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Montgomery, W. (2010). Problemas teóricos y metodológicos en el campo de la evaluación clínicaconductual.
 Nuevos Paradigmas: Revista Psicológica de Actualización Profesional, 4
(1), 39-58.ISSN 1999-1657.
PROBLEMAS TEÓRICOS Y METODOLÓGICOS EN EL CAMPODE LA EVALUACIÓN CLÍNICA CONDUCTUAL
1
 William Montgomery Urday
2
 
RESUMEN
Se indica que a pesar del acercamiento entre enfoques clínicos se siguen manteniendo diferencias fundamentales en laconceptualización del trabajo evaluativo, que puede inclinarse por la alternativa internalista o la conductual. La segundase formuló como una superación radical de la primera, pese a lo cual actualmente muestra aparentes problemas en elseguimiento de ciertas pautas. Este artículo se centra en la discusión de dichas dificultades, escogiendo tres asuntos decontroversia teórica y metodológica al interior de la evaluación conductual: 1) evaluación directa
adversus
evaluaciónindirecta, 2) abordaje molecular
adversus
abordaje molar, y 3) diagnóstico funcional
adversus
diagnóstico nosológico.Palabras clave: Teoría, metodología, evaluación, conducta, diagnóstico, clasificación, psicología clínica.
ABSTRACT
Indicates that despite of rapprochement between clinical approaches are both still fundamental differences in theconceptualization of assessed work, it can opt for etiological or behavioural alternatives. The second option wasformulated as a radical improvement of the first, despite which now shows apparent problems in following certainguidelines. This article focuses on the discussion of these difficulties, choosing three issues of theoretical andmethodological controversy within behavioral assessment: 1) direct assessment adversus indirect assessment, 2)molecular approach adversus molar approach, and 3) functional diagnosis adversus nosological diagnosis.Key words: Theory, methodology, evaluation, behavior, diagnosis, classification, clinical psychology.
El campo de la evaluación clínica viene convirtiéndose en uno de los más importantes de lapsicología, como lo muestra su gran expansión en los últimos quince años y la explosión de nuevastecnologías e ideas. El desarrollo de métodos de biorretroalimentación adaptables a la medición derespuestas somáticas y fisiológicas está en auge, y los tests de manejo virtual se imponen comomedios sumamente prácticos. En ese lapso han surgido varias publicaciones e institucionesespecializadas dedicadas al desarrollo del campo, entre ellas el más extenso manual en español deevaluación en clínica y salud (Buela-Casal, Caballo y Sierra, 1996), y un manual de considerablenúmero de tomos en inglés editado por Michael Hersen (2004). Incluso se ha redactado una
 
Guía Internacional del Proceso de Evaluación Psicológica
, a cargo de una comisión especial formada alinterior de la
Sociedad 
 
 Europea de Evaluación Psicológica
con el fin de promover un adecuadoacercamiento profesional a dicho campo (Fernández-Ballesteros, 2004b). Las cuatro grandessecciones de esa guía son las etapas referidas al análisis del caso, su organización e información alcliente, su planificación, su valoración y seguimiento, permitiendo introducir un factor más deunificación metodológica para las labores de los distintos psicólogos y orientaciones psicológicas.No obstante, más allá del acercamiento metodológico existente hoy en la psicología, es unhecho que los supuestos que cada profesional tiene sobre la naturaleza del comportamiento humanotambién determinan las operaciones de medición que lleva a cabo, salvo en los casos en que hayauna confusión conceptual de gran magnitud, o la imposibilidad de efectuar dichas operaciones demanera normal.
1
Este artículo se elaboró sobre la base de una conferencia dictada en el
 II Seminario de Psicología Conductual e Interconductual
(12/11/09), en la Universidad Nacional Federico Villarreal.
2
Psicólogo. Catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Correo electrónico: avidolector@yahoo.es
 
