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Mesa Redonda_Los retos de la convivencia_La mirada de los profesionales_V Encuentro Nacional de Orientación_2010

Mesa Redonda_Los retos de la convivencia_La mirada de los profesionales_V Encuentro Nacional de Orientación_2010

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10/24/2012

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Mesa Redonda: RETOS PARA LA CONVIVENCIA. LA MIRADA DE LOSPROFESIONALES.
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El modelo de escuela comprensiva en el que actualmente nos hallamos esdeterminante en el modo en que se educa a los jóvenes y en la manera en que unprofesor puede trabajar con ellos. Atrás quedaron los tiempos en que en secundariapodía dedicarse el tiempo en exclusiva a impartir los contenidos de las diferentesmaterias sin tener que tener en cuenta otras consideraciones como el origen social desus alumnos, sus dificultades académicas y menos aún su comportamiento. Estábamosen una escuela exclusiva a la que los jóvenes tenían derecho de asistencia pero noobligación de hacerlo. Desde la perspectiva actual es fácil entender por qué la escuelafuncionaba entonces de otra manera, ya que un sector significativo del alumnado al quese atiende ahora no asistiría al centro escolar si dependiese de su elección. De no ser porla obligatoriedad, una parte del alumnado con dificultades de aprendizaje y muchos delos que se hallan en situación de desventaja sociocultural abandonaría debido a que enmuchos casos carecen de posibilidades reales de superar los requerimientos académicosnecesarios para obtener un título. El logro de la escuela comprensiva es haberconseguido que este alumnado tenga la oportunidad –incluso por encima de sus familiasy de ellos mismos-, de acudir a los centros docentes pero este hecho altera radicalmentela naturaleza de los centros. De la educación entendida como un privilegio pasamos a laenseñanza considerada como una obligación que, como decíamos, ni siquiera esasumida por el sector del alumnado y sus familias –que son teóricamente los másfavorecidos por esta medida-, que ven que ésta conlleva unas exigencias a las que noson capaces de hacer frente.Desde dentro, es decir, desde la posición del profesorado, el cambio, aunquegradual, ha sido dramático en pocos años. Se ha pasado desde la resistencia al mismoque se produjo al comienzo de la implantación de la obligatoriedad hasta los dieciséisaños, a la incredulidad, la resignación y la frustración de los últimos tiempos. Mientraslos centros en los que se impartía la educación secundaria y el bachillerato eranconsiderados por los alumnos y por sus profesores como lugares de prestigio dedicadosa proporcionar una formación imprescindible para el transito a los estudios superiores oal mundo del trabajo, en la actualidad se ha perdido este sentido. Es cierto que un grupode alumnado sigue entendiéndolo de este modo, pero para otros muchos la asistencia alcentro escolar no es más que una imposición sin sentido a la altura de lo que antes podía
 
 significar para muchos el cumplimiento del servicio militar, con los mismossentimientos asociados de absurdidez e inutilidad pero en este caso sin el control quepodría suponer un reglamento disciplinario que impida que este descontento se vuelvaen contra del propio sistema. Es posible que esta comparación tenga más sentido del quepueda parecer a simple vista. Tenemos numerosos alumnos para los que laobligatoriedad comienza a ser una carga difícil de llevar desde niveles tempranos y paralos que el paso del tiempo dentro del sistema no es más que un aprendizaje de laimpunidad con la que es posible actuar dentro de él. No existe en este caso el aliento oel respaldo de unos padres o la perspectiva de algún objetivo o alguna recompensa queles haga asumir el fastidio que supone asistir a clases día tras día durante un númerointerminable de horas.
 La obligación escolar es una violencia legal, que se traduce todos los días enobligaciones físicas y mentales muy grandes: la escuela obliga a los niños, cuatro ocinco días por semana a levantarse a las siete de la mañana y venir a clase. Acontinuación la escuela les impone quedarse sentados durante horas, callarse, nocomer, no moverse de un lado a otro, no desplazarse sin autorización, no soñar, estar atentos y ser productivos. Les obliga a mostrar su trabajo a presentarse a miles deexámenes, aceptar las opiniones sobre su inteligencia, su cultura y su comportamiento. La escuela no sólo es el lugar donde estalla la violencia de una parte de los jóvenes,ésta participa en su génesis, ejerciendo sobre ellos una presión formidable” Perrenoud. p 125.
Para muchos el único aliciente es el de compartir el tiempo con otroscompañeros que se encuentran en la misma situación.Por su parte el profesorado de secundaria sigue en la perpetua nostalgia de lostiempos de la escuela excluyente, tiempos en los que el alumnado se autoseleccionabadebido a su procedencia social o a sus dificultades de aprendizaje y en los que los malosresultados sólo cabía atribuirlos a que el alumno era un vago y no a su procedenciasocial o a sus dificultades académicas. Seguimos añorando la escuela mítica, que ya
 
