Aclaran, por derecho, la verdad de lo que sublima la desigualdad. Que la relaciónhombre y mujer que todas las parejas contienen es una relación de propiedad, y no dedesigualdad. La diferencia puede parecer un matiz, pero sus consecuencias son cósmicas. Yaque citan a San Pablo, las profesoras de Barcelona, para adornar su tesis de la desigualdad,habrá que recordar aquí también que ya lo citaba José Requejo para demostrar lo contrario,citaba su explicación de por qué en la iglesia las mujeres tenían que cubrirse la cabeza y loshombres no: porque “Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón la cabeza de la mujer”(ICor. 11, 3-10, cito por Requejo). Y Requejo, a diferencia de las profesoras, daba en el clavo ydecía: “mientras que un hombre se salva por su propia realización como ser social, por ser élmismo, así una mujer se salva sólo por ser de un hombre.” Por
ser de
un hombre. Aunque amí me parece que tampoco el hombre se basta por sí mismo como ser social. En la realidadsocial, es decir, fuera de la iglesia, un hombre que no tenga
su
mujer no es un hombre, es undon Nadie. (Dentro de la Iglesia puede uno llegar a Papa.) Y puede que la cosa se haya perfeccionado tanto que ahora las mujeres también sean de verdad propietarias y tengantambién su hombre, con lo que se acaba así la desigualdad, pero no lo que ocultaba. Perovayamos al origen: la Propiedad, para empezar, la propiedad de la mujer por el hombre, lamujer como “primera forma de dinero”, y al mismo tiempo si se quiere la propiedad de la casay de los hijos, la Familia, como primera unidad productiva. Eso es algo que todo el mundosabía hasta hace cuatro días, pero que ya sólo García Calvo dice; ¿o es que me van a decir quelo de que fuera de “buena familia” era cosa de que fuera buena de verdad, como decimos dealguien que es buena gente? Así pues, la desigualdad sirve para echar balones fuera, paracreernos que ahora que somos iguales, o cuando lo seamos “efectivamente”, y ahora que yano nos importa el dinero, podremos seguir repitiendo la misma historia, sin repetir los mismoscrímenes: que el Matrimonio (o cualquiera de sus formas último grito) ya no es lo que era,que ahora es un contrato libre entre partes iguales. “No: no hay más verdad que la posesión.En el
tener
está la fundación y esencia de la pareja, en el “mío” o “mía””. (A.G.C.) Así que sison contratos deben ser contratos de compra-venta que una vez firmados
mi
Domingo es
mi
Domingo y
mi
Mari Cruz es
mi
M. Cruz. Mía. Y por eso la maté.Así que no reduzcamos esos asesinatos de un sexo sobre el otro a una cuestión dedesigualdad porque eso supone deslizarse por el lado de los principios, del “deber moral”, loque acaba siempre entregándonos a la explotación económica y a la violencia con que serompen también los contratos. La mujer liberada trabaja el doble, venía a decir Isabel
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