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Síndrome de Asperger y Autismo de alto funcionamiento

Síndrome de Asperger y Autismo de alto funcionamiento

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AUTISMOREV NEUROL 2009; 48 (Supl2): S31-S34S31
INTRODUCCIÓN
Los estudios basados en la clínica sugieren que la depresión y laansiedad son los trastornos psiquiátricos más comunes en per-sonas con trastorno autista [1-3]. Algunos síntomas relaciona-dos con el estado de ánimo ya se observaron en las descripcio-nes más tempranas del trastorno. Kanner [4] ya sugirió que mu-chas de las características nucleares del trastorno, especialmen-te la invarianza ambiental y el repertorio de comportamientosrepetitivos, obsesivos y estereotipados, conducían a la manifes-tación de sintomatología depresiva y ansiosa.La práctica clínica y educativa también nos revela que lasperturbaciones afectivo-emocionales y conductuales son bas-tante comunes en el síndrome de Asperger (SA) y el autismo dealto funcionamiento (AAF). Es lícito preguntarse, por tanto, sitales perturbaciones afectivas y emocionales no configuran, enalgunos casos, un trastorno psiquiátrico comórbido a estos tras-tornos. Pretendemos examinar los correlatos y consecuenciasde la coocurrencia entre SA/AAF y los trastornos de ansiedad ydel estado de ánimo. Para ello, se presenta una revisión de la bi-bliografía científica y de las investigaciones al respecto queaportan evidencias empíricas de esta cuestión de manera quepueda plantearse una futura prospectiva de investigación. La au-sencia de estudios con rigor metodológico en nuestro país plan-tea la necesidad de abrir nuevas líneas de investigación al res-pecto dentro de nuestras instituciones y servicios de atención alas personas con SA/AAF.
DESARROLLO
En un reciente estudio de Hutton et al [5] se realiza un segui-miento durante, al menos, 21 años de 135 personas diagnostica-das de trastornos del espectro autista en la infancia y con co-ciente intelectual (CI) superior a 30. En el estudio se examina laaparición de nuevos trastornos psiquiátricos en la vida adoles-cente o adulta que no estaban presentes en el momento en quese manifestó y diagnosticó el autismo en la infancia. De los pa-cientes de muestra se localizaron 39 casos con un posible tras-torno psiquiátrico nuevo, a quienes se les realizó una valoraciónpsiquiátrica en detalle a través de la entrevista a los padres. El16% padeció un nuevo trastorno psiquiátrico confirmado. Un6% desarrolló una posible nueva alteración sin diagnóstico fir-me. Cinco personas se vieron afectadas por un trastorno obsesivo-compulsivo y/o catatonía, ocho desarrollaron una alteración afec-tiva compleja, una persona tuvo trastornos de la alimentación,una presentó un trastorno bipolar que requirió de varios interna-mientos, y otra persona desarrolló un estado de ansiedad agudacomplicada con ideas paranoides, exceso de alcohol y privaciónde sueño. No se produjo ningún caso de esquizofrenia. Los re-sultados no muestran una asociación entre los factores pronósti-cos del desarrollo de autismo y el suceso de nuevas alteracionespsiquiátricas. Las personas con buen funcionamiento (inteligen-cia no verbal normal) estaban tan afectados como las personascon alteraciones graves que vivían en régimen residencial. Undato de este estudio que conviene subrayar es que fue común laaparición de nuevos trastornos psiquiátricos, cuando se dieroneventos o cambios vitales negativos (p. ej., en los casos de perso-nas más afectadas, un cambio de residencia, cambio de cuida-dores o cambios en las rutinas familiares; en los casos de perso-nas menos afectadas, la pérdida de empleo o la muerte de un serquerido).La depresión es el trastorno psiquiátrico más común en ado-lescentes y adultos con SA. Ghaziuddin et al [6], basándose enentrevistas semiestructuradas, la hallaron en el 37% de la mues-tra (en 13 de 35 sujetos con SA). Además, tras investigar las his-torias familiares de los niños con autismo comparando la histo-
SÍNDROME DE ASPERGER Y AUTISMO DE ALTO FUNCIONAMIENTO:COMORBILIDAD CON TRASTORNOS DE ANSIEDAD Y DEL ESTADO DE ÁNIMO
 Resumen.
