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Capítulo 2De la cohesión social a la participación democrática
La cohesión de toda sociedad humana procede de un conjunto de actividades y de proyectoscomunes, pero también de valores compartidos, que constituyen otros tantos aspectos de la voluntad devivir juntos. Con el tiempo, esos vínculos materiales y espirituales se enriquecen y se convierten, en lamemoria individual y colectiva, en un patrimonio cultural en el sentido amplio de la palabra, que originael sentimiento de pertenencia y de solidaridad.En todo el mundo, la educación, en sus distintas formas, tiene por cometido establecer entre losindividuos vínculos sociales procedentes de referencias comunes. Los medios empleados varían segúnla diversidad de las culturas y las circunstancias pero, en todos los casos, la finalidad principal de laeducación es el pleno desarrollo del ser humano en su dimensión social. Se define como vehículo de lasculturas y los valores, como construcción de un espacio de socialización y como crisol de un proyectocomún. Hoy día, esos distintos modos de socialización están sometidos a dura prueba en sociedadesamenazadas a su vez por la desorganización y la ruptura del vínculo social. En consecuencia, lossistemas educativos sufren una serie de tensiones, en la medida en que se trata de respetar ladiversidad de los individuos y de los grupos humanos, manteniendo al mismo tiempo el principio dehomogeneidad que implica la necesidad de respetar reglas comunes. En este sentido, la educación debehacer frente a desafíos considerables y se encuentra ante una contradicción casi insoluble: se la acusade causar exclusiones múltiples y de agravar las divisiones del cuerpo social, pero se recurre en granmedida a ella para tratar de restablecer algunas de esas «similitudes esenciales para la vida colectiva» alas que aludía a principios de siglo el sociólogo francés Emile Durkheim.Confrontada a la crisis del vínculo social, la educación debe asumir la difícil tarea de transformar ladiversidad en un factor positivo de entendimiento mutuo entre los individuos y los grupos humanos. Sumás alta ambición es brindar a cada cual los medios de una ciudadanía consciente y activa, cuya plenarealización sólo puede lograrse en el contexto de sociedades democráticas.
La educación frente a la crisis del vínculo social
En todas las épocas, las sociedades humanas han experimentado conflictos capaces, en los casosextremos, de poner en peligro su cohesión. Sin embargo, no se puede dejar de observar hoy día en lamayoría de los países del mundo una serie de fenómenos que denotan una crisis aguda del vínculosocial.Una primera observación se refiere a la agravación de las desigualdades, sumada a laintensificación de los fenómenos de pobreza y exclusión. No se trata sólo de las disparidades yamencionadas que existen entre las naciones o entre las regiones del mundo, sino de fracturas profundasentre los grupos sociales, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo. En laCumbre Mundial sobre Desarrollo Social, celebrada del 6 al 12 de marzo de 1995 en Copenhague, sehizo un balance alarmante de la situación social actual, recordando en particular que «más de milmillones de seres humanos en el mundo viven en una pobreza abyecta y la mayoría padece hambretodos los días» y que «más de 120 millones de personas en el mundo están oficialmente desempleadasy muchas más están subempleadas».El crecimiento de la población compromete la posibilidad de elevar los niveles de vida en los paísesen desarrollo, mientras que otros fenómenos acentúan la impresión de una crisis social que afecta a lamayoría de los países del mundo. El desarraigo provocado por las migraciones o el éxodo rural, ladispersión de las familias, la urbanización desordenada, la ruptura de las solidaridades tradicionales deproximidad, aíslan y marginan a muchos grupos e individuos, tanto en los países desarrollados como enlos países en desarrollo. la crisis social que vive el mundo actual se combina con una crisis moral y vaacompañada del recrudecimiento de la violencia y la delincuencia. La ruptura de los vínculos deproximidad se manifiesta en el aumento dramático del número de conflictos interétnicos, que parece seruno de los rasgos característicos del final del siglo xx.En términos generales, se asiste a una impugnación, que adopta diversas formas, de los valoresintegradores. Lo que parece particularmente grave es que esa impugnación se extiende a dos conceptos,
 
