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Algunas realidades sobre el serhumano.
3ºESO B
Álvaro Alfayate HernándezEl Pastor
 
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Sábado, 23 de enero de 2010:Los tenues rayos del majestuoso astro, iluminaron débilmente lareducida estancia en la que se encontraban los asustados prisionerosescuchando con gran atención el toque de campana que indicaría elcomienzo de una agotadora jornada de crueles trabajos.Los fatigados jóvenes, tras una noche cargada de terroríficas pesadillas,gritos procedentes del sótano y recuerdos lejanos de sus añoradas familias,avanzaban lentamente a lo largo del extenso corredor que los arrastraríainocentemente hacia un paulatino exterminio. En el cálido exterior, lacegadora luz resaltaba los demacrados cuerpos de los prisioneros que,equipados con pesadas palas así como oxidados picos, golpeabanincesantemente las enormes rocas graníticas. Los expertos militaresobservaban con gran detenimiento el trabajo de los prisioneros, procurandoevitar cualquier signo de una posible sublevación por parte de los mismos.Harald posó su mirada triste en la lejanía del horizonte, angustiado antela tardanza de la puesta del ardiente astro. En ese instante, un estridentesonido que se prolongó durante unos efímeros instantes, anunciaba el fin deotra ardua jornada de trabajo. Su pelo, en un pasado brillante como lassuaves plumas de un cisne, mostraba un irreconocible color negruzco cualcarbón; sus manos, creadoras de maravillosas obras de arte, se habíanconvertido durante su prolongada estancia en esta maldita cantera, en portadoras de ensangrentadas heridas y profundos cortes. Pausadamente, junto con sus tres fieles compañeros de prisión, encaminó sus pesados pasos al ya conocido recinto, donde otra nueva ola de recuerdos y pesadillas infinitas, invadirían su fatigada mente.Se posó con gran parsimonia en el desgastado colchón y observódetenidamente a cada uno de sus compañeros de celda. Junto al empañadocristal de la ventana se encontraba Carl, portador de una mente prodigiosaque, en un pasado no muy lejano, había sido empleada con el objetivo deconstruir innovadores artefactos militares y delicado armamento nuclear,que habría sido utilizado sin ningún remordimiento contra los peligrososejércitos estelares, sin embargo ³El Proyecto Alfa´ (detonante del largoencierro de los cuatro jóvenes) había sido rechazado por las fuerzasmilitares estadounidenses. En el extremo más sombrío de la diminuta
 
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estancia, se encontraba envuelto en una desgastada manta de lana, el pequeño Tim, cuyos verdosos ojos miraban a un infinito permanente, loscálidos rayos procedentes del Sol, los habían dañado sin compasión desdeel primer día que emergió en este mundo, reduciendo en suma medida sudeteriorada visión; sin embargo, su extraordinaria capacidad de crear elementos inverosímiles, con la única ayuda de sus habilidosas manos yuna pequeña descripción producto de la imaginación de cualquier persona, por ello fue obligado a ingresar en el olvidado ³Proyecto Alfa´. Sobre elhúmedo suelo, con las largas piernas entrecruzadas y con una mirada perdida en las mohosas paredes de la habitación, estaba John, el cual conun semblante siempre pensativo y meditabundo, parecía encontrarse en elinterior de su propio ser, absorto en sus pensamientos.Un punzante sonido, procedente de un oxidado altavoz, indicaba elansiado momento de descansar el magullado cuerpo, tras una larga ymonótona jornada. Harald ya tumbado, extendió sus apretados huesos y susmúsculos curtidos de tantas privaciones para permitir que dolorosos pensamientos invadieran su mente.Domingo, 21 de marzo de 2010:Una débil sacudida despertó de sus agitadas ensoñaciones a los cuatro jóvenes, haciendo que con gran agilidad, salieran al sombrío corredor,encaminando sus pasos hacia la lejana salida. De nuevo, otra fortísimasacudida hizo perder el equilibrio a los intrépidos prisioneros que pugnaban por escapar de aquella terrible trampa mortal, que con una inquietantelentitud, arrojaba imponentes vigas de madera procedentes de lainfraestructura del edificio, que con cada nuevo estallido, esta seabalanzaba sobre los jóvenes como fiera ante una suculenta presa.Harald, con sus ensangrentadas manos a causa del impacto de pequeñasastillas, intentaba que su inquieto corazón no escapara de su pecho. Allevantar su mirada, observó numerosas granadas cayendo como finas gotasde lluvia en una hermosa mañana de abril, logrando que odiosos soldados, protectores eternos y crueles vigilantes de la cantera, huyeran de aquel mar rojizo portador de innumerables cadáveres, tanto de prisioneros como demilitares. Carl agarró al asustado Tim de la manga de su roída camisa,

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