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Abdennur Prado
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Sobre “La España convertida al islam”
Acaba de publicarse el libro “La España convertida al Islam”, en el que Rosa María Rodríguez Magda aborda el tema de los conversosespañoles al islam. Rosa María es conocida por sus estudios sobre el feminismo y la postmodernidad. Es directora de la revista ‘Debats’,que edita la Institució Alfons el Magnànim de Valencia, y consejera del Consejo Valenciano de Cultura, cargo al que accedió a propuesta delPartido Popular.Aunque la autora afirma que su intención es contribuir al debate en torno al lugar que debe ocupar el islam en la España del siglo XXI, ellibro resulta muy ofensivo hacia el entorno de Webislam y Junta Islámica. Los “conversos” somos calificados de “lobos disfrazados decorderos, caballos de Troya acogidos por los tontos útiles en el parque temático ideológico del multiculturalismo” (p.161). Somospresentados como quintacolumnistas del fundamentalismo islámico en su intento de recuperar al-Andalus. Cualquier lector que conozca latrayectoria de Webislam y Junta Islámica se estará preguntando como logra la autora justificar semejante despropósito. La respuesta essimple: atribuyéndonos posturas contrarias a las que hemos sostenido, omitiendo nuestros posicionamientos y tergiversando otros. Nadanuevo bajo el sol de lo mismo: se trata de la estrategia habitual de la derecha. El contenido del libro es tan grave que he creído merecíaeste comentario extenso.Como omisiones: no se da cabida a los posicionamientos más característicos de la Junta Islámica: a favor de la democracia, del laicismo,de la libertad religiosa y de conciencia, contra la lapidación, contra el delito de apostasía, contra la ablación, contra los malos tratos… Entodos estos campos hemos realizado acciones concretas, clarificadoras sobre lo que la Junta Islámica representa en el panorama del islameuropeo y latinoamericano. Estas omisiones tienen un sentido muy preciso. En el capítulo dedicado al comunitarismo, la autora arremetecontra lo que considera la “estructura argumentativa falaz que hemos observado en los conversos” (p.119), según la cual reivindicamos laslibertades inherentes a la democracia para reclamar un “estatuto diferencial” (cosa que nosotros nunca hemos hecho) que introduceelementos contrarios a los valores democráticos. Para justificar esta acusación, realiza la siguiente ecuación: “Libertad religiosa: sereclama el ejercicio cultural de una religión, pero esta religión anula la libertad religiosa, pues condena como apóstata a quien no la acepta,impidiendo su abandono incluso bajo pena de muerte” (p.120).Desde el momento en que se sabe que nosotros hemosdenunciadode forma contundente y reiterada la existencia de undelito de apostasíaen algunos países musulmanes, y hemos mostrado que esto es algo contrario a las enseñanzas del islam, expresadas en elQur’án y en la Sunna, todo el argumento queda desmontado. En este caso, mejor omitir nuestro posicionamiento, y acusarnos en base a loque postulan algunos musulmanes contra los cuales nosotros nos posicionamos. Lo mismo sucede con todos y cada uno de los argumentospropuestos por la autora para denigrar el multiculturalismo. Desde Junta Islámica nos hemos posicionado contra la creación de guetos, afavor de la libertad de conciencia, contra toda forma de cerrazón identitaria, por el encuentro entre las religiones y las culturas, sin trazarninguna jerarquía en función de la religión o de la raza, a favor del pluralismo de interpretaciones dentro del islam, a favor de la igualdadde género… Siguiendo en todo ello el Mensaje del Qur’án y el ejemplo de Muhámmad (saws). No creo que haya nada falaz en todo esto,sino una apuesta decidida y firme por un islam democrático en España.Pero la omisión mayor es sin duda que la autora olvidó reseñar lafatwa contra el terrorismofirmada por Mansur Escudero como Secretariode la Comisión Islámica de España, y en la que se declaraba que cualquiera que cometiese un acto terrorista se situaba fuera del islam. Lafatwa es mencionada (p.40), en el contexto del cambio de dirección en la FEERI, pero sin dedicar ni una sola línea a su contenido.Recordemos que la fatwa dio la vuelta al mundo y fue reseñada en toda la prensa internacional (menos la española, claro). Supongo que laomisión tiene su sentido, ya que al incluirla se desmoronaría todo su discurso. En este punto me pregunto: ¿Cuál es la justificación de estaomisión? ¿Acaso no lo consideró relevante a la hora de exponer sus conclusiones, según las cuales los conversos somos filo-terroristas?Las tergiversaciones son muchas, y aquí solo mencionaremos unas pocas: tratar de vincular la referencia a al-Andalus a las declaracionesde