el de nación y el de democracia, que se pueden considerar como los fundamentos de la cohesión de lassociedades modernas. El Estado-nación, tal como se definió en Europa durante el siglo xix, ha dejado deconstituir en algunos casos el único marco de referencia, y tienden a desarrollarse otras formas depertenencia más cercanas a los individuos, pues se sitúan a una escala más reducida. De manerainversa, pero sin duda complementaria, regiones enteras del mundo se orientan hacia ampliosreagrupamientos transnacionales que esbozan nuevos espacios de identificación, incluso si suelenlimitarse todavía a la actividad económica.En algunas naciones, por el contrario, unas fuerzas centrífugas distienden o desintegran lasrelaciones habituales entre colectividades e individuos. En los países de la ex URSS, por ejemplo, juntocon el derrumbe del sistema soviético se produjo una fragmentación de los territorios nacionales. Porúltimo, la asociación de la idea de Estado-nación con la de una fuerte centralización estatal puedeexplicar la aparición de un prejuicio desfavorable en su contra, exacerbado por la necesidad departicipación de la sociedad civil y la reivindicación de una mayor descentralización.El concepto de democracia, por su parte, es objeto de un enjuiciamiento que parece paradójico. Enefecto, en la medida en que corresponde a un sistema político que procura conciliar, mediante elcontrato social, las libertades individuales y una organización común de la sociedad, es indiscutible queese concepto gana terreno y responde plenamente a una reivindicación de autonomía individual que seextiende por todo el mundo. Ahora bien, su aplicación -en forma de democracia representativa- topa almismo tiempo con toda una serie de dificultades en los países que fueron sus promotores. El sistema derepresentación política y el modelo de ejercicio del poder que la caracterizan están a veces en crisis: ladistancia creciente entre gobernantes y gobernados, la aparición excesiva de reacciones emocionalesefímeras bajo la presión de los medios de comunicación, la «política-espectáculo» propiciada por ladifusión de los debates en esos mismos medios, e incluso la imagen de corrupción del mundo políticohacen correr a algunos países el riesgo de un «gobierno de los jueces» y de un desafecto creciente delos ciudadanos por los asuntos públicos. Por otra parte, numerosos países experimentan también unacrisis de las políticas sociales que socava los cimientos mismos de un régimen de solidaridad que habíaparecido ser capaz de reconciliar democráticamente las esferas económica, política y social, bajo laégida del Estado providente.Así pues, el ideal democrático está en cierto modo por reinventar, o al menos hay que revivificarlo.En todo caso debe seguir siendo una de nuestras principales prioridades, pues no hay otro modo deorganización del conjunto político y de la sociedad civil que pueda pretender sustituir a la democracia yque permita al mismo tiempo llevar a cabo una acción común en pro de la libertad, la paz, el pluralismoauténtico y la justicia social. El reconocimiento de las dificultades actuales no debe llevar en modoalguno al desaliento, ni constituir un pretexto para apartarse del camino que lleva a la democracia. Setrata de una creación continua que exige la contribución de todos. Ésta será tanto más positiva cuantoque la educación haya inculcado en todos a la vez el ideal y la práctica de la democracia.En efecto, lo que está en tela de juicio es la capacidad de cada persona para conducirse como unverdadero ciudadano, consciente de los problemas colectivos y deseoso de participar en la vidademocrática. Se trata de un desafío para el sistema político, pero también para el educativo, cuyafunción en la dinámica social conviene definir.
La educación y la lucha contra las exclusiones
La educación puede ser un factor de cohesión si procura tener en cuenta la diversidad de losindividuos y de los grupos humanos y al mismo tiempo evita ser a su vez un factor de exclusión social.El respeto de la diversidad y de la especificidad de los individuos constituye, en efecto, un principiofundamental, que debe llevar a proscribir toda forma de enseñanza normalizada. A menudo se acusacon razón a los sistemas educativos formales de limitar el pleno desarrollo personal al imponer a todoslos niños el mismo molde cultural e intelectual, sin tener suficientemente en cuenta la diversidad de lostalentos individuales. Así, tienden cada vez más a dar prioridad al desarrollo del conocimiento abstractoen detrimento de otras cualidades humanas como la imaginación, la aptitud para comunicar, la afición ala animación del trabajo en equipo, el sentido de la belleza o de la dimensión espiritual, o la habilidadmanual. Según sus aptitudes y gustos naturales, que son diversos desde su nacimiento, los niños no sa-can el mismo provecho de los recursos educativos colectivos e incluso pueden verse en situación defracaso debido a la inadaptación de la escuela a sus talentos y aspiraciones.