Introducción
. La comorbilidad entre el síndrome de Asperger (SA) y los trastornos del estado de ánimo y de ansie-dad parece ser altamente significativa. Por ello, se presenta una revisión de la bibliografía científica más actual que aporteevidencias empíricas a tal hipótesis con el objetivo de plantear una prospectiva de investigación.
Desarrollo
. La valoración yel diagnóstico del funcionamiento psicosocial analizado en personas con SA o autismo de alto funcionamiento (AAF) confir-man una proporción significativa de casos con sintomatología depresiva y ansiosa, y en muchos de ellos se eleva a la catego-ría de trastornos comórbidos.
Conclusión
. Es necesaria una mejor formulación diagnóstica ya que las perturbaciones afectivo-emocionales y conductuales pueden aparecer enmascaradas como sintomatología asociada al SA/AAF. Identificar y reco-nocer dicha comorbilidad psiquiátrica mejorará el funcionamiento psicosocial de estas personas. [REV NEUROL 2009; 48(Supl 2): S31-4]
 Palabras clave.
 Autismo de alto funcionamiento. Comorbilidad. Síndrome de Asperger. Trastornos de ansiedad. Trastornosdel estado de ánimo.
 Aceptado: 09.01.09.
a
 Departamento de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación.Universitat de Barcelona.
b
Posgrado de Trastornos del Espectro Autista. Ins-titut de Ciències de l’Educació. Universitat de Barcelona. Barcelona.
c
 DE- LETREA (Diagnóstico, Evaluación del Lenguaje y Tratamiento del Espec-tro Autista). Madrid, España.Correspondencia: Dra. Isabel Paula Pérez. Universitat de Barcelona. Cam- pus Mundet. Edif. Llevant, 2.º piso, despacho 275. Pg. Vall d’Hebron, 171.E-08035 Barcelona. E-mail: isabelpaula@ub.edu
©
2009,
 REVISTA DE NEUROLOGÍA
Síndrome de Asperger y autismo de alto funcionamiento:comorbilidad con trastornos de ansiedad y del estado de ánimo
I. Paula-Pérez
a,b
, J. Martos-Pérez
c
 
I. PAULA-PÉREZ, ET ALREV NEUROL 2009; 48 (Supl2): S31-S34S32
ria familiar de 13 niños autistas con depresión (11 niños y 2 ni-ñas, con un CI de media de 86,2 y una edad promedio de 10,4años) con 10 niños autistas sin una historia previa recurrente dedepresión (9 niños y 1 niña, con un CI de media de 67 y unaedad promedio de 10,5 años), estos autores informaron que diezde los niños deprimidos (77%) tenían una historia familiar dedepresión en comparación con tres casos (30%) del grupo de ni-ños sin depresión. Asimismo, sugirieron que, al igual que en lapoblación normal, los niños con autismo que padecen depresiónes más probable que tengan un historial familiar de depresión.Otros autores [7,8] han informado de la presencia de otrostrastornos psiquiátricos. En concreto, se han comparado niñosque tenían una historia familiar de trastorno afectivo bipolar conotros niños con trastornos del espectro autista (TEA) sin esa va-riable familiar, y se han observado claras diferencias en los per-files sintomatológicos. Los niños sin historia familiar de trastor-no afectivo bipolar no presentaban marcadas variaciones cícli-cas de comportamiento, manifestaban una menor agitación, me-nos ansiedad y agresividad, y presentaban un funcionamientomás bajo. En cambio, los niños con historia familiar de trastor-no afectivo bipolar mostraban afectos extremos, ciclotimia, in-tereses obsesivos intensos, trastornos neurovegetativos y regre-siones después de un período normal de desarrollo. En particu-lar, existe un gran riesgo de trastorno bipolar en miembros de lafamilia de personas con SA, e incluso se ha diagnosticado untercio de familiares de personas con TEA que padecían trastor-no afectivo bipolar [9].Los factores que llevan a las personas con SA a tener unriesgo mayor de síntomas psiquiátricos comórbidos, tales comola ansiedad y la depresión, todavía no se han comprendido deltodo. En su estudio de la depresión en personas con autismo,Ghaziuddin et al [2] examinaron los factores que influían enla presencia de depresión, tales como el nivel de inteligencia, laedad, el sexo, los trastornos médicos asociados, el rol de los fac-tores genéticos y los eventos vitales. Estos autores hallaron quelas personas con autismo deprimidas presentaban un amplio es-pectro de síntomas que van desde la irritabilidad a la tristeza, laagresión y el comportamiento