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“Estar dispuesto a dudar, cambiar de opinión y aceptar los errores parece ser una buena

estrategia para evitar el estrés, la depresión y la mala relación con los demás.” (Walter Riso).

Actualmente, las investigaciones realizadas por psicologos y sociologos a nivel mundial


muestran que la gente cuyo procesamiento de la información es cerrado y resistente al
cambio, no solo generan un trastornos psicológicos personales sino que afectan
significativamente a la sociedad en la que viven. El poder del pensamiento flexible radica en
dos puntos clave: mejorar la calidad de vida e incrementar la fuerza adaptativa.

Los individuos poseen tres tipos de mentes bien diferenciadas. Primero las personas dueñas
de la verdad y cuyas creencias, principios y valores son inalterables cuentan con una mente
rígida. Segundo, los individuos sin ideología y que no gustan de profundizar en las ideas. “Es
una mente cómoda que se adapta al recipiente que la contiene. No deja huella”. Y tercero las
personas de mente flexible que tienen principios, pero suele revisarlos y dudar de ellos,
dependiendo de la evidencia que tenga enfrente, la mente flexible está abierta al cambio y a
las nuevas experiencias, son capaces de escuchar otras opiniones con respeto y sin
prejuicios.

Las personas que tienen pensamientos flexibles crean enfoques mentales desde diferentes
perspectivas, todo lo contrario del pensamiento rígido o dogmático. Entonces una persona
flexible podrá encontrar formas creativas de solucionar los problemas; en cambio, una
persona rígida intentará resolver sus dificultades siempre de la misma manera, aunque no
obtenga los resultados que desea. Incluso difícilmente da su “brazo a torcer”, a tal punto que
prefiere perder lo poco que ha obtenido porque no sabe ceder. En cambio, un pensamiento
flexible permite a las personas tener facilidad para relacionarse en los diferentes ambientes,
permite estar en capacidad de interactuar y de aceptar a los demás tal y como son.
El estilo de cada persona se va formando a lo largo de su vida, desde sus tempranas
experiencias. Sus modelos a seguir serán principalmente los familiares. Una persona criada
por un padre rígido tendrá más probabilidad de generar rigidez, o su contrario, permisividad,
o incluso con conductas caóticas, pues se rebela y desobedece a los esquemas que lo
obligan a seguir.
La mente flexible fortalece el yo, por eso la mejor estrategia que los padres pueden usar para
criar a sus hijos es proporcionarles el apoyo afectivo y emocional que necesiten para crecer y
desarrollarse, dándoles un buen clima en el que se sientan totalmente queridos. Al igual que
una planta necesita sol y lluvia, el niño necesita cariño y protección, pero también requiere
que se respeten sus gustos, creatividad, sus actitudes constructivas, talentos y vocación. Los
hijos no son propiedad de nadie y hay que alentarlos a que desarrollen su individualidad, el
respeto y consideración por los demás.
El objetivo principal de toda persona debria ser lograr la plena felicidad, tomando como
camino a seguir el que tenga menos obstáculos y le brinde completa comodidad. Para lograr
esto se necesita estar preparados para cualquier tipo de adaptacion que sea necesaria y no
temerle al cambio. Las personas de mente flexible tienen la habilidad de buscar o crear
caminos correctos para el desarrollo de sus planes y si por algún motivo el camino no les
brinda lo que ellos necesitan están completamente dispuestos a dudar de ese principio,
escuchar consejos y mejorarlo o cambiarlo por uno mejor, para lograr asi llegar a la meta
anhelada.
En conclusión, el pensamiento flexible es un factor de protección contra las enfermedades
psicológicas, genera mayor bienestar y mejores relaciones interpersonales, y nos acerca a
una vida más tranquila y feliz. Si decidimos ser flexibles, nos quitaremos un enorme peso de
encima al ver que nada está predeterminado y que, por lo tanto, tenemos que decidir por
nosotros mismos basándonos en nuestros instintos y conocimientos en lugar de seguir un
esquema planteado por una sociedad rígida e inflexible que no es capaz de ser imparcial y
mantiene a las personas presas en sus reglas.

Para poder cambiar el hecho de tener una mente rígida a una mente flexible es necesario
que estemos más conscientes de nuestras actitudes, comportamientos, nuestro entorno, las
formas de apreciar, analizar y valorar todo lo que nos rodea y cómo reaccionamos ante
diferentes situaciones que afrontamos diariamente. Si tomamos esto como un ejercicio diario,
nuestra mente poco a poco irá dejando los prejuicios, las tradiciones y sobretodo el
dogmatismo; dándonos definitivamente un mejor estilo de vida y ayudándonos a conseguir
las metas a las que queremos llegar.

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