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Nerópolis_Álvarez.Montserrat

Nerópolis_Álvarez.Montserrat

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Published by bogacris67
" Los animales de Nerópolis bajo mis caricias Que el desparpajo de la mano en su deriva perezosa, alejada de toda pretensión virtuosística, mero ejercicio para descontraer los músculos, confíe a la exposición pública su luz más plena, la solaridad que grafica toda cruz gamada en la luminosidad de sus extremos ahora extendidos como brazos sacados del cómic underground, la parodia infantil de lo que alguna vez fue parodia siniestra de un rito más antiguo, la infantilidad, que no reniega de un cierto poder destructivo, de la imagen formada a base de pequeños pedazos de letras a modo de un lego soñado por un poeta entregado a los juegos de un pintor también lego. Las seis partes del dibujo-poema, tres miembros acodados reflejando su nomenclatura caleidoscópica, jugando a una regularidad matemática, la que persigue el niño que juega siempre para salvar la seriedad del mundo y del papel blanco, cómo no, aluden al 666, cifras del maldito supremo, que corresponden también a su representante temporal típico según la denuncia paleocristiana, Nerón. Y es sobre la ciudad que palpita bajo su égida sobre la que medita la mano en su abandono. Es Lima, es Asunción... es Nueva York, aun mutilada de sus torres gemelas (estamos hablando del poema “Sólo para decadentes”, extraído de la revista El Augur, Asunción, número especial, octubre de 1993). Si la serpiente intoxicada por la secreciones tumultuosas de su veneno, el orgullo (Chirinos, Los largos oficios inservibles, Lima, 2005) aparece aquí como el sentido denotado y en su avatar crítico de serpiente despedazada (y no en la versión mítica y ya ortodoxa del ouroboros), también la volvemos a encontrar en “Tengo una serpiente”, poema de Underground (Arandurá, Asunción, 2000), en este caso enclaustrada en la covacha moderna del cuerpo burgués minado diariamente por las disciplinas de rigor, en apariencia definitivamente domesticada, salvo por una nota discordante no soñada por los ingenieros del nuevo orden del mundo, la del verbo, que serpea caliente y obsceno desde las ruinas hasta el lector en una enésima revirovuelta, en una cotidiana mutación, la de lo ctónico transfigurado en lo espiritual. La polis de Montserrat Álvarez podría ser definida, en un intento apenas sugestivo y provisorio, por su trasfondo totémico. Hay como un linaje, de realeza solar-incaica, de cognatio severamente pura y de blasones satánicos, que se remonta a una cópula originaria, la de la primera de sus mujeres con la serpiente totémica, esto por jugar con el posible mito primigenio de una estirpe necesariamente rizomática por definición. Porque, y no pocas veces, veremos que, dependiendo del poema, el animal totémico cambia, de elemento, de figura, de armas... Es el caso de “Raposa”, poema del mismo libro ya mencionado, donde el animal cognativo es identificado con un perro. La Raposa reconoce al poeta como uno de los suyos, concediéndole su gesto más valioso, el de la lengua que impregna con su saliva-panacea la mano que ella reconoce como la de un igual, el tendy que todo lo sana, las heridas, la soledad existencial, etc.; palabra ésta, tendy, que en guaraní tiene un extraña duplicidad en su valor semántico, pues también designa el fuego, la llama, la luz, el resplandor, lo que claramente nos retrotrae a lo solar. La Raposa habitaba hasta antes del encuentro los páramos interminables de la incomprensión y el ostracismo de los suyos, los mismos que habita el poeta, todo poeta “que la tiene”. (Acá nos es necesaria una pequeña digresión para acotar que la soledad plena y absoluta ya no le es posible al poeta modernizado e integrado a las redes de la civilización, aquella soledad mencionada en un artículo de Octavio Paz en relación con el indio chaqueño que se interna en lo oscuro, lanzado a la explosión obsesiva del canto durante toda una noche sin que intervenga oyente ni espectador alguno en esta escena y sin que queden huellas o testigos de su poema-canto. Se trata sólo del poeta ante el mundo natural, de la lengua
" Los animales de Nerópolis bajo mis caricias Que el desparpajo de la mano en su deriva perezosa, alejada de toda pretensión virtuosística, mero ejercicio para descontraer los músculos, confíe a la exposición pública su luz más plena, la solaridad que grafica toda cruz gamada en la luminosidad de sus extremos ahora extendidos como brazos sacados del cómic underground, la parodia infantil de lo que alguna vez fue parodia siniestra de un rito más antiguo, la infantilidad, que no reniega de un cierto poder destructivo, de la imagen formada a base de pequeños pedazos de letras a modo de un lego soñado por un poeta entregado a los juegos de un pintor también lego. Las seis partes del dibujo-poema, tres miembros acodados reflejando su nomenclatura caleidoscópica, jugando a una regularidad matemática, la que persigue el niño que juega siempre para salvar la seriedad del mundo y del papel blanco, cómo no, aluden al 666, cifras del maldito supremo, que corresponden también a su representante temporal típico según la denuncia paleocristiana, Nerón. Y es sobre la ciudad que palpita bajo su égida sobre la que medita la mano en su abandono. Es Lima, es Asunción... es Nueva York, aun mutilada de sus torres gemelas (estamos hablando del poema “Sólo para decadentes”, extraído de la revista El Augur, Asunción, número especial, octubre de 1993). Si la serpiente intoxicada por la secreciones tumultuosas de su veneno, el orgullo (Chirinos, Los largos oficios inservibles, Lima, 2005) aparece aquí como el sentido denotado y en su avatar crítico de serpiente despedazada (y no en la versión mítica y ya ortodoxa del ouroboros), también la volvemos a encontrar en “Tengo una serpiente”, poema de Underground (Arandurá, Asunción, 2000), en este caso enclaustrada en la covacha moderna del cuerpo burgués minado diariamente por las disciplinas de rigor, en apariencia definitivamente domesticada, salvo por una nota discordante no soñada por los ingenieros del nuevo orden del mundo, la del verbo, que serpea caliente y obsceno desde las ruinas hasta el lector en una enésima revirovuelta, en una cotidiana mutación, la de lo ctónico transfigurado en lo espiritual. La polis de Montserrat Álvarez podría ser definida, en un intento apenas sugestivo y provisorio, por su trasfondo totémico. Hay como un linaje, de realeza solar-incaica, de cognatio severamente pura y de blasones satánicos, que se remonta a una cópula originaria, la de la primera de sus mujeres con la serpiente totémica, esto por jugar con el posible mito primigenio de una estirpe necesariamente rizomática por definición. Porque, y no pocas veces, veremos que, dependiendo del poema, el animal totémico cambia, de elemento, de figura, de armas... Es el caso de “Raposa”, poema del mismo libro ya mencionado, donde el animal cognativo es identificado con un perro. La Raposa reconoce al poeta como uno de los suyos, concediéndole su gesto más valioso, el de la lengua que impregna con su saliva-panacea la mano que ella reconoce como la de un igual, el tendy que todo lo sana, las heridas, la soledad existencial, etc.; palabra ésta, tendy, que en guaraní tiene un extraña duplicidad en su valor semántico, pues también designa el fuego, la llama, la luz, el resplandor, lo que claramente nos retrotrae a lo solar. La Raposa habitaba hasta antes del encuentro los páramos interminables de la incomprensión y el ostracismo de los suyos, los mismos que habita el poeta, todo poeta “que la tiene”. (Acá nos es necesaria una pequeña digresión para acotar que la soledad plena y absoluta ya no le es posible al poeta modernizado e integrado a las redes de la civilización, aquella soledad mencionada en un artículo de Octavio Paz en relación con el indio chaqueño que se interna en lo oscuro, lanzado a la explosión obsesiva del canto durante toda una noche sin que intervenga oyente ni espectador alguno en esta escena y sin que queden huellas o testigos de su poema-canto. Se trata sólo del poeta ante el mundo natural, de la lengua