suicida. Mientras que la depre-sión puede diagnosticarse formalmente en personas con un ele-vado funcionamiento con el mismo criterio que se utiliza para lapoblación general, el diagnóstico puede ser extremadamentecomplicado en aquellas personas con autismo que tienen gravesalteraciones cognitivas y de la comunicación. Los factores quepueden contribuir a la aparición de la depresión son variados.Mientras que en algunos casos puede darse por causalidad, enotros puede resultar de una combinación de factores genéticos oambientales, o ambos. Incluso, la depresión parece concentrarseen algunas familias con autismo, aunque no existen evidenciasde que forme parte de un fenotipo más amplio del autismo. Lapresencia de otros trastornos médicos puede contribuir a dichaasociación.Por su parte, Hedley et al [10] investigaron la relación entrelos procesos de comparación social y los síntomas depresivosen 36 participantes con SA (34 niños y 2 niñas) con edades com-prendidas entre 10 y 16 años. Utilizando una escala de compa-ración social y un inventario de depresión en niños, observaronuna correlación significativa entre síntomas depresivos y la es-cala de comparación social, lo cual parece sugerir que es un fac-tor a tener en cuenta en la medida en que se proporcionan evi-dencias de la existencia de una relación entre factores psicoso-ciales y síntomas depresivos. Estos autores consideran que exis-te una necesidad real de desarrollar, investigar y valorar tantolas herramientas de intervención como las de diagnóstico paralas personas con SA. Los investigadores sugieren que puede serefectiva aquella intervención que ayude a las personas con SA aentender, aceptar y apreciar sus diferencias.El estudio de Meyer et al [11] investigó la posibilidad deque las dificultades emocionales y conductuales en niños de en-tre 8 y 14 años con SA estén asociadas a los procesos de infor-mación y atribución social. Participaron 31 niños con SA y 33niños con desarrollo normal. Los niños respondieron a viñetassociales hipotéticas para valorar la información social y los pro-cesos de atribución. También completaron autoinformes sobrelas dificultades sociales y el funcionamiento psicológico. Lospadres, además, proveyeron de información sobre la competen-cia social y la presentación clínica. En los resultados del estu-dio, los niños con SA presentaron una pobre adaptación psico-social que estaba relacionada con su información social queproporcionaron y los patrones de procesamiento atribucional.Las habilidades cognitivas y cognitivo-sociales se asociaroncon la tendencia del procesamiento de la información, pero nose relacionaron con las dificultades emocionales y conductua-les. Así, los resultados parecen sugerir que los síntomas comór-bidos pueden estar asociados a la percepción, la comprensión yla experiencia social de las personas con SA, reforzando el ries-go significativo de alteraciones psiquiátricas comórbidas y elSA. Al igual que ocurrió en otros estudios previos [6,12], lospadres de niños con SA informaron de altas tasas de síntomasmás externos (p. ej., la agresividad) y más internos (p. ej., la de-presión) en sus hijos. Los propios niños informaron de altas ta-sas de ansiedad y estrés social, así como una menor satisfaccióny competencia en las relaciones interpersonales. Se hallaron,además, indicadores que apuntaban a que los niños con SA erancapaces de informar de sus propias dificultades emocionales ysociales. En primer lugar, los autoinformes de los niños sobre suansiedad social estaban sistemáticamente correlacionados conlos informes de los padres sobre alteraciones en la competenciasocial de sus hijos. En segundo lugar, los niños informaron de lapropia toma de conciencia de sus dificultades sociales, relacio-nadas directamente con su manera de procesar la informaciónsocial. En tercer lugar, los autoinformes de los niños sobre susdificultades emocionales se relacionaron sistemáticamente consu manera de procesar la información social. Cada una de estasobservaciones sugería que los niños con SA en este estudio te-nían una introspección (
insight 
