JUAN GERVAS–
MALICIA SANITARIA Y PREVENCIÓN CUATERNARIA
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Gac Med Bilbao. 2007; 104: 93-96[8]
rente, en que no hay mentira evidente, pues se trata, másbien, de propuestas problemáticas que reducen la incerti-dumbre con actividades sorprendentemente simples ysuperficialmente bien fundadas, en el límite o forzando lageneralización. Por ello, son actividades y propuestas“sospechosas”, que parecen maliciosas.
Algunos ejemplos
Podría hablarse de malicia sanitaria respecto el típico“chequeo” indiscriminado del individuo sano (niño, ado-lescente, escolar, mujer, obrero, adulto, anciano) (14,15)que tanto se promociona y tantos intereses mueve, lomismo por los profesionales que por la Consejería deSanidad de Andalucía (chequeo gratis y anual a los mayo-res de 65 años, que se suma a las “revisiones de los niñossanos”), y que se convierten en “santo y seña” y esenciade la atención primaria. Estos servicios consumen recur-sos, dinero y tiempo (que se desvían de otros usos másracionales), no añaden salud, tienen efectos perjudiciales(falsos positivos y falsos negativos, con las consiguientescascadas diagnósticas y terapéuticas) y sólo benefician alos que toman la iniciativa, los promocionan, los realizan ylos mantienen, no a los pacientes.Otro ejemplo, de dudosa ética, la epidemia iatrogénica demiedo (casi terror) provocada por la OMS en la tempo-rada 2005-2006 sobre la gripe aviar (16). En forma simi-lar, sería maliciosa la construcción de nuevos hospitales enla Comunidad de Madrid (una verdadera “siembra”) si nose establecieran mecanismos para cerrarlos en caso deque se demuestre un impacto negativo en la salud de laspoblaciones atendidas. Otro sí, la promoción y difusión delas consultas y hospitales de “alta resolución” (CHAR), enAndalucía, Castilla La Mancha y Cataluña, sin que se hayademostrado su beneficio en salud (cabe deducir de lopoco publicado que es “excesiva”, más que “alta” resolu-ción) (17,18).En otro ejemplo más específico: podría considerarse mali-cia sanitaria al conjunto de actividades de moda en tornoa la prevención del cáncer de mama mediante la mamo-grafía de cribado, pues la información necesaria paradecidir la participación voluntaria se presenta en formaengañosa a la mujer (19). Así, esta puede generar dañosmal llamados “inesperados”, como falsos positivos y fal-sos negativos, y sus consecuentes problemas que, en con- junto, ni ayudan al individuo, ni aportan un beneficiosocial cierto.Malicia sanitaria podría ser, también, la promoción de laautoexploración mamaria, que sabemos no tiene ningúnbeneficio. ¿Cómo llamaríamos a la citología de cuello deútero, que se promociona como cribaje en España, pese asu carencia de fundamento científico en nuestro entornoy a su nulo impacto en la mortalidad por dicha causa? Elcribaje se aplica a las mujeres que no lo necesitan (jóve-nes, cultas, ricas, y urbanas), y es inaccesible para lasmujeres que lo precisan, lo que conlleva que cuatro decada cinco mujeres muertas por cáncer de cuello de úteroen España no se hubieran hecho citología, pese a que eneste país cada año se hacen diez millones de papanico-laus (20-22). ¿Y la promoción del cribaje del cáncer depróstata mediante el uso de la determinación del PSA,que además de carecer de base científica inicia innecesa-rias cascadas múltiples que conllevan muertes, impoten-cias, septicemias, e incontinencias? (23,24). ¿Y la cita yre-cita de cientos de pacientes anticoagulados en los ser-vicios hospitalarios de hematología, o en las consultas deatención primaria, para el control rutinario de su INR,sabiendo que el autocontrol (por el propio paciente y sufamilia) disminuye la mortalidad y la morbilidad compa-rado con el control profesional? (25). ¿Cómo llamar a latransformación de la menopausia y el climaterio en enfer-medad y al tratamiento hormonal consiguiente? (6-8). ¿Yal uso innecesario de antibióticos en enfermedades respi-ratorias altas probablemente víricas? ¿Y al empleo sinsentido y sin prudencia de cerivastatina, los coxibs, losinhibidores de la recaptación de la serotonina, los nuevosneurolépticos y otros medicamentos? ¿Cómo calificar lafalta de uso de aspirina en el infarto agudo, y de beta-bloqueantes en la isquemia de miocardio y en la insufi-ciencia cardiaca? ¿Cómo denominar la muerte de termi-nales en ambulancias y urgencias hospitalarias? ¿Cómodenominar esa fiebre de implantación normativa de pro-tocolos y guías clínicas? ¡Qué decir, así mismo, de todasesas “epidemias ruidosas” llevadas a su paroxismo por laincontinente actividad de todos los interesados (profesio-nales e industriales), como la osteoporosis, los factores deriesgo cardiovascular, el síndrome del túnel carpiano, laeyaculación precoz, la apnea del sueño, el síndrome hipe-ractivo, los melanomas, la fibromialgia, el síndrome depiernas inquietas, la disfunción erectil, la hipertensión, elsíndrome metabólico, el ataque de pánico, el cáncer depróstata, la escoliosis, la bronquiolitis, la escoliosis, elcolon irritable, la depresión, y demás enfermedades ima-ginarias (algunas por su definición, y otras por la amplia-ción abusiva de su definición y de su diagnóstico) (26).Ejemplo extremo de esa incontinente actividad es la pro-moción de densitómetros (regalados, de facto) en ayunta-mientos y farmacias, obsequiados en el contexto de una“campaña de género”, que conlleva (falsos) diagnósticosde osteoporosis y la consiguiente solicitud del tratamientoal médico general (¡a veces por el nombre de fantasía delmedicamento correspondiente!). ¿No son casos de trans-formación de los pacientes en “el combustible” del sis-tema sanitario, como ha dicho algún sociólogo? ¿No sonejemplos de una atención centrada en los profesionales,la tecnología, los medicamentos y el sistema sanitario?¿Cabe pensar y hablar de malicia sanitaria sensu stricto, osirve de excusa la ubicua ignorancia?
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