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Crónicas médicas de la primera guerra carlista (1833-1840). Crónica VI Ejército Liberal

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Crónicas médicas de la primera guerra carlista (1833-1840).Javier Álvarez CaperochipiDoctor en Medicina y Cirugía2009
Crónica VIOrganización sanitaria y hospitalaria del ejército Liberal delNorte.
Las peticiones del general Córdoba, los doctores Seoane y Codorniú, el botiquíndel general Espartero
6-1 Introducción. Las peticiones del General Fernández de Córdoba
 
S.M. La Reina Gobernadora y en su nombre el Ministro de la Guerra Conde deAlmodóvar, muy preocupados por la marcha de las operaciones militares en Navarra yVascongadas, crearon la figura del Inspector Extraordinario de los ejércitoscombatientes del Norte. Corría el mes de abril del año1835 y el motivo de la decisiónera doble, por una parte la guerra se estaba prolongando demasiado, sin vislumbrarseningún final próximo, con muchas bajas y derrotas y por otra el recién nombradogeneral militar liberal Fernández de Córdoba, reclamaba reiterada y continuadamentemejoras en la atención de heridos de guerra, más médicos y más medios.El número de los facultativos que atendían en las batallas era insuficiente y debía estaen proporción con el de soldados. Si era preciso para estimularlos y para que acudieranen mayor número, abría que crear un cuerpo facultativo de médicos militares conascensos y graduaciones como los oficiales, es decir crear una organización sanitariaespecífica del cuerpo militar. Pedro Castelló el médico de la Corte pensaba lo mismo.Fueron años en que se incubaron, gracias a la guerra, los principios de la Sanidad Miltar Argumentaba Córdoba, que se combatía muy duramente en una guerra de guerrillasimprevisibles, el número de heridos era superior al esperado y el número de muertes por mala atención demasiado doloroso; las tropas eran un colectivo en el que se cebabanalgunas epidemias que estaban produciendo estragos; avisaba que la guerra iba paratiempo y que no se debía seguir así.Desde el punto de vista Militar había que estudiar nuevas estrategias contraZumalacárregui, había que intentar sacarlo de la zona de Navarra y Vascongadas dondese movía bien y donde contaba con apoyos. En la denominada “Memoria Justificativa” ponía Córdoba el acento en el aspecto sanitario: quería señalar e insistir en el granimpacto moral que sería para sus soldados, verse protegidos por servicios hospitalariosmás eficaces que los actuales y más cercanos a las zonas de conflicto. En uno de los
 
Crónicas médicas de la primera guerra carlista (1833-1840).Javier Álvarez CaperochipiDoctor en Medicina y Cirugía2009
apartados decía textualmente: “Los heridos en la batalla no encuentran el auxilio de losfacultativos y no disponen de medicinas ni medios de transporte”Fernández de Córdoba era un profesional concienzudo que gozó de un cierto prestigiodurante un corto período, llegó a pedir la ayuda internacional para la guerra, en especialde Francia. Las peticiones del general en el aspecto sanitario convencieron al Ministrode la Guerra, que creyó conveniente, dotar a los ejércitos combatientes de una especiede dirección general con plenos poderes ejecutivos en contacto directo con el ministerioy para ello crearon un equipo de personas dirigidas por el denominado Inspector Extraordinario. La creación de la Sanidad médica militar era un asunto a largo plazo,que no dejaban de lado, pero que no tenía solución inmediataLo de los Inspectores era una propuesta novedosa que fue acogida con escepticismo yque tendría mucha mayor importancia que la que parecía en un primer momento. Paraese puesto eligió a Mateo Seoane, un médico pionero en asuntos de organizaciónsanitaria a gran escala, acompañado entre otros por Manuel Codorniú comoSubinspector asesor, experto en el estudio de epidemias. Dos profesionales de gran prestigio dentro y fuera de las fronteras, alejados de la actividad militar, que nuncahabían participado en ninguna contienda bélica y les concedieron plenos poderes paramejorar la situación existente tanto desde el punto de vista administrativo como deaportaciones económicas.También el Ministro Almodóvar cuantificó las necesidades del ejército del Norte y lodotó con una asignación mensual de 20 millones de reales, aunque muchos meses nohabría liquidez para abonar el montante y llegaban a las tropas menores cantidades quelas presupuestadas.La labor y el mando de Fernández de Córdoba, duraría poco tiempo, pero su iniciativade mejora de los hospitales, que supervisaba personalmente, fue meritoria. General devalentía y saber indiscutible, se apuntó éxitos y fracasos pero no pudo encauzar nivislumbrar el final de la guerra y la victoria. Fue sustituido por el General Espartero,entre otras razones por su frágil salud.Curiosamente Córdoba creía poco en la ciencia médica, al menos en lo que a su personarespecta; trascendía poco sus enfermedades, se hacía atender por curanderos de suconfianza sin titulación, personas fieles, que mantenían en secreto sus males. Se sabeque mucho antes de las guerras carlistas había estado enfermo de gravedad y después decada episodio bélico, se solía encontrar muy fatigado y pasaba días retiradoreponiéndose. Parece ser que sus principales males eran las calenturas frecuentes ointermitentes, era factible que algunas enfermedades adquiridas en contiendas deSudamérica le hubieran dejado secuelas; también sufría una fatiga excesiva de posibleorigen cardíaco.Murió bastante joven con 42 años, sin haber concluido la primera guerra carlista, unosmeses antes de que el general Cabrera fuera expulsado de España en 1840. A sus malescrónicos hubo que añadir: el destierro en Lisboa (al verse mezclado en unasublevación). Por este último asunto político, las críticas le llovieron desde todos loslados, analizaron con lupa sus actuaciones militares, no saliendo bien parado. La
 
