Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Look up keyword
Like this
18Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
La metamorfosis de la arquitectura contemporánea. Pensamiento y acción: ¿hacia una nueva muerte de la arquitectura?

La metamorfosis de la arquitectura contemporánea. Pensamiento y acción: ¿hacia una nueva muerte de la arquitectura?

Ratings: (0)|Views: 1,374|Likes:
Published by Creactivistas
González Capitel, Antón (2005) La metamorfosis de la arquitectura contemporánea. Pensamiento y acción: ¿hacia una nueva muerte de la arquitectura? Arquitectura (Madrid. 1959) (339). pp. 62-71. ISSN 0004-2706
González Capitel, Antón (2005) La metamorfosis de la arquitectura contemporánea. Pensamiento y acción: ¿hacia una nueva muerte de la arquitectura? Arquitectura (Madrid. 1959) (339). pp. 62-71. ISSN 0004-2706

More info:

Categories:Topics, Art & Design
Published by: Creactivistas on May 15, 2010
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

05/12/2014

pdf

text

original

 
O
la metamorfosis de laarquitectura contemporánea
:ion:
lacia unanuerte" de la arquitectura?
ANTÓN CAPITEL
THEMETAMORPHOSISOFT; AC1I0N ¡NTHECONTEMPORARY PANORAItecture'snewdiMost of the contemporary radical or neo-vanguardist architectures,seem to be intent on the achievement of a new rupture, leavingaside any desire for continuity with modern tradition despite its
múl
tiple and very contradictory consequences. This rupture would per-haps be capable of emulating another, started almost a century agoby the so-called historical vanguards to get rid of academicism andeclecticism.Although the conditions now are not, of course, the same as theywere
then.
At the beginning of the twentieth century, the vanguardswanted to demolish what was already an oíd and decadent struc-ture,which, on one hand, descended from the Renaissance tradition,and on the other hand had, due to romanticism, accumulated intothe classical legacy anything that was a historical contribution. Thefoundations of the oíd academic and eclectic structure were, at thispoint, already mud, but it was still destined to suffer a prolongedagony.Nowadays, however, the oíd tradition having definitively disap-peared, the neo-vanguards of the end of the twentieth century andthe beginning of the twenty-first follow the foundational historievanguards as well as other diverse neo-vanguards, already numer-ous, that carne about throughout the modern century. Referring tothem,they deny a little their rupturing
will:
contemporary vanguardscannot avoid the relative continuity that is inexorably imposed by amodernity whose historie rupture is still so recent and which was sodrastic, ñor the coexistence or even mixing with it, but whose tradi-tions continué.We shall comment ¡n these notes various discussions about certainimportant characteristics that are easily found in the new panorama,without going through them all, with the critical objective of exam-ining better, to some extent, what ¡s the true nature of the change inthe architectonic conventions which seems to be wanted, and alsocomment what we will gain and lose through this.1.INFORMALISMPerhaps informalism is, as project reality and as concept, one of themost intense and ampie primary characteristics of the contemporarypanorama. But this informalism, if it desires to mean something inarchitecture, whatever that might be, will have to suppose a newwill of form, and not a disappearance, an attenuation or inhibition ofthe form as such, as is often pretended. It should be considered thatthe term informalism in architecture does not come from the
con
cept of inform, or without form; but from informal; or, in otherwords, not conventional. It could be understood as a synonym ofwithout geometry, actually an approach to which the naturalist
con
cept of amorphous refers; that is, it lacks geometric or organic form.As the attempt to make form disappear -of making the formal
val
úes of architecture's content disappear- is already an oíd and utopi-an pretensión. It would probably be too pedantic to try to valué hereits antecedents from the radical neo-classical thinking, such as
La mayor parte de las arquitecturas contemporáneas radicales, o neovanguardistas, dejando delado cualquier voluntad de continuidad con la tradición moderna a pesar de sus múltiples ymuy contradictorias secuelas, parecen empeñadas en el logro de una nueva ruptura, acasocapaz de emular aquélla que, hace ya casi un siglo, emprendieron las llamadas vanguardias históricas para desprenderse del academicismo y del eclecticismo.Aunque no se está ahora, desde luego, en las mismas condiciones que entonces. A principiosdel siglo XX, las vanguardias se proponían demoler la que era ya una vieja y decadente estructura, aquélla que, de un lado, venía heredada de la tradición renacentista, y la que, de otro ydesde el romanticismo, había acumulado al legado clásico cualquiera que fuesen las aportaciones de la historia. Los cimientos de la vieja estructura académica y ecléctica eran, a aquellasalturas, ya de barro, pero ésta estaba destinada a sufrir aún una dilatada agonía.Hoy, en cambio, desaparecida de modo definitivo la tradición antigua, las neovanguardias definal del siglo XX y de principios del siglo XXI suceden tanto a las vanguardias históricas
fun
dadoras como a otras diversas neovanguardias, bastantes ya, que a lo largo del siglo modernose fueron produciendo. Y al referirse a éstas desmienten un tanto su voluntad rupturista: lasvanguardias contemporáneas no pueden evitar la relativa continuidad que inexorablementeimpone una modernidad cuya ruptura histórica es todavía tan reciente y que fue tan drástica,ni tampoco la coexistencia y hasta la mezcla con ella, cuyas tradiciones continúan.Apuntaremos en estas notas algunas discusiones acerca de ciertas características de relieve quese encuentran con facilidad en el nuevo panorama, aunque sin pretender agotarlo. Y con elobjetivo crítico de examinar mejor, en alguna medida, cuál sea verdaderamente la naturalezadel cambio de las convenciones arquitectónicas que tantas voluntades parecen pretender; yapuntar, acaso, lo que saldremos ganando y perdiendo con ellas.
1.
ElinformalismoQuizá el
informalismo
sea, como realidad proyectual y como concepto, una de las características primarias más intensas y más amplias del panorama contemporáneo. Pero este
informalis-mo,
si pretende significar algo en arquitectura, sea ello lo que fuere, tendrá que suponer unanueva voluntad de forma, y no, como tantas veces se pretende, una desaparición, atenuacióno inhibición de la forma en cuanto tal. Ya que debería considerarse que el término de
infor-
malismo
en arquitectura no procede del concepto de
informe,
o
sin forma;
sino del de
infor-
mal;
o, lo que es lo mismo,
no
convencional.
Todo lo más podría entenderse como sinónimode
sin geometría,
modo al que se refiere en realidad el concepto naturalista de
amorfo;
esto
es,
que carece de forma geométrica u orgánica.Pues el intento de hacer desaparecer la forma -de hacer desaparecer los valores formales delcontenido de la arquitectura- es ya vieja y utópica pretensión. Sería probablemente demasiado pedante intentar hacer valer aquí sus antecedentes desde el pensamiento neoclásico
radical,
tal como el de Laugier o el de Lodoli, y podríamos conformarnos con recordar que la
ten
tación de eliminar los valores formales apareció en la fundación misma de la arquitecturamoderna, en las pretensiones primeras de las vanguardias históricas, y hasta fue, de algún
62iarquitectura
 
