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CÓMO ELEVAR EL NIVEL DE NUESTRA ALABANZA

CÓMO ELEVAR EL NIVEL DE NUESTRA ALABANZA

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"Bueno es alabarte, oh Jehová, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; Anunciar por la mañana tu misericordia, Y tu fidelidad cada noche". Salmo 92:1, 2.
"Bueno es alabarte, oh Jehová, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; Anunciar por la mañana tu misericordia, Y tu fidelidad cada noche". Salmo 92:1, 2.

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CÓMO ELEVAR EL NIVEL DE NUESTRA ALABANZAPor: Charles F. Stanley
"Bueno es alabarte, oh Jehová, Y cantar salmos a tunombre, oh Altísimo; Anunciar por la mañana tumisericordia, Y tu fidelidad cada noche".
Salmo 92:1,2.
 ¿Se considera usted una persona agradecida? Lamayoría de nosotros consideremos que sí,especialmente en el Día de Acción de Gracias,cuando hacemos un inventario de las bendicionesque hemos recibido. Pero escuche honestamente lasoraciones que hace. ¿No ha notado que las graciasque le da a Dios dan paso rápidamente a una lista depeticiones?El salmo 92:1 nos dice: "Bueno es alabarte, oh Jehová". Era una lección que Dios estuvotratando de enseñar a Sus hijos durante mucho tiempo, poco después de que los israelitasfueron liberados de la esclavitud en Egipto. El Señor dio mandamientos acerca de cómo debíanvivir. Entre éstos estaba un "sacrificio de acción de gracias" (Levítico 22:29).
El valor de dar gracias a Dios
 ¿Por qué le importaba tanto a Dios la gratitud de los hebreos? Durante 400 años, habían sidoesclavos en Egipto donde estuvieron rodeados por paganos y bajo la influencia de la falsareligión de ese país. Pero ahora, después de su liberación milagrosa tras cruzar el mar Rojo, derepente se vieron libres (Deuteronomio 6:20-23). El Señor estaba formando una nacióntotalmente nueva, y Él sabía que era vital que la gente entendiera esta verdad fundamental:que Él era el único Dios verdadero. Además, quería evitar que se mezclaran y cayeran en la idolatría, lo cual amenazaría no sólosu bienestar sino también el testimonio que debían dar al mundo. Así pues, el deseo de Dios era que la atención de la joven nación estuviera centrada en Él.Quería que hicieran ofrendas de acción de gracias dos veces al día. Al cumplir con estemandamiento, los sacerdotes se concentraban en Aquél que era su creador, libertador,proveedor y guiador. Los sacrificios que hacían eran también un recordatorio visible para lacomunidad de que toda su libertad, toda su vida y, por consiguiente, toda su devoción la debíanal milagroso obrador de portentos Jehová. Así como los israelitas debían recordar las bendiciones del Señor y darle gracias cada mañanay cada tarde, los creyentes deben hacer hoy lo mismo. No importa lo que esté pasando hoy ennuestras vidas, todos disfrutamos de bendiciones, y Dios merece nuestro agradecimiento. Élnos creó y cuida de nosotros, nos ayuda y nos muestra Su amor de innumerables maneras.Sobre todo, envió a Su Hijo para morir en nuestro lugar y para librarnos del poder del pecado.El saber que pasaremos toda la eternidad en Su presencia debe hacer, definitivamente,rebosar de gratitud nuestros corazones. A pesar de esto, darle las gracias a Dios no es consustancial a nuestra naturaleza, porquevivimos en una cultura desagradecida de muchas maneras y que da por sentado muchascosas. En una atmósfera así, que se considera con derechos, es fácil dejar que nuestrospensamientos se deslicen a lo que nosotros queremos en vez de dar gracias por lo que
 