 hemos descrito anteriormente, en la que los estudiantes mostraban un agradable nivel deurbanidad y respeto hacia la autoridad del profesor, interés por las asignaturas y grandesperspectivas de futuro, cuando ésta literalmente ha dejado de existir. No parecemos sercapaces de asumir de una manera definitiva que los tiempos en que el profesorado selimitaba a impartir de manera magistral su asignatura, los tiempos en que la autoridad leera atorgada desde los mismos hogares de los alumnos, han pasado dejando lugar a unpanorama muy distinto y que requiere por su parte unas actitudes y una disposicióntambién completamente diferentes.En cualquier caso el profesorado de secundaria se encuentra cotidianamente anteuna escuela en la que el principal problema con el que hay que tratar no es lapreparación de los contenidos que se impartirán en la próxima clase, sino la actitud demuchos alumnos que se rebelan contra las normas escolares adoptandocomportamientos indisciplinados, irrespetuosos o rebeldes que son incompatibles con lapráctica docente clásica, es decir el de las clases magistrales en las que debían obedecery atender en silencio las explicaciones del profesor, modelo este que, aunque aparececircunstancialmente, ha dejado de ser generalizado. Lo normal es que un profesortrabaje con grupos que en el mejor de los casos pueden ser bulliciosos y en el peoringobernables, pasando por disruptivos o provocadores, siendo éste su primer problemaa la hora de tratar con ellos. Por supuesto que todo grupo, por difícil que éste sea,siempre cuenta con un número mayor o menor de alumnos adaptados (siempre quehablemos de alumnos adaptados nos referimos a los que se atienen a las normas delsistema escolar), jóvenes que siguen con interés las explicaciones del profesor, quemuestran respeto y deseo de mejorar. El problema es que generalmente los alumnos noadaptados, aunque sean minoritarios, marcan el estilo de comportamiento del grupo, seaporque se hacen protagonistas de él sea porque lo contagian al resto de sus compañeros.Otra de las situaciones cotidianas a las que tiene que enfrentarse el profesoradoes el de los bajos niveles académicos. Mientras que en otros tiempos era posible seguir arajatabla una programación o exigir deberes para casa, ahora nos encontramos conenormes dificultades para llegar hasta el final de las mismas y todo ello a un nivel quedebe ser progresivamente rebajado para poder así adaptarlo al de la mayoría dealumnos. Es fácil apreciar que no sólo el nivel ha descendido de manera general sinoque la capacidad de trabajo y de esfuerzo también son escasas. En muchos casos nosencontramos ante jóvenes que no trabajan en casa ya que sus familias no se lo exigen, seven impotentes para obligarlos a estudiar o simplemente para ayudarles a superar lasdificultades que el estudio plantea. Más allá de esto muchos profesores constatan que elproblema llega hasta el punto de que una parte del alumnado no sólo presenta un bajonivel y poca capacidad de trabajo, sino que renuncia abiertamente a realizar tarea algunaya que carece de estímulo o motivación para ello. ¿Qué queda entonces de la enseñanzatradicional tan añorada por el profesorado?La escuela, su esencia, el modo en que en ella se trabajaba, la actitud de los que

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