Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Look up keyword
Like this
1Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
Odessa

Odessa

Ratings: (0)|Views: 48|Likes:
Published by Oscar Alvarez
46

• Insignia Fronteras

Este puerto ucraniano evoca las glorias de la Gran Madre Rusia, posee un ambiente tan cosmopolita como pintoresco y tiene un corazón indeciso entre la frivolidad y la nostalgia.

C

ierta tarde, buscando un poemario de Pushkin en las librerías del paseo Aleksandriskiy, mi ami-

ga Anastasía confirmó mis sospechas sin explicarme el misterio. “Cuando un extranjero llega a Odessa vive las primeras semanas en una especie de euforia, luego se desencanta y se va. Y entonces
46

• Insignia Fronteras

Este puerto ucraniano evoca las glorias de la Gran Madre Rusia, posee un ambiente tan cosmopolita como pintoresco y tiene un corazón indeciso entre la frivolidad y la nostalgia.

C

ierta tarde, buscando un poemario de Pushkin en las librerías del paseo Aleksandriskiy, mi ami-

ga Anastasía confirmó mis sospechas sin explicarme el misterio. “Cuando un extranjero llega a Odessa vive las primeras semanas en una especie de euforia, luego se desencanta y se va. Y entonces

More info:

Published by: Oscar Alvarez on Jun 22, 2010
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

01/26/2013

pdf

text

original

 
46
Insignia
Fronteras
 
47
Insignia
 
ierta tarde, buscando un poemario de Pushkinen las librerías del paseo Aleksandriskiy, mi ami-ga Anastasía conrmó mis sospechas sin explicarme elmisterio. “Cuando un extranjero llega a Odessa vive lasprimeras semanas en una especie de euoria, luego sedesencanta y se va. Y entonces sólo piensa en volver”.Nada hay más cierto; lo sé por experiencia propiay otras conesiones ajenas. Odessa, atractiva e inquie-tante, como la sirena de Ulises, pareciera complacerseen jugar con los viajeros. También tiene algo de cajitade música, de la ascinación ejercida por una bailarinagirando rente al espejo al son de melodías melancóli-cas. Pero la mejor comparación es con una matriushca,las muñecas de madera rusas que se abren a la mitadpara descubrir otra muñeca y luego otra y otra. Odes-sa, al igual que las capas de una cebolla o un trucohecho con espejos, está llena de simetrías engañosasy pequeñas sorpresas.Es un puerto de Ucrania, en Europa del Este. Y sue-na más lejano en la geograía mental de lo que real-mente está en la ísica. Con todo, no se visita Odessapor casualidad. Hace alta ser un poco conocedor yotro tanto curioso. Al pensar en el viejo continentesurge una lista, demasiado larga, de los destinos clá-sicos. Con suerte, la imaginación alcanza hasta Pragao Moscú. ¿Y Odessa? Una obra maestra del cine y unnombre melodioso al oído es cuanto tenemos en unprincipio de ella. Pero en verdad no hay lugar en elmundo que se le asemeje. Bien merece dejarse sedu-cir por la personalidad de esta babel de razas y cre-dos, cuya achada de estatuas y columnas neoclásicasconstituye el más romántico de los balcones europeosque miran a Oriente.
En honor a la Odisea
Su origen no es antiguo pero sí épico. El territo-rio donde se emplaza ue ganado a los turcos por unaventurero español jee del ejército zarista, José de Ri-vas, quien le aconsejó a Catalina la Grande construir unpuerto en estas playas del Mar Negro. La zarina mandó
Este puerto ucraniano evoca las glorias de la Gran Madre Rusia, posee unambiente tan cosmopolita como pintoresco y tiene un corazón indeciso entrela frivolidad y la nostalgia.
 
