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Cap 18 .- El ataque al camión

Cap 18 .- El ataque al camión

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06/14/2009

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El restaurador y la madonnina della creazione- 103 –Todos los capítulos de la novela enhttp://jungladeasfalto.com 
XVIII.- EL ATAQUE AL CAMIÓN
Gaviota había desoído los insistentes reproches de Steramov cuandosupo que él mismo iba a dirigir la emboscada contra el camión. Y no podíanegarle a su segundo una buena parte de razón puesto que él, como jefe dela célula, estaba obligado a evitar innecesarias situaciones de riesgo. Serepetía a sí mismo que el propio Steramov ya casi sabía todo lo que había desaber para dirigir una célula independiente de manera que si algo le pasara aél, su segundo tomaría el mando y podría salvar al grupo e incluso, quiénsabe, hacerlo mejor que él.Ahora, mientras esperaba en la más completa oscuridad la llegadadel motorista que daría la señal, justificaba su obcecación en la necesidad deresponsabilizarse directamente de un hipotético fracaso en una operaciónirregular, no autorizada, y en connivencia con un importante nazi, parientede la familia imperial, para más inri. Sabía que asumir el mando operativode la emboscada era la única manera de evitar que nadie más se vieraafectado por las consecuencias de una decisión estrictamente personal.Por supuesto, estaba convencido que nadie del partido estimaría eléxito de aquella operación y muy probablemente él mismo fuera llamado alorden por causa de ella, de manera que un fracaso tendría consecuenciasfunestas, y de ninguna manera hubiera sido justo que nadie más que él fuerael objeto de las iras del comité que, en un caso así, sólo podría aliviar laalternativa de la muerte.Alternativa, alternativa.La palabreja se resistía a salir de su pensamiento, y, de pronto, eltrazado de la carretera sobre el mapa se dibujó claramente en su cerebro.¿Habrían podido escoger algún otro lugar para llevar a cabo la emboscada?.
 
Salvador Bayona- 104 –Todos los capítulos de la novela enhttp://jungladeasfalto.com 
En unos segundos su memoria recorrió el trayecto que Phillip de Hessenhabía previsto y de pronto le resultó evidente que únicamente en aquel lugarpodía llevarse a cabo la emboscada.Si bien había varios posibles itinerarios para llegar desde Cantúhasta Milán, el más lógico, y el que también el príncipe había previsto, era elcamino en dirección suroeste hasta Asnago, donde enlazaba con la carreteraque bajaba desde Como hasta Milán pasando por Fino Mornasco. Enaquellos escasos seis quilómetros podían determinarse dos posiblesubicaciones para una emboscada de aquellas características. Sin embargoúnicamente el lugar donde se encontraban ofrecía la posibilidad de unaretirada franca.En aquel punto, la calzada se estrechaba en una serie de meandrosque ascendían una ligera pendiente, abrigada a un lado por la frondosavegetación que crecía en los márgenes del río Seveso, el cual podía sercruzado rápidamente gracias a que su exiguo caudal era salvado por unpequeño puente de madera, y al otro por la ladera de la montaña calizadonde él se encontraba. Ésta ofrecía numerosos abrigos naturales queconstituían magníficas defensas desde las que disparar y que, además dealgunas cuevas, sólo conocidas por los lugareños más avezados, erarecorrida por una pequeña red de sendas que desembocaban rápidamenteen el pueblo Carimate, donde encontrarían fácilmente refugio seguro.Ahora Gaviota caía en la cuenta que habiendo aceptado el trato conel príncipe había puesto a toda la célula en un grave peligro puesto que lasimple lógica habría conducido a sus enemigos hasta ellos, esperándolos enCarimate o sencillamente, manteniéndose apostados, al otro lado del río.Tomó el silbato que colgaba de su pecho para ordenar retirada y, por uninstante, su dubitativa mano lo mantuvo frente a sí, sin acercarlo a la boca.Fue un momento crucial puesto que, a lo lejos, le pareció escuchar elpetardeo de la motocicleta acercándose.Decidió esperar unos segundos más.Lubov pilotaba la motocicleta mejor que nadie de la célula, y porello había sido el encargado de vigilar toda la tarde el acceso a la casa deScarampa, esperar la salida del camión y el coche y, después seguirlos hastapasar Cantú, adelantarlos para dar la señal al grupo. Apenas Gaviotadistinguió la solitaria luz del faro de la motocicleta sintió que un poderosoflujo de sangre regaba su cerebro y hasta el último de sus músculos. Aguzóel oído y se sintió aliviado al distinguir, bajo el ensordecedor ruido delbicilindro, que Lubov soplaba intermitentemente su silbato. Era la señal
 
El restaurador y la madonnina della creazione- 105 –Todos los capítulos de la novela enhttp://jungladeasfalto.com 
convenida de que nadie más que el convoy esperado venía por la carretera.Con un rápido movimiento encendió su linterna tres veces hacia suizquierda, y esperó respuesta.Punto, raya, punto.Raya, punto, raya.Era la señal convenida. Tampoco nadie se acercaba a su posicióndesde el desvío de la carretera de Lentate sul Seveso. Respiró aliviado. Enprincipio no parecía tratarse de una trampa, por lo que volvió a guardar elsilbato dentro de la camiseta. Los hombres habían escuchado también laseñal y, sin embargo, se habían quedado quietos esperando un gesto suyo.Se sintió imprescindible ante la falta de operatividad de sus camaradas y denuevo lamentó haberse puesto en peligro.
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¡Adelante, Luca!, ¡Adelante! – para evitar posibles delaciones, eranorma de obligado cumplimiento que todos los miembros de lacélula conocieran únicamente los apodos de sus camaradas, aexcepción de él, que era el encargado de bautizar a los reciénincorporados, y eso se cumplía a rajatabla a pesar de que en sugrupo casi todos se conocían con anterioridad, pero en aquellaocasión la parálisis del joven Luca le hizo olvidarse por completo delas normas-.Luca, alias Vladimir, tendió rápidamente el hilo a través de lacarretera y lo conectó a la carga explosiva que, oculta tras un mojón, habríade estallar al paso del primer vehículo, unos treinta metros más adelante dedonde se encontraba el grupo principal. Con algo más de tiempo habríanatravesado un tronco sobre la calzada, o habrían ocultado una carga mayoren uno de los numerosos agujeros del firme, pero la rapidez con la que sehabían llevado a cabo los preparativos de aquella operación había obligado aRaskólnikov, su mejor hombre en la preparación de trampas explosivas, aimprovisar aquella solución. Confiaba que la onda de la explosión, unida aldesconcierto momentáneo de los conductores y la estrechez de la vía hicieradesviarse al arcén al primer vehículo, permitiendo concentrar el fuego en elsegundo.Un cálculo aproximado de la velocidad a la que conducía Lubov y laque debía llevar el camión arrojó que no podían pasar más de dos minutosdesde el aviso del motorista hasta que vieran llegar al objetivo. Y sinembargo aquellos dos minutos se hicieron eternos.Gaviota conocía bien la sensación.

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