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 AdoradoseaeSantísimoSacramento AveMaPurísima 
4. VENER 
 
 ABLE MANUEL LOZANO “LOLO”
Nació en Linares, 9-VIII-1920, bautizado en la Parroquia de Santa María, 5- IX-1920. Murió en olor de santidad a los 51 años, 3-XI-1971. Se inicia el Proceso deCanonización, fase diocesana, el 11-V-1994 y en Roma el 26-IV-1996. Será el primerseglar beatificado de la Iglesia en Jaén. Debemos prepararnos a tal acontecimiento.La Eucaristía marcó la vida de Lolo; una vida, yo diría con dimensión martirial, eldolor de cada día y el sufrimiento hundido en la médula de su ser; por ello la Eucaristíasustentó su ofrenda por los demás, su fuerza para evangelizar desde la palabra escrita,bellamente escrita, y desde el testimonio de su cuerpo dolorido.Como un Tarsicio de nuest
 
ro tiempo.-Primera Comunión en 1929, primer encuen-tro íntimo con Jesús en la sencillez de un corazón de niño. A los 16 años la guerra civilespañola impone a la Iglesia de Linares el silencio y el calvario. Un sacerdote ocultoconfía a Lolo ser portador disimulado que vaya repartiendo el Pan de los fuertes. Eseregalo lo recuerda con emoción:
“¿Por qué a mí el privilegio y no a otros?” 
Sant
 
a Misa y Comunión.-Este amor a la Eucaristía fraguado ya en el corazón de Lolodesde su niñez, continuará y crecerá como miembro de Acción Católica. Durante el ser-vicio militar, dejaba el desayuno y salía rápidamente para oír misa y comulgar, despuésvolvía entre los que tenían pases de salida. En la Eucaristía encontrará fuerza para suduro calvario. El amor a la Eucaristía aparecería con profundidad y de modo apasiona-do, durante su enfermedad.
“La verdad es que lo que más me gusta es esta vecindad de la parroquia. Está tan cerca que, en primavera y verano, hasta puedo seguir la misa por el toque de la campanilla”.
Lolo tuvo el consuelo de poder celebrar la Eucaristía en lamisma habitación donde discurría su vida... allí el Sacrificio de la Cruz ofrecido al Padrey allí aquel cuerpo clavado al sillón con el alma puesta en Él. Ador
 
ación y c
 
ontemplación de Jesús Sacr
 
amentado.-Escribía Lolo al ponderar la cer-canía a la Parroquia:
“Con todo hay algo mejor aún: el propio Sagrario, situado enfrente. Mientras trabajo, como o duermo, Cristo permanece de cara a mí, apenas a unos veinte metros de distancia . Frente por frente, los dos estamos en postura de dialogo. Cuando sufro,cuando lucho, cuando me afano por ser mejor, me basta a penas mirar de reojo para notar-le como si me estuviera asentando. Si me abato, si me dobla la cabeza alguna infidelidad,cierro aprisa los ojos porque, si los abriera, habría de notar unas pupilas que me acusan”. Antonio Arand 
 
a Calvo
 
H
abla nuestro Consiliario
Boletín Núm. 997Enero 2009
 
Núm. 997 BOLETÍN EUCARÍSTICO 3
Reflexiones para las Juntas de Turno - Enero 2009
“¡GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS!” (Lc 2, 14)
El canto de los ángeles en la Nochebuena es la interpretación teológica revelada de lo quenos trae el nacimiento del Verbo hecho hombre: ese nacimiento al que nos prepara cada añola Liturgia del Adviento y que anualmente conmemoramos el 25 de diciembre.La Encarnación ha tendido un cable que hace posible desde ese momento la comunica-ción entre esas dos orillas, infinitamente distantes, que son Dios y el hombre. A través deese Niño que nace -¡Dios con nosotros!- podrá llegar hasta Dios, el cántico de alabanza quelos hombres están destinados a tributar al Creador, y por medio de Él hará Dios las pacescon los hombres pecadores. Por Jesús va a las alturas la alabanza que los hombres deben aDios y por Él desciende a la tierra la paz que a los hombres quiere Dios devolver. Aunque la mayoría de los hombres lo ignora -o vive como si lo ignorara-, nosotros sabe-mos con San Ignacio que “el hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios”.La creación visible es manifestación de la grandeza, sabiduría y bondad de Dios; pero sóloadquiere sentido cuando aparece en ella el hombre, ser inteligente y libre, capaz de descu-brir y aplaudir esos tributos divinos.Ocurre, sin embargo, que la obligada limitación humana no permite que la alabanza delos hombres a Dios sea ni de lejos proporcionada a lo que Él se merece. Y ocurrió, además,que el hombre pecó y están manchados los labios con los que tiene que alabar a Dios.Desde la Nochebuena, en cambio, hay sobre la tierra un hombre que, unido hipostática-mente a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, ofrece al Padre una alabanza infinita,digna de Dios, que ni los hombres pecadores, ni los ángeles confirmados en gracia pudie-ran de suyo ofrecer.Se comprende que los ángeles lo celebren y nos lo hagan saber a nosotros con su canto dela Nochebuena: Cristo Dios-Hombre, constituido en cabeza de ángeles y hombres, haceposible que, a través de Él, ellos y nosotros podamos dar gloria a Dios -la que Dios se mere-ce- en las alturas.Lo que cantan los ángeles no es un deseo, ni una simple invitación a los hombres; es elanuncio y comprobación de un hecho real: que “por Cristo, con Él y en Él es ya posible tri-butar a Dios Padre Todopoderoso, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda glo-ria”.La Navidad es el comienzo de toda Eucaristía. A través de Jesús, presente entre nosotros, los hombres podemos y debemos dar “gloria aDios en las alturas”.Gloria a Dios porque nos hizo.
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