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Orígenes - Homilias sobre el Exodo

Orígenes - Homilias sobre el Exodo

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«Quien no combate en la lucha y no es moderado con respecto a todas las cosas, y no  quiere ejercitarse en la Palabra de Dios y meditar día y noche en la Ley del Señor, aunque  se le pueda llamar hombre, no puede, sin embargo, decirse de él que es un hombre  virtuoso» (In Num. Hom. XXV,5
«Quien no combate en la lucha y no es moderado con respecto a todas las cosas, y no  quiere ejercitarse en la Palabra de Dios y meditar día y noche en la Ley del Señor, aunque  se le pueda llamar hombre, no puede, sin embargo, decirse de él que es un hombre  virtuoso» (In Num. Hom. XXV,5

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Orígenes
 
HomilíassobreelÉxodo
Orígenes, egipcio, probablemente alejandrino, era el hijo mayor de una familia ya cristianay numerosa; nació hacia el año 185. Su padre, que se había cuidado de que recibiera unabuena educación tanto en las ciencias sagradas como en las profanas, murió mártir en elaño 202; Orígenes, deseoso de imitarle, seguramente habría seguido la misma suerte sisu madre no hubiese escondido sus ropas, impidiendo así que saliera de casa. Susbienes fueron confiscados, y Orígenes comenzó a trabajar como maestro para ayudar a lafamilia. Ya hemos dicho algo de su carrera docente; basta añadir que reunió a sualrededor a muchos discípulos tanto por el nivel de sus enseñanzas como por el ejemplode su vida
Orígenes, 185-253
 
INTRODUCCIÓN:
OBEDIENCIA A LA PALABRA:Hay un párrafo de las Homilías origenistasque es sumamente indicativo de la forma deleer la Escritura que tenía Orígenes, es decir,según él mismo declaraba, de cómo
 
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practicaba la ascesis verdadera: «Quien no combate en la lucha y no es moderado conrespecto a todas las cosas, y no quiere ejercitarse en la Palabra de Dios y meditar día ynoche en la Ley del Señor, aunque se le pueda llamar hombre, no puede, sin embargo,decirse de él que es un hombre virtuoso» (In Num. Hom. XXV,5). El vocablo latinoexerceri traduce aquí, con sentido preciso, el griego askesis, en el que se equiparan doselementos fundamentales y complementarios: el estudio de la Escritura y la prácticaconstante de la virtud. Así lo afirma en este pasaje del Contra Celsum: BI/ESTUDIO:«Para quien se dispone a leer (la Escritura), está claro que muchas cosas pueden tener un sentido más profundo de lo que parece a primera vista, y este sentido se manifiesta aaquellos que se aplican al examen de la Palabra en proporción al tiempo que se dedica aella y en proporción a la entrega en su estudio (ascesis)» (VII,60). De un modo semejantea Origenes, Eusebio habla de «ascesis» con referencia a los discursos divinos y, «en loque respecta a las enseñanzas divinas», y justamente refiriéndose a Origenes, dice queéste «practicaba la ascesis» con respecto a la Palabra (cf. Hist. Eccl. VI, III 8-9). Confondo y expresiones parecidas al pasaje de la Homilía sobre el libro de los Números,antes citada, Melodio de Olimpo veía la participación en la fiesta de los tabernáculos esdecir, en la «alegría del Señor», como fruto de la fe y de la «ascesis y meditación de laEscritura» (El Banquete, IX,4). HO/SERMON: Uno de los inconfundibles aspectos de estaascesis global de la Palabra, que condiciona a los demás, es la obediencia a la Palabraen cuanto tal. Si ésta es la característica de toda la lectura origenista de la Escritura, enlas Homilias lo es de una manera programática. Un comentario bíblico, por su naturaleza,puede ser utilizado para hacer un sermón con tesis, mientras que la homilía, explicacióneclesial que obedece a una exposición continua y unitaria de la Palabra, renuncia, deantemano, a cualquier intento de elaboración «teológica» para exponer el puro proyectodivino que resulta de las páginas bíblicas. ¿Cuáles son las características de estaobediencia a la Palabra? Ante todo, hay un dato de Iglesia, al que Orígenes se somete, yque, más bien, es el suyo por excelencia: la lectura constante de la Palabra. La Iglesiaanuncia pero no selecciona la Palabra, como si en ella hubiese puntos más o menosválidos. Precisamente porque es una semilla, la Palabra es asumida en su totalidad:«...así sucede también con esta Palabra de los libros divinos que se nos ha proclamadosi encuentra un experto y diligente cultivador; aunque al primer contacto parezca menuday breve, en cuanto comienza a ser cultivada y tratada con arte espiritual, crece como unárbol...» (In Ex. Hom. 1,1).La Palabra es una trompeta de guerra, que excita a la lucha (cf. In Ex. Hom. lll,3) y por ello debe plantearse en toda su plenitud, para poder disfrutar de su pujanza victoriosa (cf.In Ex. Hom. IV,9). La lectura continua permite, además, seguir la línea de la historia de lasalvación en la continuidad que, desde la Ley, conduce a las fuentes del NuevoTestamento: «...encontramos el orden de la fe. El pueblo es conducido primero a la letrade la Ley; mientras permanece en su amargura, no puede alejarse de ella; pero cuandoha sido transformada en dulce por el árbol de la vida (cf. Pr. 3,18) y ha comenzado a ser espiritualmente comprendida, entonces del Antiguo Testamento se pasa al Nuevo, y sellega a las doce fuentes apostólicas» (In Ex. Hom. Vil,3).Es hermoso descubrir esta frase: el orden de la fe. Una vez establecida la primacíaontológica de Cristo, y, por tanto, del cristianismo, es posible recorrer de nuevo en supleno sentido los acontecimientos de la historia bíblica, penetrando en ellos. Si éste es untema común a toda la exégesis origenista, en las Homilías sobre el Éxodo alcanzapasajes de extraordinaria inspiración, como en el célebre de la Homilía II, en el que la Leyse contempla como los pañales deslucidos y rústicos que envuelven a Moisés, niñobellísimo, de los cuales lo desata y libera la Iglesia, la hija del Faraón, venida de entre losgentiles. «Tengamos un Moisés grande y fuerte, no pensemos de él nada pequeño, nada
 
