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La originalidad en el arte (M Moya Méndez)

La originalidad en el arte (M Moya Méndez)

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95
]
ISLAS
, 43(129):95-101; julio-septiembre, 2001
  D
esde que existe la crítica de arte como ejer-cicio en mayor o menor grado canonizado, sobre todo en losúltimos doscientos años, el criterio de la originalidad no solo haservido a la hora de valorar obras, artistas, incluso escuelas, ten-dencias y movimientos, sino que en numerosas ocasiones ha ser-vido para adjetivar una «última palabra»: el criterio «final» conque se rotula, ora autosuficientemente desde la crítica o la histo-ria del arte, cualquier evento, cualquier fenómeno, cualquierimagen para perpetua memoria. Sin embargo, no todos los teó-ricos del arte y la estética suelen sistematizar sus definiciones yreflexiones en torno al concepto de lo original. Y es este desbalanceentre el alto valor pragmático del concepto para la crítica acti-va, y la menor elaboración teórica lo que nos lleva a revisar au-tores de la literatura científica como Arnold Hauser.Hauser es particularmente célebre por dos importantísimasobras: una
Historia social de la literatura y el arte
de 1953, y una
Introducción a la historia del arte
[
Philosophie der kunstgeschichte
]de 1957.* Con esta segunda creación desarrolló los supuestosfilosóficos de la primera y superó algunas deficiencias de aque-lla por él mismo reconocidas como el escaso rigor en el em-pleo del método dialéctico. Y esta
Introducción a la historia delarte
, libro de méritos numerosísimos que lo hacen un clásico,dedica varios momentos a comentar la originalidad como as-pecto de sumo interés. Son esos comentarios, dispersos a lo lar-go del libro, los que aquí comienzan a ser rescatados en pos dela perfilación de un concepto.
La originalidad en elarte. Aproximaciónal concepto de Hauser
Misael MoyaMéndez
* Citamos a partir de la edición de 1969 del Instituto Cubano del Libro (LaHabana), volumen único de 498 páginas con ilustraciones.
 
[
96
]El importante valor que Arnold Hauser confiere al con-cepto de originalidad se desprende de manera significativa desu consideración siguiente: «Si se quisiera encontrar un criteriode validez general para el arte, podría pensarse como soluciónen la originalidad. Tal criterio, sin embargo, no existe. Sobre elarte apenas si puede afirmarse nada, de lo cual no pudiera tam-bién afirmarse, en cierto aspecto, lo contrario. La obra de artees, a la vez, forma y contenido, profesión de fe, y engaño, juegoy mensaje, próxima y lejana a la naturaleza, con un fin y sinfinalidad propia, histórica y suprahistórica, personal y supra-personal. Ninguno de estos atributos, sin embargo, parece po-seer una validez tan general como el de la originalidad. Paraposeer un valor autónomo, más aún, para tener en absolutocalidad artística, una obra de arte tiene que abrir las puertas auna visión del mundo nueva y peculiar. La novedad constituye,no sólo la justificación, sino la condición de existencia de todoarte.» (p. 425)De modo que si no se ha encontrado un criterio de validezgeneral para el enjuiciamiento artístico por lo difícil del empe-ño, tal criterio solo podría recaer sobre la originalidad, pero estacualidad no es, ni mucho menos, incuestionable. Originalidades aquí equivalente a novedad, es decir, se asocia el concepto aaquel que cuando menos entraña, entraña la diferencia. Desdeel punto de vista de la caracterización del concepto, debe aña-dirse que para Hauser la originalidad funciona contextualizadahistóricamente. Para él resulta imposible decir nada en arte so-bre «forma y contenido, técnica y expresión, tradición y origi-nalidad», «individuo y sociedad», sin considerar el contexto his-tórico cultural particular de cada caso. (p. 238)Del elevado valor que Hauser confiere a este conceptopodría aventurarse y demostrarse la hipótesis de que, en estelibro, su visión de la historia del arte y el enjuiciamiento teóricode los procesos explicados están en alto grado concebidos desdeun razonamiento integrador vinculado a la condición original yal imperativo artístico de la originalidad. Ello se refuerza en unpensador para quien «Toda la historia del arte constituye suconcepto de estilo» (p. 264), desde el momento mismo en queofrece diversos ejemplos en los cuales la originalidad tributa alcambio de estilo, a la vez que coexiste dentro de uno mismocomo aspiración a formas nuevas, toda vez que tanto «la lucha
 
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97
]contra el embotamiento y la repetición» como «la tendencia a laoriginalidad se renuevan con cada obra de arte». (p. 266)Hay, a partir de las anteriores consideraciones y las subsi-guientes, una suerte de concepción cíclica y transformativa al-rededor de lo original. La originalidad es tanto cualidad, comotendencia o aspiración latente; pero deja de ser tendencia o as-piración para convertirse en una cualidad palpable en cada nuevarealización estética; y allí mismo comienza a generar nuevasinquietudes a su respecto que se irán proyectando como aspi-ración o tendencia y en algunos casos consiguiendo comocualidad.Tras una exhaustiva revisión histórica, para Hauser la ori-ginalidad, desde las problemáticas de la historia del arte, mere-ce singularmente atención a partir del romanticismo, cuandoaparece como aspiración o anhelo altamente concientizado, re-sultado de la idea de la pérdida del sentido de la realidad comopresuposición de la creación. Esta idea explica el autor re-sulta incompatible con las condiciones de vida del mundoprerromántico que abarca extensos períodos en los cuales, dadoel desconocimiento de artes que no fueran prácticas y útiles des-de el punto de vista social, resulta absurdo imaginar extraña-miento del artista respecto de la sociedad.En el romanticismo aparece por primera vez la incompa-tibilidad entre las aspiraciones personales del artista y las exi-gencias de la sociedad, así como la idea del arte como compen-sación, indemnización y consuelo. «El sentimiento de suinutilidad despierta en el artista [romántico] un exageradoconcepto de sí, un afán febril de originalidad, un subjetivismoexcesivo y un narcisismo desmesurado. Desde entonces se en-cuentra en una
lucha
ininterrumpida contra la sociedad que, alparecer, no quiere escucharle y no sabe comprenderle. Su enfer-medad [se refiere a la neurosis] es también sólo una forma de
resistencia
pasiva, de
 protesta
y de
defensa
propia contra el ordensocial existente, contra la burguesía, poderosa, sin escrúpulos,repugnantemente sana.» (p. 81) Destacamos en la cita algunostérminos que apuntan ya a la consideración de Hauser de laoriginalidad durante el romanticismo como un mecanismo dedefensa que también en el arte contempla la idea más activa delenfrentamiento, como más adelante reafirma: «El ansia de ori-ginalidad, el exagerado concepto de sí, el subjetivismo desme-

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