Ciertamente, más allá de los adornos, las alternativas conceptuales de que se dispone a nivelevaluativo no son muchas. En esencia, son dos. Una de ellos, la más antigua, puede ser llamada
internalista, etiológica
o
tradicional
, debido a su característica búsqueda de las “causas íntimas” delos trastornos psicológicos. Fernández-Ballesteros (2004a, p. 51) la esquematiza como
C =
 
 fP
(laconducta es una función de variables intrapsíquicas: factores, dimensiones, construccionesdinámicas o constructos psicopatológicos). La otra puede ser llamada simplemente
conductual
,debido a que centra su interés en el desempeño objetivo del individuo y sus interacciones con elmundo (la conducta es una función de las condiciones ambientales y biológicas históricas yactuales, y de los repertorios disposicionales básicos que forman la personalidad).Más detalladamente, las diferencias entre enfoques clínicos pueden sintetizarse desde laperspectiva de Barrios (1990/1993), quien señala lo siguiente en términos de objetivos, supuestos yaplicaciones instrumentales que los distancian:El enfoque internalista pretende, en primer lugar, diagnosticar o clasificar las condicionesproblemáticas fundándose en la clasificación nosológica cuyo desarrollo parte de Krapelein (véaseAlarcón, 1995); en segundo lugar identificar aquellos factores etiológicos que les subyacen; y, entercero, pronosticar. Desde este punto de vista, la conducta de un individuo es función de variablesintrapsíquicas o personales, por lo que el comportamiento en una prueba se ve como variable, rasgoo estado personal subyacente y permanente. Así pues, la evaluación tradicional presta poca atencióna la representación de características medioambientales, interesándose más por representaradecuadamente aquellas variables personales, estados o rasgos internos. Sus mediciones son escasasy predominantemente cualitativas, por lo general sólo antes y después del tratamiento.El enfoque conductual procura, principalmente, identificar conductas problemáticas y lascondiciones que las mantienen, poniendo en cuestión la nosología psiquiátrica que guía eldiagnóstico tradicional; en segundo lugar, seleccionar un tratamiento apropiado; y, en tercero,evaluar la eficacia del tratamiento. El comportamiento es concebido como función de variablessituacionales o de su interacción con variables personales, por lo que el comportamiento en unaprueba se ve como muestra del repertorio de respuestas ante una situación específica. Así, el interésradica en representar adecuadamente tanto las características del contexto medioambiental quedetermina la conducta como el repertorio disposicional del individuo. Sus evaluaciones sonrepetidas en momentos clave o durante todo el tratamiento, abogando por la planificación, laexactitud y la verificación sistemática de los cambios.Sin embargo, pese a que en su calidad de objetivos, supuestos y aplicaciones parecería estarpor encima o muy alejada de la evaluación tradicional, y que históricamente haya habido unasaludable evolución a un modelo interactivo (Haynes y Heiby, 2004), la evaluación conductual nocarece de problemas. Aun cuando la cosa puede estar medianamente clara respecto a las líneasbásicas del enfoque, al interior hay toda una pugna sobre a las modalidades que adopta según latendencia teórica “intraparadigma conductual” desde la cual se practica. En este sentido, el presenteartículo toca tres dilemas que están vigentes hace algún tiempo en la discusión teórica ymetodológica de los analistas conductuales: 1) evaluación directa
adversus
evaluación indirecta, 2)abordaje molecular
adversus
abordaje molar, y 3) diagnóstico funcional
adversus
diagnósticonosológico.En los siguientes parágrafos se consideran los aspectos principales de esas controversias, así como sus formas de resolución.
EVALUACIÓN DIRECTA
 ADVERSUS
EVALUACIÓN INDIRECTA
Como es conocido, en el origen de la evaluación conductual se halla el cuestionamiento a laevaluación tradicional. Esto en el sentido de que abandona las prácticas “mentalistas” de considerarel escrutinio de la conducta únicamente como un indicador manifiesto de procesos internos que laexplican (evaluación indirecta). En contraposición, la medición conductual propicia unaconsideración más atenta a los métodos observacionales de registro, ligados a la ocurrenciafuncional inmediata del comportamiento en un contexto (evaluación directa). Ello significa aplicar
 
un
bajo nivel de inferencia
en las construcciones sobre la conducta evaluada (Fernández-Ballesteros, 1994), lo que proporciona, además, la disposición de tasas cuantitativas que sirven parafijar una línea base previa a las intervenciones (de carencias o excesos conductuales) con el fin deidentificar los cambios posteriores.¿Hasta qué punto los analistas conductuales han sido consecuentes con esa estrategia demedición directa en su trabajo clínico? Puede decirse que poco. Sondeos informales sobre laslabores de psicólogos clínicos (y educativos) de orientación conductual, interconductual,contextualista y cognitivo-conductual declarada, parecen indicar que sea por falta de tiempo, seapor imposibilidad material, o sea por limitación conceptual, la mayoría utilizan tests
  