 
Más allá de la multiplicidad de los talentos individuales, la educación ha de tener en cuenta lariqueza de las expresiones culturales de cada uno de los grupos que componen una sociedad; para laComisión, uno de los principios fundamentales de su reflexión ha sido el respeto del pluralismo. Aun silas situaciones son muy diferentes según los países, la mayoría de ellos se caracterizan por lamultiplicidad de sus raíces culturales y lingüísticas. En los países otrora colonizados, como los del ÁfricaSubsahariana, la lengua y el modelo educativo de la ex metrópoli se superpusieron a una cultura y auno o varios tipos de educación tradicionales. La búsqueda de una educación que les permita forjar supropia identidad, más allá del modelo ancestral o del impuesto por los colonizadores, se manifiesta enparticular por la mayor utilización de las lenguas locales en la enseñanza. La cuestión del pluralismocultural y lingüístico se plantea también en el caso de las poblaciones autóctonas o en el de los gruposmigrantes, para los cuales se trata de encontrar un equilibrio entre el afán de una integraciónsatisfactoria y el arraigo en la cultura de origen. Toda política educativa debe, por tanto, estar encondiciones de responder a un reto fundamental, que consiste en convertir esa reivindicación legítima enun factor de cohesión social. Es importante, en particular, permitir que cada individuo se sitúe dentro de¡a comunidad a la que pertenece en primer lugar, las más de las veces en el plano local, al mismotiempo que se le proporcionan los medios de abrirse a las otras comunidades. En este sentido, esimportante promover una educación intercultural que sea realmente un factor de cohesión y de paz.Es necesario, además, que los propios sistemas educativos no conduzcan a situaciones deexclusión. En efecto, el principio de emulación, propicio para el desarrollo intelectual en algunos casos,puede pervertirse y convertirse en una práctica excesiva de selección por los resultados escolares. Enese caso, el fracaso escolar parece irreversible y provoca a menudo la marginación y la exclusiónsociales. Muchos países, sobre todo entre los países desarrollados, padecen en la actualidad unfenómeno muy desconcertante para las políticas educativas: paradójicamente, la prolongación de laescolaridad ha agravado más que mejorado la situación de los jóvenes socialmente más desfavorecidoso en situación de fracaso escolar. Incluso en los países en que los gastos de educación figuran entre losmás elevados del mundo, el fracaso y la «deserción» escolares afectan a una proporción considerable dealumnos. Producen una división entre dos categorías de jóvenes, que resulta tanto más grave cuantoque persiste en el mundo laboral. Los no diplomados buscan empleo en las empresas con unadesventaja casi insuperable. Algunos de ellos, considerados «inempleables» por las empresas, se vendefinitivamente excluidos del mundo del trabajo y privados de toda posibilidad de inserción social.Generador de exclusión, el fracaso escolar es en muchos casos el origen de algunas formas de violenciao de extravíos individuales. Esos procesos que desgarran el tejido social hacen que se denuncie a laescuela como factor de exclusión social y al mismo tiempo se la solicite con insistencia como instituciónclave de integración o reintegración. Los problemas que plantean a las políticas educativas son especial-mente difíciles: la lucha contra el fracaso escolar debe ser, por tanto, un imperativo social, y la Comisiónformulará algunas propuestas al respecto en el Capítulo 6.
Educación y dinámica social: algunos principios de acción
Para devolver a la educación su lugar central en la dinámica social, conviene en primer lugarsalvaguardar su función de crisol, luchando contra todas las formas de exclusión. Así, se procuraráincorporar o reincorporar al sistema educativo a quienes se han mantenido alejados de él o lo hanabandonado porque la enseñanza impartida no se adaptaba a su caso. Ello supone, en particular, asociara los padres a la definición de la trayectoria escolar de sus hijos y prestar asistencia a las familias máspobres para que no consideren la escolarización de su prole como un costo de oportunidad insuperable.Asimismo, se deberá personalizar la enseñanza: ésta procurará valorizar la originalidad, propiciandola iniciación a la mayor diversidad posible de asignaturas, actividades o artes y encomendando esainiciación a especialistas que puedan comunicar su entusiasmo y explicar las razones que los hanllevado a elegirlas. Para crear modalidades de reconocimiento de las aptitudes y los conocimientostácitos y, por ende, de reconocimiento social, conviene diversificar en lo posible los sistemas deenseñanza y hacer participar a las familias y a diversos actores sociales en colaboraciones educativas.Por otra parte, es importante asumir la diversidad y la pertenencia múltiple como una riqueza. Laenseñanza del pluralismo no sólo es una protección contra las violencias, sino además un principioactivo de enriquecimiento cultural y cívico de las sociedades contemporáneas. Entre el universalismoabstracto y reductor y el relativismo para el cual no hay exigencia superior más allá del horizonte de

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