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Ereignis - Iain Thomson

Ereignis - Iain Thomson

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Traducción de Ramiro Palomino. Entrevista dirigida al Prof. Iain Thomson (University of New Mexico) por Ereignis. Se puede también llegar a este texto a través de http://www.beyng.com/hlinks/interviews.html. Iain Thomson web page: http://www.unm.edu/~ithomson/
Traducción de Ramiro Palomino. Entrevista dirigida al Prof. Iain Thomson (University of New Mexico) por Ereignis. Se puede también llegar a este texto a través de http://www.beyng.com/hlinks/interviews.html. Iain Thomson web page: http://www.unm.edu/~ithomson/

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Entrevista
Ereignis
 
Trad. de
 
Ramiro Palomino
 
IainThomson
Ereignis
 
¿Cómo es que vino a interesarse enla filosofía de Heidegger y en su política enparticular?
Iain
 
Recuerdo
 
haber leído a Thomas Jeffersonen la preparatoria; escribió de manera tanelocuente sobre nuestra necesidad humana porla libertad que me quedé asombrado de leerlo.Cuando descubrí que poseía esclavos quedéatónito, traumatizado intelectualmente, pero mefaltaban los medios para vérmelas a fondo conesto en aquel entonces. Algunos años despuéstuve una experiencia similar al leer a Heidegger,solo que de una más intensa y complicadamanera. Cuando leí la obra posterior del “últimoHeidegger” en el maravilloso curso de HubertDreyfus “el último Heidegger” en laUniversidad de California, en Berkeley, tuve laextraña experiencia que Emerson describe comonuestras propias ideas regresando a nosotroscon “extraña majestuosidad”; a este respecto,me parecía, era alguien quien tanelocuentemente expresó ideas que yo sentíaestaban en el centro de mi propio pensamientopero que nunca había intentado articularadecuadamente. Me motivó profundamente lacrítica que Heidegger dirige a nuestrotratamiento cada vez más nihilista de nuestromundo y de cada uno de nosotros comorecursos insignificantes para ser optimizados;me inspiró su visión del pensamiento poéticocomo salida de este nihilismo histórico.Entonces me di cuanta que había sido un Nazi.(Creo que Dreyfus no arrojó esta bomba sinohasta la mitad del semestre). Una vez más quedétraumatizado intelectualmente. Pero esta vez nodejé pasar tal cuestión: ¿cómo pudo el másgrande pensador del siglo XX haber ignorado elpeso de su pensamiento ante el más horriblerégimen político? Esto es algo con lo que hetenido que vérmelas por lo menos veinte años,hasta ahora. (Quizá no resulte tan sorprendenteque esta cuestión me fascine, siendo que fuieducado por un político y una psiquiatraforense). Creo que logré algunos avances enentender este difícil y controversial tema en
 Heidegger on Ontotheology: Technology and the Politics of Education
, y espero diseminaresta consideración que aquí presento a unaaudiencia más amplia en un libro en el queestoy ahora trabajando, una biografía intelectualde Heidegger.
Ereignis
Hay ciertamente una inclinación porconvertir en héroes personales a la gente que unoadmira, especialmente en un primer momento.Creo que esa tendencia declina conforme unoaprende más detalles sobre la vida de los Jeffersony los Heidegger. La gente parece estar másdesconcertada cuando se da cuenta de las faltasmorales de los filósofos que de las suyas propiaspara con otros. Por ejemplo, no vemos aHeisenberg tipificado como un físico nazi. Susfiliaciones políticas son en gran medidasecundarias, si no enteramente irrelevantes, en loque se refiere a sus contribuciones a la ciencia. Encambio, cuando a Heidegger se lo menciona en losmedios, se hace más referencia a su afiliaciónpartidista. Esto sucede inclusive a pesar de que laespecialidad de Heidegger, la ontología, esinclusive más abstracta y separada de losincidentes comunes que en la física. No es leídohoy porque fue un filósofo ético o político. Suscontribuciones a la empresa filosófica se sitúan enlos cimientos del edificio filosófico, acerca de loque hace posible a las ciencias, el conocimiento, yla comprensión que uno tiene de las cosas.¿Deberíamos esperar que la vida de los filósofossea ejemplar y mantenerlos en altos estándares deestimación, tanto como la sociedad contemporánealo hace con sus atletas, pero no con sus científicos?
Iain
Es cierto que cuando era joven y en mimayor idealismo, esperaba que los grandesfilósofos simplemente practicaran lo quepredicaban (y predicaran lo que practicaban). Fueluego que, un poco más maduro, másdesconsolado, leí a Nietzsche, y me convenció sucínica pero clara visión de que la filosofía essolamente sesgadamente autobiográfica, pero queestos oblicuos ángulos pueden ser delineados porel “psicólogo” quien reconoce que las másgrandes idealizaciones de un filósofo son amenudo una directa pero invertida reflexión desus propios desaciertos personales. (Nietzsche,entonces, provee un atractivo contexto para lasreveladoras observaciones de Harry Frankfurt deque los éticos son a menudo las personas menoséticas.) Eso a menudo puede ser cierto,
 