) suficiente como para autoinfor-mar de sus problemas emocionales y sociales, lo que coincidecon los hallazgos de otros investigadores, quienes sugieren quelas personas con SA/AAF son capaces de informar sobre suspropias emociones, son conscientes de sus dificultades socialesy tienden a las autoevaluaciones negativas y a la soledad [13].El estudio de Meyer et al mostraba incluso que los niñoscon SA eran capaces de interpretar y hacer atribuciones sobresus situaciones sociales aun cuando manifestaban los típicos pa-trones de déficit en la teoría de la mente y habilidades socio-cognitivas, por lo que puede ser importante comprender las ha-bilidades sociocognitivas y los procesos de atribución social co-mo dominios de actividad potencialmente separables y, en con-secuencia, las fortalezas y las debilidades en las medidas cogni-tivo-sociales pueden no revelar necesariamente cómo los niñoscon SA entienden y se enfrentan a las situaciones sociales. Al-gunos niños exhibieron una tendencia negativa en respuesta aviñetas sociales ambiguas. Esta tendencia fue relevante para su
 
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funcionamiento emocional y conductual. Sobre todo los niñoscon SA mostraron menos competencia en comprender escena-rios sociales y generar respuestas adaptativas en este tipo de ta-reas comparados con los niños del grupo control. Este estilo depensamiento puede estar relacionado con fuertes emociones oincapacidad para generar una variedad de respuestas y conside-rarlas desde todas las perspectivas posibles. La incapacidad pa-ra generar respuestas competentes, habilidades pobres en la to-ma de decisiones y una reactividad emocional fuerte pueden es-tar interrelacionadas con los déficit que se dan en los niños conSA en riesgo de padecer un ajuste psicológico insuficiente. Po-dría concluirse, por tanto, que las personas con autismo puedenvariar en su toma de conciencia social y de los otros. En los ca-sos de SA/AAF, una mayor conciencia social y una mayor mo-tivación pueden llevar a una percepción más clara de las propiasdificultades en esos dominios sociales. Esta percepción, acom-pañada de experiencias negativas repetidas e interacciones so-ciales no exitosas, puede contribuir al desarrollo de aspectos co-mórbidos psicopatológicos que con el tiempo minan la calidadde vida de estas personas [14].Cuando se ha analizado el funcionamiento social y psiquiá-trico en adolescentes con SA en comparación con adolescentescon trastornos de la conducta [15], el grupo de adolescentes conSA ha mostrado dificultades más intensas en el funcionamientopsicosocial a pesar de las buenas habilidades cognitivas y la fal-ta de retraso en el desarrollo de lenguaje temprano, con altos ni-veles de trastornos de ansiedad. En ambos grupos se halló: de-presión, ideación suicida, temperamento difícil y comporta-mientos desafiantes. Los autores sugieren que la depresión y laansiedad en personas con SA refleja una toma de concienciaparcial entre los que tienen trastornos menos graves, y el com-portamiento antisocial y peligroso está relacionado con déficitprimarios en la empatía. También se argumenta que las altera-ciones sociales y la falta de relaciones cercanas hace a las per-sonas con SA más vulnerables a síntomas afectivos secundariossimilares a los que pueden aparecer en otras personas con difi-cultades en la socialización (p. ej., personas con trastornos de laconducta). La historia educativa de los participantes en el estu-dio (20 adolescentes con SA, 20 adolescentes con trastornos dela conducta) enfatiza la gravedad de las dificultades de adapta-ción en ambos grupos, junto con una necesidad de recursos edu-cativos especiales en un 80% en los trastornos de la conducta yun 65% en el SA. Entre las dificultades sociales más importan-tes de los individuos con SA destacaba la falta de habilidad pa-ra la vida independiente, aunque su inteligencia y funciona-miento en otras áreas eran buenos. Ninguno fue capaz de man-tener un trabajo a tiempo parcial. El área en la que ambos gru-pos mostraron profundas dificultades fue el área de las relacio-nes sociales, pero con una gran diferencia: esta capacidad erauniformemente baja en todos los sujetos con SA, pero no estabatan afectada en los sujetos con trastorno de la conducta. Ambosgrupos manifestaron una toma de