Prólogo de José Manuel Lorenzo.PrólogoDe repente les abren las puertas del camerino y entre muecasque disimulan su estado de excitación, y grandes aspavientoscon los que tratan de rebajar su tensión, atraviesan el estrechopasillo, bajan unas poco iluminadas escaleras, y de repente, seolvidan de sí mismos, entran en el teatro y una banda demúsica y un ruidoso publico les reciben con la sonrisadibujada, dispuestos a disfrutar de una nueva narración, acercade algo cotidiano, sobre lo que durante quince delirantesminutos ironizarán, sentados en un taburete, circundados poruna emblemática luz de cabaret y delante de un micrófono: esEl Club de la Comedia en su estado más puro.El día que nos propusieron escribir un libro que recopilara losmejores (siempre según la opinión del editor) monólogos, nosabíamos si cometeríamos un error, ya que parecía que dichospasajes estaban escritos para ser interpretados. Sin embargo, alleer el primer libro aprendimos que tenían vida propia más alláde la interpretación teatral o su realización televisiva. Cada unopodría imaginarse las situaciones y construir en los espacios sindefinir su propia exageración de la realidad, y así, casi sinquererlo, miles y miles y algunos millones (bueno, de estoúltimo no estoy seguro) de personas sin ninguna tarareconocida (dato sin confirmar) se acercaron a las librerías ytambién a alguna frutería y ¡venga!: como si no hubiera cosasmás interesantes que leer arrasaron las estanterías, y sinningún pudor por la estética las dejaron vacías. Y claro la típicacadena que hace que todo se mueva, se movilizó: los librerosllamaron a los editores y éstos a los creadores y éstos a losescritores y éstos, bueno, éstos realmente llamaron a susmadres, que, por supuesto, dijeron que se pusieran a trabajarsin descanso aunque se quedaran sin vacaciones. Y ya ven,aquí está la segunda entrega de El Club de la Comedia, humoren letras, sin comas, humor sostenido y sin estridencias, humorpara divertirse leyendo.