Crónicas médicas de la primera guerra carlista (1833-1840).Javier Álvarez CaperochipiDoctor en Medicina y Cirugía2009
amargura y la depresión se apoderaron de su persona, que junto a la debilidad de sucorazón y de su organismo determinaron su final prematuro.Su sucesor Baldomero Espartero sería el polo opuesto; dotado de una gran salud yvitalidad murió muy anciano en su cama, con el reconocimiento a su labor, vencedor dela primera guerra carlista y después de haber acaparado los puestos políticos másimportantes de la nación.
6-2
 
Los Inspectores Extraordinarios del ejército liberal, doctores Mateo Seoane yManuel Codorniú.
Había calado en el Ministerio la idea de potenciar los hospitales y de organizar unasanidad acorde con la de los países europeos del entorno; las necesidades de la guerra ponían un punto de premura en alcanzar los objetivos. La idea del Ministerio, era quelas figuras de Inspectores Extraordinarios, con plenos poderes y medios, era la mejor manera de dar pasos adelante; era hora de preocuparse de la salud de los soldados y de proporcionarles los medios necesarios para atender convenientemente a los heridos;también había llegado el momento de planificar la sanidad de la posguerra. La creaciónde cargo de Inspector Extraordinario no era una banalidad, pretendía ser el punto de partida para una nueva organización que colaborara en la victoria sobre los carlistas y pusiera las bases para el futuro. Para tan delicado e importante fin, había que escoger  bien a los Inspectores, fijándose sobretodo en su preparación y capacidad. Como se hacomentado el puesto fue para Mateo Seoane y Sobral y había razones poderosas para sunombramiento.Mateo Seoane había nacido en Valladolid en 1791, su aspecto enclenque y enfermizo nohacía sospechar su enorme capacidad de trabajo y su futura longevidad; se podríaafirmar que era un individuo frágil de extraordinaria buena salud. Empezó estudiandofísica, química y botánica, para luego centrarse en la medicina, empujado por su padre: -Lo acepté contra mi voluntad, vocación y esperanza-, llego a decir. Hizo la carrera enSalamanca con brillantez, licenciatura y doctorado. Se dedicó al principio al ejerciciolibre de la profesión, al decir de la gente, con buen sentido práctico: pero su ilusión y fecon las ideas liberales, a las que profesó una lealtad sin desmayo y su visión avanzadade lo que debía ser la sanidad, le hizo dedicar sus esfuerzos en el terreno de laorganización. Tuvo numerosos contactos con el poder, unas veces era un genio y otrasun conspirador y tuvo que danzar con las veleidades que le impuso, un poder dubitativo,el de la corte de Fernando VII y en especial en su última etapa.Fue Diputado en Cortes por Valladolid encargado del área sanitaria; elaboró un plansanitario para todo el país, que aunque no llegó a ser aprobado por las Cortes Españolas,fue texto de referencia para otros planes de países europeos que lo copiaron, por ser el primero y único que existía.

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