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mezquino, sino todo magnffico, egregio, hermoso... y oremos a nuestro Señor Jesucristo,para que Él nos revele y nos muestre cuán grande (cf. Ex. 11,3) y cuán sublime esMoisés» (11,4).Esta lectura fiel, que no pretende apartarse de la más mínima frase de la Escritura,permite captar una dimensión ulterior: en la primera alianza se contiene, como en unfecundo capullo de promesas, toda la maravillosa floración de la Nueva Alianza.Pensemos en Moisés, que recibe el consejo de su suegro Jetró, sacerdote de Madián, esdecir, un gentil:«Moisés, que era un hombre manso, más que todos los demás (Num 12,3), acepta elconsejo de un inferior para proporcionar a los jefes de los pueblos un modelo de humildady para indicar la imagen del misterio futuro. Sabía que había de llegar el tiempo en quelos paganos daríaun un buen consejo a Moisés, ofreciendo una inteligencia buena yespiritual de la Ley de Dios; y sabía que la Ley los escucharía y que haría todo lo queellos dijeran» (In Ex. Hom. Xl,6).
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2. El Nuevo Testamento, ex égesis del AntiguoNos apremia, ante todo, concretar la relación de Orígenes con San Pablo. En estasHomilías, Origenes se refiere a Pablo muchas veces; cuando se trata de profundizar en elmisterio de los patriarcas, se expresa en estos términos: «Así pues, si alguno puedeexplicar estas cosas en sentido espiritual y seguir la interpretación del Apóstol. . . » (InEx. Hom. 1, 2); y en el comienzo de la Homilía V, al recordar la interpretación auténtica,sacramental, del Éxodo, dice: «Doctor de los pueblos en la fe y en la verdad (cf. 1Tm2,7), el apóstol Pablo ha transmitido a la Iglesia cómo deben ser usados los libros de laLey, que fueron recibidos por otros y que eran desconocidos y muy extraños para ella. . .» (V,1), y concluye: «Por tanto, cultivemos las semillas de la inteligencia espiritualrecibidas del santo apóstol Pablo, en la medida en que se digna iluminarnos el Señor gracias a vuestras oraciones» (V,1). Cuando se trata de acoger con humilde verdad lasluces que vienen de los gentiles en orden a las cosas de Dios, todavía el Apóstol nosadvierte: «La Escritura dice: Escuchó Moisés la voz de su suegro e hizo todo lo que lehabia dicho (Ex. 18,24). «También nosotros, si alguna vez por casualidad encontramosalgo sabiamente dicho por los paganos, no debemos despreciar las palabras junto con elnombre de su autor, ni conviene, por el hecho de poseer la Ley dada por Dios,hincharnos de soberbia y despreciar las palabras de los prudentes, sino como dice elApóstol: Probándolo todo, retened lo bueno (1Th 5,21)» (In Ex. Hom. XI,6).Al Apóstol es referida, también, la ley exegética fundamental, la conversión. Es éste elgran tema de la Homilia XII: Y cuando nos convertimos al Señor se arranca el velo:«Como dice el Apóstol, está puesto un velo en la lectura del Antiguo Testamento (2Co3,14), y habla ahora Moisés con el rostro glorificado, pero nosotros no podemoscontemplar la gloria que está en su rostro... Pero cuando uno se convierta al Señor, elvelo será removido (2Co 3,16)» (XII,1).Es evidente que, al asumir el Apóstol la clave exegética, cuando uno se convierta alSeñor el velo será removido, Origenes se refiere a Pablo, no tanto en cuanto a unmaestro extraño, sino que va más allá: recurre a la lectura paulina de la Escritura comofuente de vida en sí misma. Es decir, Origenes reencuentro a Pablo en la comunión delos santos y acepta el magisterio sobre la Escritura como un dato revelado.

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