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histórico y cultural, el inmueble sito en Av. Rivadavia 1801/07/15/1819/1823 esquina Av. Callao 10/20/28/30/32 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, identificado bajo la nomenclatura catastral Circunscripción 11, Sección 9, Manzana 74, Parcela 23.
por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y un (1) miembro elegido por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, que deberán ser personas de reconocida trayectoria en la gestión cultural. El plazo de duración de sus cargos será de cuatro años con la posibilidad de ser reelegidos.
Elaborarán su Reglamento Interno, que deberá contar con la aprobación de la Comisión de Cultura de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, el cual establecerá en forma detallada sus funciones, atribuciones, derechos y deberes respecto del cumplimiento de los fines objeto de la presente ley.-
Contarán con un presupuesto integrado con los recursos afectados en el presupuesto de
la Ciudad para su funcionamiento y con los ingresos que genere la explotación comercial
de la Confitería Del Molino, al solo efecto del mantenimiento del inmueble y realización
de actividades culturales y de extensión legislativa.-
concesionados para su uso exclusivo como Confitería y Restaurant, pudiendo hacerse expresa reserva de áreas para el desarrollo de actividades artísticas. Se deberán conservar las características estilísticas, los bienes muebles e inmuebles y demás elementos ornamentales y decorativos originales existentes en el interior del inmueble.
Han sido presentados varios proyectos para la expropiación de la tradicional “Confitería del Molino”, tanto por Diputados de la Ciudad de Buenos Aires como por Legisladores Nacionales. Todos ellos han intentado rescatar del deterioro extremo a este monumento de nuestra Ciudad, con un volumen construido cercano a los 6000 m2, que presenta un valor fundamental en la arquitectura y cultura porteña.
La historia de este inmueble justifica la expropiación que en este proyecto se solicita. Con motivo de la construcción de la Plaza Congreso, la Confitería del Molino se trasladó el 28 de febrero de 1905 de la esquina de las Rivadavia y Rodríguez Peña a su actual ubicación, en la esquina de las avenidas Rivadavia y Callao. Su entonces dueño, encargó el proyecto y construcción de todo el edificio al arquitecto italiano Francisco Tereso Gianotti. Su construcción reunió un estilo ecléctico y moderno, con una gran diversidad de materiales, muchos de ellos traídos de Italia.
Según explica el propio Gianotti en sus memorias y se destaca en los proyectos presentados, su intención fue lograr una imagen que no pasara desapercibida para el público, apelando a soluciones inéditas como la marquesina y los artefactos de
El Molino se fue convirtiendo en un foro para el debate, la conversación y las citas amorosas. Por allí pasaron figuras notables de la política y de la cultura de nuestro país y del extranjero. Sin embargo y por desgracia, la confitería cerró sus puertas por vacaciones el 24 de enero de 1997 y no volvió a abrirlas.
La confitería, con su torre aguja en ochava, es parte del Área de Protección Histórica Nº1 San Telmo – Av. De Mayo, estando catalogado con Nivel de Protección Estructural. Luego fue declarada Monumento Histórico Nacional por Decreto 1110/97. Pero ello no impidió el deterioro constante por su abandono y la situación del inmueble es, en la actualidad, extremadamente vulnerable.
En el proyecto presentado no solo se contempla la expropiación del inmueble, sino que se avanza en la afectación del bien para utilizarse como Centro Cultural, y Museo que, en forma original, proponemos que sea administrado en forma colegiada entre miembros designados por esta Legislatura y el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. “El Molino” encierra además de un gran valor cultural un noble valor histórico político, que permite justificar la novedosa forma de administración que se propone y la denominación que pretendemos asignarle.
Párrafo aparte es el nombre propuesto. No es necesario mencionar aquí los méritos del Dr. Raúl Alfonsín, porque excederían los límites de estos fundamentos y además, son de público conocimiento. Lo que señalamos es que este reconocimiento es propio de sus virtudes, ya que se identifican con los principios de la libertad, la tolerancia, el respeto, la vida democrática y la producción cultural. Este año se va a cumplir el primer aniversario de la muerte del Dr. Raúl Alfonsín y este es un justo homenaje para un Presidente que supo ganarse el respeto de todos los sectores políticos y la sociedad entera.
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