tenemos. Esto puede ser cierto, incluso de nosotros los creyentes, que tenemos lasmaravillosas bendiciones del amor divino, de la vida eterna y del perdón de los pecados.Pero la ingratitud no es cónsona con el creyente. El no dar gracias al Señor es un asunto serio,porque en esencia estamos diciendo: "Ésta es mi vida, y puedo hacer lo que me dé la gana".Pero debemos estar conscientes de que cada aspecto de nuestro ser fue creación de Dios. Espor esto que tantos pasajes de la Biblia enfatizan la alabanza y la adoración; el Padre celestialquiere que Sus hijos le reconozcan como la fuente de todo lo que ellos tienen.Por consiguiente, dar gracias debe ser una parte vital de la vida de todo cristiano. Veamos,entonces, las maneras de dar más preeminencia a nuestra gratitud a Dios.En primer lugar, nuestra alabanza al Señor será mayor en la medida que crezcamos en nuestroconocimiento de Él. Pensemos en las personas que quizá se consideran cristianas, pero quenunca han tenido mucho conocimiento bíblico. Es posible que hayan aprendido un poquitoacerca de Dios, pero en realidad no le conocen. Entonces, la conclusión es que no tienenninguna idea de por qué deben alabarle; no saben nada de la esperanza y de la seguridad queÉl ofrece a través de Sus promesas ni del hecho de que es ciento por ciento fiel en elcumplimiento de Su palabra.Cuanto más conozcamos a Dios, más razones tendremos para alabarle. Al leer las Escriturastendremos a menudo una percepción tan estimulante, que habremos de detenernos para dar gracias al Señor por la revelación tan maravillosa de Sí mismo. Ya sea que se refiera a Susantidad, a Su gracia o a algún otro atributo divino, cada nueva verdad ensancha nuestracomprensión del Dios que tenemos. Al tener un entendimiento mayor de Su grandeza, ennuestras oraciones habrá, naturalmente, más alabanzas y menos peticiones.En segundo lugar, nuestra alabanza a Dios se verá realzada al meditar en Sus gloriosas obrasy al hablar de ellas, tanto al Señor como a los demás. Notemos la frecuencia con que David serefiere en los salmos a lo que Dios hizo en el pasado (Salmo 14:5-13; Salmo 146:6; Salmo33:6-9). Está exaltando a Dios por sus poderosas obras en la antigüedad. Nosotros debemoshacer lo mismo, y podemos basar nuestra alabanza en cualquier porción de la Biblia. Por ejemplo, en Génesis 1, podemos dar gracias a Dios por la creación. En la trágica historia de larebelión de Adán y Eva, en el capítulo 3, daremos alabanza a Dios por la gloriosa esperanzadel Salvador prometido. En el capítulo 6, aunque el pecado de la humanidad mereció elcatastrófico castigo, vemos que Dios preservó misericordiosamente a una familia en medio deldiluvio, y mantuvo intacta la línea del Salvador.No importa si lee el Antiguo o el Nuevo Testamento, las poderosas obras de Dios sonevidentes, y usted no podrá hacer otra cosa sino alabarle por lo que Él ha hecho. Tambiéncomprenderá el porqué Moisés dijo a los hijos de Israel que debían mantener viva la historia através de todas las generaciones (Éxodo 12:14; 13:8), pues de esa manera reconoceríansiempre la grandeza de la salvación hecha por Dios, y rebosarían de gozo y gratitud.En tercer lugar, nos volvemos más agradecidos cuando tomamos la decisión consciente depasar más tiempo alabando a Dios que haciéndole peticiones. Muchos creyentes no tienenninguna dificultad para hablarle a Dios y hacerle peticiones. Pero cuando se trata deescucharle, muchas veces les resulta difícil estar callados delante del Señor. Para corregir estafalta de equilibrio, le recomiendo que aparte un tiempo de oración para concentrarseexclusivamente en la alabanza a Dios. Al comienzo, se preguntará con qué cosas llenará sumente durante esos minutos. Pero mantenga su Biblia abierta, y puedo asegurarle que una vez

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