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Serie la Biblia parte 16 - EL PRINCIPIO PROTESTANTE DE LA “SOLASCRIPTURA”
Por José M. AbreuResumen de la ponencia presentada a la consulta sobre la Sola Escritura, ElEscorial, España.Si la Biblia es la Palabra de Dios, el libro del Pueblo de Dios, es y tiene que ser ellibro de la Iglesia. Sin la Biblia la Iglesia de Cristo no puede llevar a cabo su misión.Pero es necesario reconocer que a lo largo de la historia, la Iglesia en muchosmomentos ha dejado de lado la centralidad de la Palabra y ha quebrantado elprincipio de su soberana autoridad. Este ha sido un hecho recurrente en la historiade la Iglesia.La Reforma protestante del siglo XVI, en su momento, enfrentó esta realidadafirmando en forma rotunda y contundente el principio de la “SOLA SCRIPTURA”.Hoy, también es necesario que las Iglesias nacidas de esa preciosa herencia semantengan alerta porque estamos frente a diversas desviaciones que dejan de ladola suprema autoridad de la Palabra.Podemos identificar, por lo menos, los siguientes peligros que están presentes en elmundo de las Iglesias Evangélicas de hoy y que cuestionan el principio de la SolaEscritura, y que requieren ser confrontadas a la luz de nuestra herencia de laReforma, porque, como bien lo expresó Calvino, “Iglesia Reformada, siemprereformándose”.(1). La preeminencia de la experiencia individual: Aunque este problema ya estabapresente en las iglesias del NT, caso de Corinto, hoy ha cobrado renovadosimpulsos con el surgimiento de líderes carismáticos que anteponen sus experienciaspersonales particulares a cualquier otro criterio de interpretación bíblica. Lasexperiencias carismáticas han sido convertidas en claves hermenéuticas para lalectura de la Biblia, promoviendo toda una fenomenología religiosa justificada nopor la Palabra de Dios sino por las experiencias individuales. De ese modo hansurgido nuevas formas sacramentales de ministrar la infusión del Espíritu Santo yformas nuevas de señales para determinar su presencia.(2). El énfasis en el éxito del crecimiento numérico: el concepto de lo que es buenoo malo está siendo subordinado al éxito o no que se tenga en el crecimientonumérico o en la prosperidad material. Así, si una Iglesia crece, tiene éxito yprosperidad material es señal de que Dios está con ella, de que está siendo “bendecida”. Desde esta realidad sociológica se lee la Biblia. Ya no es la Biblia laque determina si las actitudes de la Iglesia son buenas o malas, sino el éxitonumérico o material. De este modo, una iglesia puede tolerar el racismo o actitudesclasistas si esto garantiza el crecimiento numérico; o puede ser indiferente ante lainjusticia social y a las necesidades de sus miembros si con esto garantiza su éxitoeconómico; de nada importa que la Palabra de Dios enseñe lo contrario.(3). La defensa de “La Sana Doctrina”: cada vez más, más cristianos evangélicoshacen alusión a “la Sana Doctrina” como una especie de “Magisterio” especial de laDenominación particular a la que se pertenezca. La “Sana Doctrina” viene a ser “laverdad” de la Denominación, entendida como la única posible y como señal de “laverdadera” Iglesia. Una cierta obsesión por “la pureza de la doctrina” ha llevado amuchas iglesias evangélicas a actitudes separatistas, farisaicas, sectarias, de faltade amor y respeto por otros cristianos. El peligro real es el “gueto doctrinal”.Muchos cristianos evangélicos están siendo encerrados en los límites de sus propiasdenominaciones, negándoseles el derecho al diálogo con otros cristianos, y a la
 
posibilidad de que pudiera haber interpretaciones distintas a las de sudenominación particular. El impacto negativo de esta supuesta “defensa de la fe” sobre la Unidad del Pueblo de Dios ha sido escandaloso. Esta negativa al diálogoesconde un verdadero desconocimiento de la Palabra de Dios.(4). El peligro del asistencialismo de las “buenas obras”: hoy en día carece deveracidad la antigua acusación de que las iglesias evangélicas no se ocupaban delas obras sociales. De una situación de completa carencia en el pasado, hoy se hallegado a un punto en que todas las denominaciones evangélicas se han empeñadoen el trabajo social en casi todos los campos. Pero han surgido ciertos peligros. Unode ellos es que se pretenda hacer obra social como pretexto para el proselitismoreligioso. Otro es que se descuide el tratamiento integral de la persona humana ytodo se quede en programas meramente asistencialistas, sin buscar la plenatransformación de la persona humana y de su entorno.(5). La consolidación de una “Tradición Evangélica”: la postura de la Reforma encontra de la Tradición eclesiástica ha sido una de las banderas preferida deltestimonio evangélico. Pero, hoy estamos viendo cómo en muchas denominacionesse han impuesto enseñanzas simplemente aferradas a las tradiciones originales delas denominaciones. “Tal cosa es así porque así nos las enseñaron los fundadoresde nuestra denominación”. Con este argumento, se han establecido prácticasdistintivas denominacionales inamovibles e incuestionables. De esta forma, muchasiglesias están incapacitadas para responder a problemas actuales, urgentes y realescomo el divorcio, el aborto, las injusticias sociales o la violencia, etc., por temor alos cambios de sus propias tradiciones.(6). El problema del analfabetismo bíblico: este punto es la base de todos losanteriores. Las Iglesias evangélicas eran consideradas las Iglesias del Libro. Decir “evangélico” era sinónimo de conocimiento de la Biblia. La realidad hoy es quemuchos evangélicos que asisten regularmente a las actividades litúrgicas de lasiglesias manifiestan un profundo analfabetismo bíblico. Cada vez más aumenta elnúmero personas que no llevan sus Biblias al culto, lo que era una de las señas deidentidad. Si la Biblia se desconoce no se puede vivir, si no se vive no seexperimenta su poder y beneficios, tampoco se comparte con otras personas.(7). Pero a la par de este analfabetismo bíblico se ha producido un reduccionismode la interpretación de la Biblia. La labor hermenéutica, exegética, interpretativa dela Biblia se está reduciendo a una colección de citas para responder a preguntascomo estas: “¿qué dice La Biblia”?, “cítame un versículo en donde se diga tal cosa”, “La Biblia dice tal o cual cosa…” , “¿dónde dice la Biblia …”, en las cuales la palabra “dice” no está referida a la enseñanza consistente y orgánica de la Biblia sino a lacadena de palabras que constituyen a un versículo determinado.En consecuencia, lo que comunmente se tiene por conocimiento de la Biblia sereduce al mero “literalismo” de las citas o textos de prueba, muchas veces citadossin consideraciones del contexto histórico o doctrinal. Así se considera que “conocerla Biblia” es idéntico a la capacidad de citar de memoria la mayor cantidad posiblede versículos, sin importar si se comprende o no el sentido, lo que importa es la “letra” de los versículos. Esta lectura “literalista” no debe confundirse con la normahermenéutica del respeto por el sentido literal del texto bíblico, en oposición alsentido alegórico o figurado. Este “literalismo bíblico” alimenta las actitudessectarias de las denominaciones más conservadoras y cerradas a todo diálogo conotros cristianos. Frente a estos peligros, que ya no son sólo amenazas sinorealidades internas en el mundo evangélico, ¿cómo podemos ser fieles hoy anuestra preciosa herencia reformada:
SOLO CRISTO, SOLO GRACIA, SOLA FE, SOLA ESCRITURA?
 