'!IReyner Banham:
Teoría
y
diseño
arquitectónico en la era de lamáquina.
Versión cast. de ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1965.Véase como Banham, aún presumiendo de radical, no dejaba derendir tributo a las rancias convenciones británicas, señalando queBumey es Sir (¡I). Realmente, ¿no era Banham, así como cualquierotro producto "radical" británico, la compensación moderna -y amenudo disparatada, por falta de criterio- del país más conservadory reaccionario del mundo en términos artísticos y arquitectónicos?
modo, una de las importantes señas de identidad de la ruptura con el eclecticismo. Como biense recuerda, la función, la técnica y las necesidades sociales sustituyeron a los valores formalesen las intenciones y deseos de los primeros y grandes arquitectos modernos, aunque no pudiera ser
así
en sus realidades, y hasta el propio Mies van der Rohe lo enunció de este modo,
sien
do Hannes Meyer, su antecesor en la Bauhaus, uno de los que representó en este aspecto laposición más radical. (Esto es, lo que vale hoy decir: la más candorosa fe).
Los
que consideramos como maestros, y también tantos otros, al ejercer la nueva disciplina queen buena medida inventaban entonces, tuvieron que proponer necesariamente ideas formales-aún admitiendo que algunos lo hicieran sin saberlo-, por lo que pasaron inexorablemente ahacerlo así. Lo exigían sin remedio tanto sus propias pretensiones como la naturaleza mismade la arquitectura, y lo mismo hubiera ocurrido también en cualquier otro campo del diseño
material.
Y esto le sucedió a Mies, y a Hannes Meyer, como le sucedería a cualquiera que lointentase. Pues, en el caso de este último, por ejemplo, y más allá de algunas de sus propiaspalabras, ¿acaso puede dudar alguien, hoy día, que las escasas realizaciones y proyectos deHannes Meyer eran otra cosa que productos formales muy cualificados y que por ello precisamente son celebrados y recordados aún?Por ello fue muy decepcionante que un libro de desarrollo tan profundo y tan atractivo comofue
Theory
and
Design
in the
First Machine
Age
(1960) , del crítico británico Reyner Banham,acabara acusando de traición con respecto a sus propias ideas a los maestros modernos (a LeCorbusier, a Mies van der Rohe y a Gropius) para concluir que el verdadero buen arquitecto
era,
en realidad, el ingeniero estadounidense Buckminster Fuller (¡!). Resulta desolador que unpersonaje que demostraba tanta inteligencia y capacidad de estudio acerca del desarrollo de laarquitectura moderna no se diera cuenta que la pretendida
traición
que ingenuamente creíadetectar resultaba simplemente obligada en la medida que era inevitable seguir los dictados dela naturaleza misma de las cosas materiales; esto es, su necesidad de una forma para poderexistir. También resulta asombroso que Banham creyera que los proyectos de Fuller -candorosas ingenuidades conceptuales propias de un mediocre diseñador- eran buenas, valga el eufemismo; y todavía lo es más el hecho de que creyera igualmente que eran productos exentos deforma (¿?), o al menos, si se prefiere, de composición, entendiendo ésta como una formaintencionada, ya sea desde el punto de vista conceptual, estético o arquitectónico.No me resigno a dejar de reproducir -como idea de paradigma de lo que se dice, ofrecido porel propio Banham- la ilustración de su libro acerca de un coche diseñado por Gropius, dos deSir (sic) Charles Bumey
N2
y otro de Fuller, y transcribir su comentario al pie. Dice:
"Aunque de
lineas
elegantes,
el
coche
Adler
de Gropius es mecánicamente atrasado cuando se
lo compara
con
los precursores
aerodinámicos,
con el motor en la parte trasera, de la
fase
siguiente".
Es