48
Insignia
allá al duque Emmanuel de Richelieu, noble rancés alservicio de Rusia, con bastantes rublos en el bolsilloy la uerza de trabajo de los cosacos. El 2 de septiem-bre de 1794 nace Odessa, en honor a la Odisea y a losgrandes viajes. Había prometido el duque ediicar unaciudad más bella que París y —dentro de la exagera-ción— supo cumplir. A los pocos años de su existen-cia, Odessa era llamada “la San Petersburgo del sur”.De todos sus atractivos arquitectónicos el más cé-lebre es la “escalinata del Potemkin”. Se trata de 192escalones que comunican la ciudad alta con la esta-ción marítima Morsky Voksal. Fue inmortalizada porSergei Eisenstein en una de las escenas más memo-rables del cine: botas de soldados sin rostro, angustia,rabia y miedo, una madre y su hijo, la carriola rodandoescalones abajo... “El acorazado Potemkin” cuenta sinvoz la revolución de 1905 reprimida brutalmente porla guardia blanca del zar. Y es precisamente por esaescalinata, auténtico emblema de Odessa, que subire-mos para comenzar a descubrirla.En primavera, la crudeza del invierno parece unrecuerdo inverosímil. El cielo es azul, la luz diáana. Pa-sean los locales y pasean los turistas de los países ve-cinos, principalmente rusos y bielorrusos en busca delcalor y el color de su sur más próximo. Para los ojos deun extranjero, el ambiente resulta exótico, abigarrado.Como antiguo puerto ranco, Odessa se convirtió enun cruce de caminos en el que se tropezaban gentesde las más variadas procedencias. La bonanza de laera presoviética la hicieron próspera y reinada. Hoy,el carácter de su millón de habitantes se distingue porun buen sentido de los negocios y del humor. Si bienlos mejores tiempos quedaron atrás, se sigue cultivan-do el orgullo de origen, una soisticación propia y unaresistencia a dejarse impresionar. Comercial y contra-bandista a partes iguales, nido de intrigas, mercado debienes e ideas... no es de extrañar que su clima nove-lesco atrajera a grandes escritores como Gógol, Twain,Bunin, Chéjov o Pushkin.
El dulce Bulevar Prymorsky
Y es que hay lugares donde los encuentros litera-rios son cosa rutinaria. Mientras subo la escalinata nopierdo de vista los parapetos de piedra que limitan losescalones. En cada descansillo albergan a una perso-na con un tenderete. Me acerco intrigado. Sobre unmantel está toda la iconograía soviética a precio desaldo: medallas, sombreros de plato, casacas militares,emblemas, carteles de propaganda y hasta las pisto-las de la oicialidad. También hay un otógrao armadode cámara antediluviana y en la compañía de búhosy serpientes, se orece a tomar otos a los turistas. Enel parapeto inal me acecha Vassily. Un momento deduda y mi cara de despistado le animan para abordar-me. Me cuenta, en un castellano con muletillas italia-nas, cierta historia conmovedora, digna de personajede Dostoyevsky: madre enerma, amilia marcada porun destino atal, penalidades personales sin in... O elpreámbulo para la propuesta de cambiarme grivna(moneda ucraniana) por los euros que llevara. La tran-sacción debía hacerse inmediatamente, pues Vassi-ly trabajaba en un barco que zarpaba en unas horasllevándole lejos por siempre. En días siguientes lo vimerodeando los hoteles del centro con los bolsillosllenos de billetes alsos. Sin duda el escritor local Isaak Babel lo hubiera incluido en su catálogo de simpáticosbribones del ghetto de Moldavanka, aquellos bandi-dos judíos a las órdenes del temible Benya Krik, cuyasandanzas relatan los “Cuentos de Odessa”. Tapado por una túnica, el Duque de Richelieu per-manece inmutable ante las jóvenes que se retratan asus pies. Las odesenses, que ni en el gélido diciembrerenuncian a la minialda, han comenzado el concursono oicial de belleza. Y es que ver y ser visto es uno delos principales pasatiempos cuando las tardes se dul-ciican. Y el escenario ideal es el Bulevar Prymorsky porla sombra de los árboles, los bancos y las vistas al mar.Entre el palacio del Conde Vorontsov y el Belvedere,resulta embriagante dejar pasar las horas observandoa los barcos atracar en la rada.La Ópera es otro oco de atención. Sus volúmenesmezclan el rococó rancés con el estilo renacentista ita-liano, dando lugar al tercer edicio más grandioso de sucategoría, después de los de Viena y París. En torno a laOpera se ubican varios de los museos –arqueológico,marítimo, literario– de los que presume Odessa.
De colores y babuchka
El puente Tyoschin Mosk ue construido sobre unabarranca por un uncionario soviético para que susuegra pudiera visitar su casa más ácilmente (o paraque no tuviera excusa de quedarse por la noche, se-gún la versión que se preiera). Y hablando de edii-cios nobles, nada más estimulante que caminar sobreDerivasovskaya, el auténtico corazón citadino. Estacalle empedrada y peatonal es todo un muestrario
Estecementerio esel monumentofunerariomás visitadodel mundo,después de laspirámidesde Egipto.

You're Reading a Free Preview

Download
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->