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"CARTA POSTUMA A MI AMIGO QUE ACABA DE MORIR"

"CARTA POSTUMA A MI AMIGO QUE ACABA DE MORIR"

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Published by: María José Mogollón on Jun 06, 2010
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06/19/2013

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Querido Luis,
 
Aunque algunos imaginábamos el desenlace, siempre nos resistimosa creer en la inminencia de tu partida. Es que siempre nospreparamos para vivir y para aceptar la vida. Nunca estamos listospara la muerte y sus estertores. Los implacables dictámenesmédicos, solo lograban redoblar nuestra esperanza. Los pronósticosdesalentadores nos permitían atisbar ese lindero tenue entre laciencia y la fe. En el fondo sabíamos que donde la una termina, laotra comienza y al ir descartando soluciones en manos humanas,finalmente nos quedamos con la fe y en manos de Dios. Ese fue unumbral en el que nos movimos durante meses, tratando de estar apie juntillas para que su sombra no deje de acogernos. Y es que eraduro aceptar esa realidad que se había aproximado súbitamente anuestras vidas y nos hacía entender la fragilidad de la existencia.
 
Si una compañera tiene la vida, esa es la muerte. Andan por allí  juntas y al acecho. Pero nuestro principal instinto es el vivir, desde elmomento mismo en que somos concebidos, y por eso nos resulta tandoloroso el aceptar tu muerte prematura, ahora que la vida tesonreía, ahora que estabas pintando mejor que nunca, ahora que tushijos habían crecido, ahora que el amor se había agolpado en lasentrañas de tu matrimonio. Ahora que nos cogiste tandesprevenidos, tan distraídos, pensando en cualquier cosa menos enesa cruel realidad de la muerte que ronda y levanta avisperos pordonde pasa.Pero no solo que nos despertaste del letargo. También hasprovocado que nos unamos como nunca antes en estos casi 26 añosde graduados y has puesto a prueba nuestros afectos, nuestrosabrazos a veces ausentes en la distancia, pero crujientes por sobrelos horizontes. Y nos has movido a estar juntos calladamente, sinarmar directivas ni buscar liderazgos, todos aportando en un solopropósito, todos caminando en una misma dirección, casi asustados,pero vehementes y tiernamente solidarios. Por alasoma elcompañero que no habíamos visto hace años, por allí aparece lavíctima de nuestros apodos, por allí el trasnochador y bohemio, o elserio y circunspecto, por allí irrumpe la vida buscando filtrarse comoun rayo de luz en la conciencia de todos, por allí los expatriados, porallí los poetas frustrados, uno que otro desempleado, por allí losempresarios exitosos, en fin, por allí los Spellman del 84 con todassus anécdotas a cuestas. Y por allí también todo nuestro dolor, esteinfatigable dolor que nos quema las entrañas y que nos ha halado delas orejas para que atisbemos el camino.Si estuvieras aq, seguramente nos dias vamos muchachos,prepárense para la vida, lo mío es tan solo un viaje y volveremos avernos. Es que leo los partes mortuorios y me lleno de bronca alpunto que prefiero imaginarte tomando el pincel en tus manos para
 
desencadenar tus fantasías, recogiendo en tu regazo a tus hijas,tejiendo a pulso nuevas esperanzas que se levanten airosas por sobrelos extraños designios de la muerte.
 
Qué leccn ha sido para nosotros el pararte firme frente a lasadversidades y mostrarte en toda tu dimensión de hombre de bienque no se doblega ni se humilla. Verte sonriente abrazándote de lavida, luchando más allá de cualquier esfuerzo posible. Y nosotross que ayudándote, ayudándonos para no desfallecer. Hoypodríamos hacer con el dolor, un telar entero. Qué lección de amorlas de tus hijo e hijas en el día de tu sepelio. Qué lección de enterezay voluntad la de tu esposa, con su mano temblorosa en el micrófono,con la voz entrecortada, recordando a su Luigi, a su esposo, a suamigo, a su compero. Qué leccn de ternura la de tu madretodavía tambaleante por los embates de la pena, posando su manosobre el féretro.Pero qué lección la tuya, si la tuya mi querido amigo, la de nosucumbir ni desconcertarte, la de elegir el mar para pasar las horasfinales con tu familia, la de decirnos sin palabras que debemoscontinuar por el derrotero, sin temores, con la determinacnsuficiente para alcanzar nuestros sueños que encarnan una parte delos tuyos, para amar a nuestros hijos porque en sus miradas está unaparte de los ojos de tus hijos, para aprovechar cada instante quegenerosamente la vida nos depara. Alguna vez leí que la únicamedida que menos le sirve a la felicidad es el tiempo: siempre lecantamos en el recuerdo. Lo mismo que la salud cumple su destinosiendo olvidada, la felicidad toma cuerpo cuando se la añora ante elhueco que dejó a nuestro lado. Y aquí estamos hoy, codeándonos con tu ausencia, sabiendo que enel cielo necesitaban un artista de urgencia, y te eligieron a ti, a unpadre amoroso y honesto que fuera ejemplo en la vida y en lamuerte, y te llevaron a ti. Hoy eres parte de las flores que pintaste yque engalanan el jardín del infinito. Hoy te has ido como quien sequeda, para no dejarnos solos en la misión de vivir a plenitud.Hoy te siento, como la última vez que te vi: armado de dignidad hastalos dientes.
 
Hasta siempre compañero y amigo. 

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