difícil juntar ¡deas más candidas. ¿Por qué el coche de Gropius es mecánicamente atrasado?¿Quizá precisamente porque es elegante? ¿Es incompatible la elegancia con la eficienciamecánica, trasladando así al diseño la conocida creencia machista de que las mujeres guapasson tontas? Pero, además, ¿acaso los coches de (Sir) Charles Burney no eran un producto formal? ¿N
0
buscaban la expresividad formal, o la encontraban en todo caso, a pesar de eludir-
Laugier's or Lodoli's, and could settle wlth remembering that thetemptation to elimínate formal valúes carne about in the foundationof modern archítecture itself, ¡n the first pretensíons of the histórica!vanguards, and in a way was even one of the sígns of identíty ofthe rupture with eclecticism. As we all remember, the function, thetechnique and social needs substituted formal valúes in the inten-tíons and desires of the first, great modern architeds, although itmight not have been so in their realities, and even Mies van derRohe said so himself, his predecessor ¡n the Bauhaus, Hannes Meyerwas the one who represented ¡n this aspect the most radical
posl-tion.
(That is, as we could say today: the most ¡nnocent faíth).The ones we conslder as masters, and also many others, when exer-císing the new discipline that to a great extent was being ¡nvented
then,
had to propose necessarily formal ¡deas -even admittíng thatsome did so wíthout knowing ¡t-, so they started doing so inex-orably. It was demanded by thelr own pretensions as well as by thenature of architecture itself, and the same thing would have alsohappened ¡n any other fíeld of material design. Thís happened toMies,and to Hannes Meyer, as ¡t happened to anyone that
tried.
As,in the case of the latter, for example, going beyond some of hís ownwords: can anyone doubt, nowadays, that Hannes Meyer's fewworks and projects were something else but highly quafífied formalproducís and preclsely because of this are still celebrated andremembered?Consequently it was very disappointing that a book of such deepdevelopment and so attractive as the "Theory and Design in theFirst Machine Age" N1 (1960), bythe Britísh critic Reyner Banham,would end up accusing the great modern masters of treachery, ¡nrelatlon to their own ideas (Le Corbusier, Mies van der Rohe andGropius), to condude that the true good architect was actually theAmerican engineer Buckminster Fuller. It is heartbreaking that acharacter who showed such ¡ntelllgence and capacity of study aboutthe development of modern architecture dld not notice that the pretended treachery which he naívely beiieved possibie to detect wasslmply compulsory to the extent that followlng the dictates of thenature of material things ¡n themselves, was unavoidable. That is,their need for a form to be able to exist. It is also surprising thatBanham thought that Fuller's projects -naive conceptuai ingenuítiesof a mediocre designer- were good, an euphemísm; and even morethe fact that he equally beiieved that they were products absent ofform, or at least, ¡f you prefer it, of compositíon, understanding thísas an ¡ntentioned form, from the conceptual, aesthetic or archítec-tonic point of view.I do not resígn myself to not reproducing -as an ¡dea of paradígm ofwhat is
said,
offered by Banham himself- the illustration of his bookof a car designed by Gropius, two by Sir (sic) Charles Burney N2and another one by Fuller, and transcribing his comment below ¡t. Itsays: "Although of elegant lines, the Adler car by Gropius ismechanically old-fashloned when compared with the aerodynamicprecursors, with the engine at the rear, on the next phase".It ¡s difficult to mlx more candid ¡deas. Why ¡s Gropius' car mechanically old-fashioned? Perhaps predsely because it is elegant? Is ¡tselegance incompatible with mechanical efflciency, thus passing ontoarquitectura¡63
 