conciencia insuficiente sobresus dificultades, aunque en un tercio de los sujetos con SA la to-ma de conciencia fue nula. Asimismo, los resultados del estudiohallaron que los síntomas externos eran comunes en ambos gru-pos y, en cambio, los internos (como obsesiones y ansiedad)eran más frecuentes en sujetos con SA.Conviene señalar, tal y como lo hacen Stewart et al [16], queuna de las grandes limitaciones metodológicas que tienen losestudios de depresión en personas con autismo radica en delimi-tar cuáles son los indicadores y criterios que deben utilizarsepara diagnosticar trastornos del estado de ánimo dado que el so-lapamiento existente entre los síntomas de autismo/SA y los dela depresión son importantes. Además, las propias característi-cas del autismo y del SA, como son las alteraciones de la comu-nicación verbal y no verbal, pueden afectar a la manera en cómola persona expresa dicha sintomatología depresiva. De su traba- jo se confirma que los síntomas asociados con el autismo y elSA, tales como las obsesiones y las conductas autolesivas, pue-den verse incrementados durante un episodio de depresión; losautores manifiestan la necesidad de desarrollar herramientas es-pecíficas para el diagnóstico y para la valoración de la depre-sión en el autismo y el SA.En relación con la ansiedad, se ha informado de la prevalen-cia y la correlación [12] que existen con trastornos del estado deánimo en niños con SA/AAF de entre 9 y 14 años. Se trabajócon un grupo de 40 niños diagnosticados de autismo cuando te-nían entre 4 y 6 años y 19 niños con diagnóstico de SA entreesas mismas edades. En ese momento se les pasó una batería demedidas cognitivas y conductuales, y seis años después se con-tactó con sus familias (cuando los niños tenían una edad mediade 12 años) y se evaluaron posibles evidencias de trastornos deansiedad y del estado de ánimo. En comparación con la muestrade 1.751 niños de la comunidad, los niños con SA/AAF mostra-ron una tasa mayor de ansiedad y problemas depresivos. Dichosproblemas tuvieron un impacto significativo en su adaptaciónglobal, sin que existieran, no obstante, diferencias en el númerode problemas de ansiedad y del estado de ánimo entre los niñoscon SA/AAF. En el estudio de Gillott et al [17], los investigado-res compararon niños autistas de alto funcionamiento con dosgrupos control en medidas de ansiedad y preocupación social.El estudio explora la naturaleza de la ansiedad en niños con au-tismo de alto funcionamiento, y para ello se administraron me-didas estandarizadas de ansiedad general y de preocupación so-cial por separado a grupos de 15 niños con AAF, 15 niños conun desarrollo normal y 15 niños con alteraciones específicas dellenguaje, de entre 8 y 12 años. Los resultados confirmaron quelos niños con autismo manifestaban una mayor ansiedad en am-bas medidas (ansiedad y preocupación social). Los trastornosde ansiedad más prevalentes fueron el trastorno de ansiedad ge-neralizada, la ansiedad por separación y la fobia específica.
CONCLUSIONES
La depresión es un trastorno frecuente en las personas con autis-mo y depende de varios factores. Además de los síntomas gene-rales de tristeza y pérdida de interés en las actividades, las per-sonas con autismo pueden manifestar la depresión o la ansiedadde otras formas, de una manera atípica. Los indicadores conduc-tuales más utilizados para el diagnóstico de la depresión han si-do: humor deprimido indicado por el propio sujeto o a través dela observación, disminución del interés o el placer en todas o ca-si todas las actividades, pérdida o aumento de peso significativoo cambios significativos del apetito, insomnio/hipersomnia, agi-tación, fatiga o pérdida de energía, sentimientos de inutilidad ode culpa excesivos e inapropiados, disminución de la habilidadpara pensar/concentrarse, indecisión, pensamientos recurrentesde muerte, ideación suicida e intentos o planes de suicidio.Las dificultades en habilidades de la teoría de la mente (atri-buir estados mentales y emocionales en los demás y en ellos mis-mos) no proporcionan inmunidad contra la depresión. Las perso-nas con autismo y con lenguaje pueden comunicar mejor sus sín-

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