios y desde entonces las iglesiashan sufrido toda clase de ataques. Para 1958 el gobierno había clausurado todos lostemplos visibles. La esposa de Mao, Jiang Qing, dijo a unos visitantes extranjeros:“El cristianismo en China ha quedado confinado a la sección de los museos. Estámuerto y enterrado”. En la década de 1970 una delegación cristiana de los EstadosUnidos que visitaba China informó: “En China no queda un solo cristiano”.Al comienzo del libro de Génesis leemos que la tierra
“estaba desordenada y va-cía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movíasobre la faz de las aguas”
(Génesis 1:2). Ese era también el estado de la iglesiachina durante ese tiempo. La iglesia en China, al menos en la superficie visible,estaba muerta. En esos días nadie se atrevía a proclamar: “Jesús es el Señor”. Laiglesia estaba devastada de arriba abajo y, a todos los efectos, había muerto.
“Y dijo Dios: ‘¡Que exista la luz!’ Y la luz llegó a existir. Dios consideró que laluz era buena y la separó de las tin ieblas”
(Génesis 1:3-4). ¡Por fortunaservimos a un Dios que sabe cómo resucitar a los muertos! Creo que Dios permitió aun gobierno ateo destruir la vieja estructura de la iglesia china a fin de reedificarlaconforme a su propósito. ¡Empezó con muy poco y lo ha transformado en mucho!El simple hecho de que la iglesia china se convirtiera hoy en una fuerza de decenasde millones no solo es una señal de la existencia de Dios, sino también de su podersin igual.En los años de 1970 la iglesia china, como un botón de rosa que ha estado cerradopor mucho tiempo, empezó a abrirse y a revelar de nuevo su belleza y vida almundo. En ese tiempo, un joven al sur de la provincia de Henan conoció al SeñorJesucristo y dedicó su vida a seguirlo como su Señor y Maestro. Dios tomó en susmanos su vida de una manera sobresaliente.A lo largo de casi treinta años de pruebas, el hermano Yun ha visto cómo se haderramado la gracia del Señor sobre su vida, rebosando como una bendición paramuchos. Es uno de los líderes escogidos de Dios para esta generación, un granluchador y obrero fiel. Muchas señales, prodigios y milagros le han seguido a suministerio, dando testimonio de que es un apóstol de la fe (2ª Corintios 12:12). Es unhombre de impecable integridad y carácter, un hombre noble, un buen esposo ypadre. El gozo del Señor es siempre la fortaleza del hermano Yun. Su contagiosasonrisa es capaz de iluminar toda una habitación.Después de leer el libro del hermano Yun quedé conmovido hasta lo más profundo.
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