deslgn ttie known macho belief that beautlful wornen are stupid?But also, were not (Sir) Charles' cars a formal product? Did they notlook for formal expresslveness, or they found it anyway, despiteeluding it, and seeking ¡n vain a technical or sdentific reality, thetypical engineer's ¡Ilusión? It was not known
then,
perhaps -theirexcuse- that aerodynamics in the car mattered very little, at least its¡mprovement, and that it actually only affected sound. But it couldhave been known that, in any case, there are many possible formswithin a similar aerodynamic behaviour. It may also not have beenknown that the rear engine and rear traction were worse. Butwhether they were lead by these mistakes, symptomatic of credulityand excessive trust ¡n technique, it is rather clear that Barney's carsare a formal product üke any other, which they cannot really avoidbeing, and it is precisely in their least conventional aspect, morevanguardist, if you want, where we could compare them withGropius'. Fuller's car is equally a design product based on the
con
ceptual and aesthetic intention, as much as this is portrayed as sdentific or aerodynamic, whose condition symbolizes and represents,more than resolves. Fuller's unstable car (it has three wheels) couldonly be preferred from the valué of its image, of its form, and ofwhat this could mean, from no other polnt of view.
So,
Fuller's products follow certain formal valúes, although we donot know whether -as happens with engineers- he was as simplisticas almost all of them, and he did not perceive it. Does anyone stillbelieve that Dlmaxion Houses, or some other of his designs, wereexclusive children of technique? Technique does not recognlse
chil-
dren in the field of designed material objects. Or better
said:
itrecognises all of
them.
Any material object (not only architectonic)needs formal decisions to be able to exist, even as a simple project.Decisions that can have an aesthetic intention or not have it, beconscious or unconscious, conventional or invented, but formal ¡nthe
end.
Without them design does not happen, as without form -and paraphrasing an oíd Quetglas' expression- architecture doesnot happen.Informalism has to be,
then,
another way of seeing architedonic
form,
not a way of getting around it. It is necessary to highlight,moreover, that its formal field is not actually new either, althoughperhaps now it is reaching a profile of extraordinary and noveldevelopment. Because it still is the son -or grandson,
or
great-grandson (probably legitímate)- of expressionism and organicism, asis proved through one of the most qualified informallsts: Frank 0.Gehry, whose plastidsm -his clear direct artistic, sculptural inten
tion-
avoids any equivocation. Although it is true that someone canbe an informalist without being a puré plasticist, and likewise withother, diverse contents. But being modern, being radical, is notenough. Anything, even informalism, can be submitted to critldsmsabout its real valué as architecture.Criticisms, by the way, which will not be able to avoid a rathersevere judgment about formalism; that is, about the capricious andempty abuse of the form, the paradoxical inversión that is too
ordi-
nary among the informalists as well as among others, more or lessclosely, neo-modem. This other deformation, opposed to the first, iscomplementan/ to it, and also importantly: the neo-vanguardistsoften oscillate between destruction and disdain of the form and theunconditional adhesión to anything that this is, even if presentedwith the most limited sense. Because even mlxing and confusingboth questions is totally logical, as, to a great extent, the extremesdo touch: the disdain of architectonic form that informalism suppos-
es,
is identified in practlce with the banality of appreciation that formalism means. Finally, because both devalue form as a content ofarchitecture in a way equally similar as unmistakably contrary.64|arquitectura

Activity (18)

You've already reviewed this. Edit your review.
1 hundred reads
1 thousand reads
Luis Cruz liked this
Gustavo Laredo liked this
Lissy Portela liked this
specoraio liked this
MAPITT liked this

You're Reading a Free Preview

Download
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->