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tristemente, pero aún es una muy fácil respuesta;creo que nuestra necesidad por héroes quienes nosean solamente hipócritas no es algo que debamosignorar conforme maduramos. Nietzsche mismodecía que si no abandonamos nuestra esperanzapor un mejor futuro (es decir, la esperanzamisma), necesitamos héroes genuinos que nosinspiren, no héroes impostores quienes nosvendan algo, o a quienes celebremos por un día yluego irrisoriamente los desechemos al díasiguiente, sino héroes reales cuyos ejemplostratemos continuar de alguna manera en nuestrasvidas. (Escribí un ensayo, “Deconstructing theHero”, que explora las fascinantes ideas deNietzsche y Heidegger acerca de este tema en elcontexto de la cultura Occidental contemporánea;se ha publicado y está disponible en mi páginaelectrónica). Me gustaría evadir la simplistadicotomía sea de la hipocresía que se justifica, ode cualquier otra cosa parecida, usándola comoexcusa para descartar cualquier filosofía quediscrepe con la vida de la persona que ladefiende.Claro, es fácil reírse de la idea de WilliamBennett haciendo uso de sus bien pagadasconferencias acerca de la virtud con el fin dearremeter fuertemente contra el pecado deapostar, yendo luego a las Vegas a derrochar sushonorarios en la mesa de apuestas. Sin embargo,aunque nunca he leído la obra de Bennett,predeciría que él tendría algunas buenas ideascon las apuestas (escondidas bajo su fuegoretórico y quemante), pues él sabía de lo que enrealidad estaba hablando. (Justo como, paraponer el punto de Frankfurt bajo una luz másgenerosa, cobra sentido que el filósofo querealmente tiene dificultades para comportarseéticamente bien puede desarrollar algunas ideassobre ética). Heidegger nunca tuvo simpatía porla “ética” entendida como el intento por proveerprincipios que rijan la acción; como Nietzsche,vio tales reglas como una manera de controlar alrebaño –y esto obviamente condujo a algunosverdaderos problemas en la vida política ypersonal de Heidegger. Más aún, los propiosintentos importantes del último Heidegger porarticular una “ética originaria” – es decir, unaética erigida al nivel de nuestro éthos o ser-en-el-mundo– sugiere que la ética debe ayudarnosa desarrollar una disposición comportamentalcon el mundo en el cual, a pesar de lasverdaderas dificultades, sin embargo,continuamos esforzándonos para vivir de unamanera acorde con nuestras mejores ideasfilosóficas. De hecho, mi obra trata de mostrarcómo las últimas ideas éticas y políticas deHeidegger emergieron de su atroz desventuracon el nazismo, como aprendidas leccionesfilosóficas, inclusive si él mismo estuviera tanorgulloso de referirlo de esta manera.Hace una buena observación acerca de cómoHeidegger es siempre presentado como un nazimientras que no sucede lo mismo conHeisenberg. Uno raramente escucha a alguienquejarse de que las importantes contribucionesde Frege a la formalización de la lógica parecenprovenir del mismo excesivo deseo de “pureza”que generó su furioso antisemitismo. En ciertamanera, sin embargo, creo que es justo porque,en mi opinión, las ideas filosóficas deHeidegger están mucho más íntimamenteconectadas a los eventos políticos y culturalesde lo que lo están las ideas de Heisenberg oFrege. Ciertamente, en el capítulo 3 deHeidegger on Ontotheology traigo a cuenta latendencia por separar la filosofía de Heideggerde su vida y de su tiempo en un comprensiblepero infortunado producto de los primeroscomienzos, cuando parecía como si la obra deHeidegger tuviera que ser de esa manera aisladade su desastrosa política, si lo que se pretendíaera que sus ideas sobrevivieran. Me parece queya hemos dejado eso atrás; en este momento nopueden mas ser vistas de manera tandesarraigada las importantes ideas deHeidegger, ignorándoselas, a como lo puedenser las ideas de Freud; sus ideas han venido apermear profundamente mucho del pensamientoen las humanidades.De manera que yo no pienso que las ideas deHeidegger sobre la ontoteología puedan estar –o inclusive estén- divorciadas de losacontecimientos diarios, y precisamente por larazón que usted señala: el pensamiento deHeidegger se sitúa en los “cimientos deledificio” de la ciencia y la cultura. Mi trabajosobre la ontoteología intenta mostrar como lospequeños cambios en esta ontología subyacentepueden tener profundas e importantes
 
