La verdad verdadera, que asume todos los riesgos, incluso el de la negación de todaverdad y el de la idea misma de verdad, es prerrogativa del inactivo, de quien se colocadeliberadamente fuera del círculo de los actos y sólo se interesa por la apropiación(brusca o metódica, da lo mismo) de la insustancialidad; apropiación que no vaacompañada de ningún sentimiento de frustración, pues la apertura a la no-realidadsupone un misterioso enriquecimiento. Para él la historia será un mal sueño al quedeberá resignarse, dado que nadie está en condiciones de elegir sus propias pesadillas.Para aprehender la esencia del proceso histórico, o más bien su
falta
de esencia, espreciso rendirse a la evidencia de que todas las verdades que acarrea son verdadeserróneas, porque atribuyen una naturaleza propia a lo que carece de ella, una sustancia aaquello que no puede poseerla. La teoría de la doble verdad permite discernir el lugar queocupa, en la escala de las irrealidades, la historia: paraíso de sonámbulos, obnubilaciónen marcha. En el fondo, no carece por completo de esencia, puesto que es
esencia deengaño
, clave de cuanto ciega, de cuanto ayuda a vivir en el tiempo.*
Sarvakarmafalatyaga
... Hace años, escribí esta palabra fascinante en grandes caracteressobre una hoja de papel y la coloqué en la pared de mi habitación a fin de podercontemplarla todo el día. Estuvo allí varios meses; acabé quitándola al advertir que cadavez me apegaba más a su magia y menos a su contenido. Sin embargo, lo que significa,
desapego del fruto del acto
, es de tal trascendencia, que quien se impregnara de ello yano tendría nada que realizar en la vida, pues habría alcanzado lo único que importa, laverdad verdadera, anuladora de todas las demás y vacía también pero de un vacíoconsciente de sí mismo. Imagínese una toma de conciencia suplementaria, un paso máshacia el
despertar
: quien lo efectuara no sería más que un fantasma.Cuando se ha palpado esta verdad límite se comienza a hacer un triste papel en lahistoria, la cual se confunde entonces con el conjunto de las verdades erróneas, verdadesdinámicas cuyo inevitable principio es la ilusión. Aquellos que han despertado, losdesengañados, fatalmente débiles, no pueden ser centro de ningún acontecimiento, pueshan vislumbrado la inanidad. La interferencia de ambas verdades es fértil para eldespertar, pero nefasta para el acto. Señala el comienzo de un resquebrajamiento, tantoen el individuo, como en una civilización o incluso en una raza.Antes del despertar se atraviesan horas de euforia, de irresponsabilidad, de embriaguez;pero al abuso de la ilusión sucede la saciedad. Quien ha despertado se halla despegadode todo, es el ex-fanático por antonomasia, alguien que no puede continuar soportando elpeso de las quimeras, ya sean éstas tentadoras o grotescas. Tan lejos se encuentra deellas que no entiende por qué especie de extravío llegaron a deslumbrarle. Gracias a ellashabía podido brillar y afirmarse; ahora, tanto su pasado como su porvenir le parecenapenas imaginables. Ha dilapidado su sustancia, a semejanza de esos pueblos sometidosal demonio de la movilidad que evolucionan con demasiada rapidez y a fuerza de demolerídolos acaban por quedarse sin ninguno de reserva. Charron observó que hubo enFlorencia más efervescencia y desórdenes en diez años que entre los grisones enquinientos, de lo cual concluyó que una comunidad sólo puede subsistir si
adormece
suintelecto.Las sociedades arcaicas duraron tanto tiempo porque ignoraban el ansia de innovar, depostrarse continuamente ante nuevos simulacros. Cuando éstos cambian con cadageneración, no puede esperarse una gran longevidad histórica. La antigua Grecia y laEuropa moderna son tipos de civilización heridos de muerte precoz por su avidez demetamorfosis y su excesivo consumo de dioses y sucedáneos de dioses. China y Egiptogozaron durante milenios de una magnífica esclerosis, igual que las sociedades africanas,ahora también amenazadas por haber adoptado otro ritmo tras su contacto conOccidente. Habiendo perdido el monopolio del anquilosamiento, se agitan cada vez más,