En lo que concierne a este trabajo, ¿cómo podemos entender hoy la SOLAESCRITURA?En la perspectiva reformada, la SOLA ESCRITURA se entiende como la supremacíade la Biblia como nuestra única norma de fe y práctica. Tal declaración constituyepreámbulo indispensable en toda declaración de fe de cualquier iglesia evangélica,independientemente de la denominación a la que pertenezca. Pero los peligros,amenazas y realidades a los que hemos aludido brevemente nos están señalandoque no es suficiente, que no basta con asentar tal declaración de principios ennuestras actas constitutivas. El actual panorama del complejo y confuso mundo delprotestantismo evangélico, especialmente en nuestro continente americano,dramatiza la urgencia que tenemos de establecer los métodos para el estudio y lainterpretación de la Biblia que realmente honren el postulado reformado de la SOLAESCRITURA. Sobre todo porque, en la actualidad, existe una lamentable confusiónentre el derecho que todos tenemos, como miembros del Cuerpo de Cristo, al libreacceso y examen de la Biblia, sin la intermediación de ninguna instancia superior deautoridad religiosa o de erudición, con lo que ahora se está entendiendo como lainterpretación libre de la Biblia. En este contexto, libre significa sin normashermenéuticas, sin respeto por la investigación seria, dejada al sentir caprichosodel lector o del intérprete. La Biblia tiene que ser examinada por todos, no espatrimonio exclusivo de una casta sacerdotal de eruditos y científicos, pero la Bibliaexige respeto y normas que garanticen que se le haga justicia a su enseñanzaconsistente. Es una lamentable realidad entre muchas denominaciones evangélicasel hacer de la ignorancia una virtud, de la piedad una excusa para no estudiar laEscritura, de la temeridad una norma para establecer “nuevas doctrinas”. Se invocala SOLA ESCRITURA como una excusa para rechazar el estudio de otros libros queno sea la Biblia misma. Es cada vez más común escuchar, incluso entre pastores ylíderes, expresiones como estas: “No me importa lo que digan los teólogos, lo queme importa es lo que dice la Biblia”, lo que en la práctica verdadera se convierteen: “lo que me importa es lo que YO interpreto”. La SOLA ESCRITURA se haconvertido en LA MIA INTERPRETACIÓN. Se pretende borrar de un solo golpe deinspiración “pneumática” todos los cimientos de la reflexión que por siglos loscristianos han realizado sobre la Palabra de Dios, para establecer, como pequeños “dioses”, creando de la nada, credos, doctrinas, prácticas, como si la historia de lasalvación empezara con la historia de sus denominaciones o de sus propiasexperiencias personales. “Tabla rasa” con el pasado, parece ser la consigna que seesgrime para justificar el nacimiento desordenado de nuevos grupos,denominaciones e iglesias.El principio de la SOLA ESCRITURA no puede ser tomado como pretexto para negarel ejercicio hermenéutico serio y para leer la Biblia como un recetario de versículospara justificar cualquier disparate doctrinal o práctica denominacional. El derecho allibre examen de la Biblia exige la obligación al estudio serio y riguroso. La Biblia nopuede descansar en la ignorancia sino en el estudio, en el saber. No debemoslimitarnos a llevar la Biblia a todas las personas, sean o no educadas, sino tambiéndebemos adiestrarlas para la lectura inteligente de la Palabra de Dios, en el usocorrecto de los instrumentos de Análisis.Frente a la tendencia de algunas confesiones cristianas de limitar el acceso delpueblo al libro del Pueblo de Dios, nosotros no podemos conformarnos conentregarle a ese mismo pueblo el Texto Sagrado sin proporcionarles lasherramientas indispensables para el estudio respetuoso y serio, y fiel a sus propiasexigencias de rigurosidad. Jamás el libre examen puede ser tomado como excusapara ocultar la necesidad de una hermenéutica que haga honor a la seriedad deltexto bíblico.

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