recordar aquí que la verdad es una propiedad de las proposiciones, en tanto lavalidez es una propiedad de los razonamientos. Un razonamiento analiza, procesay transforma las proposiciones de las que parte; pero por perfecto (válido) que seasu funcionamiento, sólo garantiza la verdad de sus resultados si las premisas que leproponemos son verdaderas. Si éstas son falsas, ninguna seguridad obtendremossobre la verdad o la falsedad de la conclusión. Y, por supuesto, lo mismo ocurrirá siel razonamiento no es válido (es decir, si no constituye una correcta aplicación deleyes lógicas).
¿ES ÚTIL EL MÉTODO DEDUCTIVO?
Hemos señalado antes que el razonamiento deductivo procesa el material que se lesomete (las proposiciones que usemos como premisas), pero no le agrega nadadiferente. En efecto, todo lo que aparece en la conclusión se halla de algún modocontenido ya en las premisas, de tal suerte que el razonamiento no hace más queexplicitarlo. En estas condiciones, uno podría preguntarse si los filósofos noexageran un poco la utilidad de la deducción: después de todo, ella sólo clarificanuestros conocimientos, pero no les agrega ninguna proposición que no estuvieseya contenida (aunque implícitamente) en ellos.El juicio sobre la utilidad de un método es eminentemente práctico y, corno tal,depende de la apreciación de su usuario. Tal apreciación, naturalmente es influidapor la capacidad de éste para la aprehensión inmediata de lo implícito.Los razonamientos muy sencillos (tales como los contenidos en los ejemplos antespropuestos) parecen poco útiles, ya que nuestra mente los sigue automática einconscientemente y, así, su consecuencia se nos antoja tan evidente corno suspremisas. Un ser omnisciente como Dios, para quien todo lo verdadero es evidente,no necesitaría del razonamiento deductivo. Pero el hombre es un ser limitado, y sucapacidad de cálculo inconsciente no llega tan lejos.