el arenal | 2opiniónmayo 2010
No podemos olvidar que a Falange se le ha dadoamparo en el Tribunal Supremo para erigirse enacusador del magistrado Garzón con el inaceptableargumento de “haber atentado contra el honor deFranco”. Es grave que un grupo con esa ideología tengapágina web y siga perpetuando homenajes en el Valle delos Caídos –junto a determinados elementosreaccionarios de la Iglesia-, pero es más grave que elpropio presidente del Tribunal Supremo, el señor Dívar,lo considere “libre de toda sospecha”. Y también esgravísimo que el magistrado Varela y demáscompañeros de procedimiento aceptan entusiasmados lapersonación de tan cualificados herederos del horrorpara proceder a una chapuza judicial que a punto hanestado de resolverse coincidiendo con laconmemoración del 79 aniversario de la proclamación dela II República, algo que, con toda seguridad, hubierancelebrado como nuevo Día de la Victoria.Asuntos como el de Garzón pone en evidencia, una vezmás, que nuestro país sufrió una transición incompleta.Quienes debieron estar sentados en el juicio deNuremberg, como lo estuvieron los generales de Hitler,se fueron de rositas gracias a la Ley de Amnistía. Y hoy,esos mismos, o sus herederos, son los responsables delGolpe de Estado Judicial, el único que se puedeperpetrar dentro de un Estado Social y Democrático deDerecho, tal y como recoge nuestra Constitución. Antesse fusilaba y enterraba en las cunetas; ahora se fusila yentierra en los tribunales. Algo hemos avanzado.
Pegatinas de Falange
Manolo Lay, coordinador local
(viene de la portada)
hombres leales a la República Española como una razaa exterminar, los llamados rojos. ¿Existe alguna duda,por tanto, para que llamemos a esa limpieza como ungenocidio asimilado?Hoy esos comportamientos se denominarían sin lugar adudas como un régimen de terrorismo de Estado;nuestro propio ordenamiento jurídico condena sinpaliativos la “exaltación del terrorismo”. En este sentidose está siendo demasiado permisivo con actos yexpresiones que entran de lleno en el delito de apologíadel terrorismo. Cuando Mayor Oreja calificó la etapafranquista como “un período de extraordinaria placidez”estaba justificando casi cuarenta años de terrorismoinstitucional, es decir, estaba cometiendo un delito deexaltación tipificado hoy en la Ley de Partidos que élmismo promovió y apoyó. Si hacemos analogías conotros periodos negros de la Historia contemporánea, escomo si un ministro de Angela Merkel dijesepúblicamente del nazismo lo mismo que el ex ministro deAznar, con el agravante de que allí están prohibidos lospartidos que hacen apología del régimen hitleriano.Falange Española no sólo tiene el presente de aparecerde vez en cuando en pegatinas que vemos por lascalles. Como escribió recientemente Francisco Gonzálezde Tena, “fue una herramienta fundamental en elexterminio sistemático y planificado de cientos de milesde inocentes ciudadanos españoles, y sus botas,correajes y símbolos son un referente básico del régimende terror al que hemos aludido”. Según el citado autor,en el enjuiciamiento a Garzón “Estamos ante undesprecio sistemático de los argumentos legales delMinisterio Público, algo que es esencial en cualquierprocedimiento. La voz autorizada de la Fiscalía ha sidoignorada de forma contumaz por la Sala, cuando exigíael archivo de la causa. No se han admitido las pruebaspara la defensa del ahora acusado. No se han admitidolos testigos cualificados propuestos por la defensa, quedemostraría la extemporaneidad de una Ley de Amnistía(invocada reiteradamente como referente último por tanpeculiares acusadores) cuya nulidad ha sido reclamadahasta la saciedad por todas las instanciasinternacionales con responsabilidad legal en la defensade los Derechos Humanos, como el Relator de NacionesUnidas. No se le ha dado la relevancia debida a lacontaminación ideológica y de animadversión personalde algunos de los integrantes del Tribunal. Y, comoresumen de estos graves defectos formales –queinvalidarían cualquier otro procedimiento, pero no por lovisto este– no se considera que todo este cúmulo deevidentes irregularidades colocan al magistrado acusadoinjustamente en una situación de clara indefensión”.
Pegatina de Falange en un escaparate de la Plaza de la Constitución
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