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© Nerópolis©Montserrat ÁlvarezHecho eldepósito legalen la Biblioteca Nacional del Perú Nº: 2005-8359Ejemplar realizado por cartoneros de la ciudad de Lima.Encuadernado y pintado de tapas por ellos mismos.©Sarita Cartonera, 2005Proyecto fundador: Eloísa Cartonera. Buenos Aires, Argentina.© Formato de encuadernado: Chunku. Hacedores de Cultura.Diseño y diagramación de interiores:Jaime A. Vargas LunaDiseño de exteriores:Pepe La Rosa, Diego Muñoz, Shylla Marcos
Agradecemosalaautorasu cooperación,autorizandolapublicacn deesteejemplar
Impreso en: El camarote de mi hermanoCalle 5 Mz. F-1, Los Álamos de Monterrico, Surco, LimaContactos:info@saritacartonera.com / www.saritacartonera.comteléfonos: 420 5858 / 9632 4466
 
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A los lectores de Sarita Cartonera:Sarita Cartonera
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, excéntrico proyecto editorial, tiene comoprincipal objetivo difundir la literatura latinoamericana apartir de una propuesta que quiebre el modo de produccnconvencional. Este sello editorial busca devolverle laautenticidad al libro, haciendo del proceso de producciónde cada uno de sus ejemplares una experiencia irrepetible.Los libros cartoneros son hechos con interiores de papelbarato y tapas de cartón comprado a quienes lo recogen enlas calles de Lima. Sus portadas integran el aspecto plásticoal libro, están escritas con témpera y a mano, dándole así acada volumen la condición de único:todos ellos son distintosentre sí aunque se trate del mismo título.El material que caracteriza a este sello editorial es el cartón.Su uso se sustenta no sólo en la reduccn de los costos depublicación sino también en la posibilidad de aprovechar eldiseño presente en este objeto cotidiano. La propuesta delibros de cartón trajo consigo al grupo que la ejecutaría: losrecicladores de cartón, generando trabajo a jóvenes conescasas posibilidades de desarrollo. Un libro cartonero unedos tecnologías de producción: el texto literario -expresióncultural canónica, hoy informatizado- y el trabajo manualque convierte al reciclador de cartón en artesano.
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Sarita Colonia simboliza la esperanza popular, por este motivo fueescogida para encabezar el nombre de este singular proyecto (
o deesta singular institución, nosabemos
) y el uso del cartón, de donde provieneel término Cartonera, nos ayuda a convertir la lectura en una prácticapopular en el Perú.

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