inventarios,escalas, cuestionarios y otros procedimientos tradicionales
  
para evaluar indirectamente a susclientes, independientemente de que también usen alguna forma de registro directo.En la práctica, entonces, lo que hay es un eclecticismo evaluativo y un uso generalizado deconstructos sobre la personalidad, para proceder a emitir diagnósticos e informes psicológicos. Esose halla bastante alejado de los supuestos del enfoque conductista radical ortodoxo, en cuyo seno seinició la crítica a la perspectiva etiológica. Si se pregonan restricciones teóricas y metodológicas ala vez que se es inconsecuente con ellas, el resultado es una crisis de enfoque, la cual, a su vez,repercute en la imagen de los analistas del comportamiento y en el desprestigio de la asuncióncientífica de la evaluación conductual. Así es como se produce un aumento acelerado de quienes ensu devenir profesional, pese a partir de una vocación sistemática y naturalista, son incapaces deseguir una inconveniente línea inductiva ortodoxa y prefieren autodenominarse, de una manera máso menos “vergonzante”, como terapeutas
cognitivo-conductuales
en vez de
analistas conductuales
o
conductistas
, incluso convirtiéndose sorprendentemente en críticos ácidos del conductismo engeneral desde el punto de vista que adoptaría un cognitivo “puro”, sin serlo (p. ej. véase Vila yFernández-Santaella, 2009).Pero la división maniquea entre métodos de evaluación directa e indirecta es, en realidad,innecesaria, como también lo es la asunción de un enfoque ecléctico. El paradigma conductual tienela potencialidad conceptual y empírica suficiente como para resolver el problema abarcando ambostipos de evaluación y otros, sin caer en inconsecuencias teóricas ni metodológicas. Como lo señalanFernández-Ballesteros y Staats (1993), existe un modelo capaz de asumir la justificación de tareasevaluativas a través de instrumentos que recogen autoinformes, y de análisis funcionales de casobasados en hipótesis teóricas. Este modelo es el de los
repertorios básicos conductuales
, (llamadosen otro contexto “
behavioral cusps
”: Hixson, 2004), complejos sistemas de respuestasinterrelacionadas, aprendidas en la historia de condicionamiento de cada individuo, que puedenactuar como determinantes de su conducta posterior. Como tales repertorios son de orden cognitivo-lingüístico, emotivo-motivacional y sensorial-motor, debe esperarse que un cambio al interior deesos repertorios afecte al resto. Por ejemplo, las respuestas verbal-motoras
  
que son un sub-repertorio cognitivo-lingüístico de rotulación de actos motores concretos
  
, adquieren su controlrecíproco de palabra-acción en el transcurso de progresivas interacciones, ampliándose a repertorios(auto)instruccionales que permiten al individuo no sólo dirigir su propia conducta, sino tambiénpredecirla.Lo que miden los diversos tests es cierta parte de esos repertorios en función a diversassituaciones hipotéticas, planteadas en los reactivos. Esta parte es una
muestra
de lo que pasaría si elindividuo evaluado se encontrara en una situación semejante a la planteada por el test. Dichamuestra tiene, a su vez, que ser correlacionada con otros datos obtenidos a través de una evaluaciónmás completa, que incluye registros directos y autorregistros.Por tanto, para el manejo conductual las clásicas pruebas psicométricas tienen valor sólo entanto
muestreen
, no estrictamente “rasgos” molares (de los cuales brota una idea ya en laentrevista), sino
 patrones de comportamiento funcionales a ciertos contextos
interesantes a laintervención). De tal manera, es mejor saber cómo reacciona una persona ante una situacióndiscriminativa o ante una tarea por resolver, que conocer si es, p. ej., “inteligente” (
in abstracto
) o“mentalmente maduro”. En este sentido, el universo de pruebas tradicionales adaptables con finesde evaluación conductual es prácticamente ilimitado. Por ejemplo, el
Cuestionario de Síntomas
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