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repercusiones al nivel de nuestro entendimientohistórico de cada día y las prácticas que lesiguen y se retroalimentan en esta. ParaHeidegger, la piedra angular de la historia es laontoteología, y estas ontoteologías moldeandiscreta pero decisivamente nuestro sentidocotidiano de lo que es y lo que importa (o lo queno guarda importancia).
Ereignis
 
Claramente la ontoteología guarda uncarácter crítico para la comprensión que tiene deHeidegger, aunque esta no es una palabra tancomún. Aunque la palabra fue primero usadapor Kant, ésta se refiere a temas discutidos porfilósofos al menos tan distantes comoAristóteles. Y, como es el caso con muchasotras palabras, Heidegger imprimió su propiosignificado particular a esta. Ya que nadie quelea esta entrevista estará familiarizado con sulibro, ¿puede explicar brevemente lo queHeidegger entiende por ontoteología?
Iain
Claro. Aquí está mi rápida y nada limpiarespuesta: la ontoteología es el intento de asir larealidad desde dentro hacia fuera
1
 (ontológicamente) y desde fuera hacia dentro
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 (teológicamente) a la vez. (La no precipitada ycuidadosa respuesta abarca las primeras sesentapáginas de mi libro, de manera que los filósofostendrán que perdonar algunas severassimplificaciones).Para Heidegger, la metafísica no es el interésobtuso de filósofos aislados en sus torres demarfil; la metafísica estructura nuestro precisosentido de la realidad. La metafísica es “lahistoria que somos”, como lo dice Heidegger.Como esto sugiere, nuestro sentido de la realidadcambia conforme al tiempo. Explico estaconsideración en términos de lo que llamo“holismo ontológico”. Sencillamente: todo es, demanera que cuando cambiamos nuestro sentidode lo-que-es, cambiamos nuestro sentido de todo.(Esta idea de que nuestro sentido básico de larealidad cambia con el tiempo es la doctrina de la“historicidad” de Heidegger, la cual vadirectamente contra la idea del sentido común deque el sentido básico de la realidad de la
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Inside-out.
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Outside-in.
humanidad tiene que ser relativamente estable.Aquí, sin embargo, el sentido común falsamentegeneraliza y ratifica así su propia comprensiónhistórica del ser). La famosa deconstrucción de lahistoria de la ontología de Heidegger muestra queha habido una sucesión de al menos cincodiferentes “épocas” históricas (pre-socrática,platónica, medieval, moderna y posmodernidad),cinco superpuestas pero relativamente distintas ycoherentes constelaciones de inteligibilidad, cadauna de las cuales puede ser distinguida por susentido histórico de lo-que-es y de lo que ameritaimportancia. La ontoteología viene a cuenta a estepunto porque Heidegger piensa que una serie dediferentes ontoteologías proveen la baseconceptual, siempre cambiante, para estasdiferentes épocas históricas. Las “metafísicas” enlas que Heidegger está interesado –por las cualesentiende primordialmente las ideas que modificany estructuran nuestro sentido básico de la realidad–son lo que él llama ontoteologías. Para él losgrandes metafísicos son todos ontoteólogos(aunque no todos los ontoteólogos son grandesmetafísicos, debido a que no todos ellos operanun cambio satisfactorio en nuestro sentido de larealidad).A este respecto ayudaría pensar de manerahistórica. Sostengo que la tradición ontoteológicainicia con Tales y Anaximandro –en otraspalabras, se origina con el comienzo de lafilosofía occidental como tal. Hay que recordarque Tales entiende el
arché 
o el “fundamento” dela realidad como agua; esto significa que élconcibe al agua como el elemento constitutivo apartir de lo cual todo lo demás está compuestofundamentalmente. Tales es entonces el primerontólogo, y los físicos contemporáneos quienesdiscuten sobre si los elementos fundamentales dela realidad son partículas subatómicas o
superstrings
, continúan la empresa ontológicaque Tales inauguró. Pocos años después, unestudiante de Tales, Anaximandro, entendió el
arché 
o fundamento de la realidad en un sentidonotablemente diferente cuando advirtió el
apeiron
, lo indefinido o indeterminado, como lafuente última a partir de la cual todas lasentidades emergen y hacia la cual retornan, lo queentonces justifica (o, en su caso, condena) a laexistencia como tal. (Para Anaximandro, nadamerece existir porque la existencia diferenciada

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