Bin Laden sobre la reconquista de esta “tierra musulmana”. Esta vinculación está fuera de lugar, ya que en la propia fatwa contra elterrorismo se arremete contra las declaraciones de Bin Laden sobre al-Andalus, y en la propuesta ecuménica de Junta islámica para lamezquita de Córdoba se hace un posicionamiento explícito contra toda forma de revanchismo histórico, se apuesta por mirar hacia el futuroy construir un futuro de entendimiento, aquí y ahora. Hemos luchado y lucharemos por un islam autóctono, libre de dependenciasextranjeras, y en ese sentido la referencia a al-Andalus actúa no como una forma de penetración del mundo árabe, sino todo lo contrario.Esto es justo lo que se dice en la fatwa contra el terrorismo: “…declaramos que las pretendidas reivindicaciones políticas de Osama ben Laden y su organización sobre la recuperación de Al Andalushechas públicas, y por tanto notorias y conocidas por todos, contradicen totalmente la voluntad divina, que se ha expresado claramente através de la historia…”  “En referencia al incumplimiento de las Capitulaciones de Santa Fe firmadas por los Reyes Católicos y el Rey del Reino Islámico deGranada, declaramos que con la firma de los Acuerdos de Cooperación de 1992 entre el Estado español y los representantes legales de losmusulmanes españoles, a saber la Comisión Islámica de España, se da por concluida toda reivindicación de tipo legal o político, en tantoque el Acuerdo reconoce en su preámbulo que el “Islam forma parte de la identidad de España”. Este reconocimiento, junto con loestipulado en los Acuerdos, zanja definitivamente la cuestión, desde el punto de vista jurídico o político.”  “
 
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 “El Acuerdo de Cooperación de 1992 es el nuevo marco que nos hemos dado el Estado español y los musulmanes españoles pararelacionarnos entre nosotros. El Acuerdo representa la voluntad explícita de los musulmanes españoles y nadie ajeno a esta comunidad,llámese Bin Laden o llámese Al Qaida o cualquier otro, tiene derecho a inmiscuirse en los asuntos propios de nuestra comunidad islámica.” Aparte de la retórica (“corresponde al juzgado de Dios…”), esta clara la postura de Junta Islámica, de rechazo de las pretensiones de “recuperación de al-Andalus” por parte de unos árabes a los cuales al-Andalus nunca perteneció y que no tienen ninguna relación con losmusulmanes que vivimos en España, y remitirnos al marco jurídico existente. La insistencia en las tesis de Olagüe tiene que ver con esto: “los árabes no invadieron España” quiere decir que nuestro islam no será dominado por Arabia ni Marruecos. ¿Es eso actuar como unCaballo de Troya, como quintacolumnistas de no sé que potencias extranjeras?Otra tergiversación: atacar lapropuesta de Mansur Escudero sobre la poligamiasin ni siquiera mencionar sus argumentos, ni decir que fuerealizada en el contexto del apoyo a la ley que regula los matrimonios homosexuales, hablando del sentido restrictivo de la poligamia en elislam, y de las situaciones de indefensión jurídica de las mujeres que viven en uniones polígamas en España (y en este caso hay quehablar tanto de musulmanas como de no musulmanas). Al margen de si la propuesta es oportuna o no, es penoso ver reducida una carrerade 30 años de trabajo por la integración del islam como una opción espiritual en el espacio laico a un tema secundario como éste. Mansures un líder reconocido internacionalmente, con una trayectoria única en el panorama del islam europeo, y una referencia en todaLatinoamérica. Sin duda habría muchas más cosas que decir de Mansur Escudero, que hubiesen sido del interés de los lectores.Otra tergiversación (en este caso una malicia): la autora afirma que nos posicionamos contra los malos tratos en el caso del imam deFuengirola solo por interés político, negando cualquier buena intención al combate realizado por Junta Islámica contra la violencia degénero. Es curioso que la autora se ponga del lado del imam de Fuengirola, en contra de lo que dictaminara el juez en su momento, encontra de nuestro testimonio, y en contra de lo que postulan todos los movimientos feministas y progresistas dentro del islam. Según laautora, el estudio sobre el término daraba de Abdelmumin Aya, está “en franca contradicción con lo que un árabe entiende por dicho verbodesde los tiempos del profeta a la actualidad” (p.90). Lo cual es totalmente falso. Según el Lisan al-Arab de Raghib, libro considerado casicanónico sobre la lengua árabe, el verbo daraba puede tener el significado metafórico de “tener relaciones sexuales”. Raghib da comoejemplo de este sentido sexual precisamente la aleya 34 de la surat an-Nisa, justo esa que la autora dice que significará pegar ‘por lossiglos de los siglos’ . Esta es solo una cita entre muchas: en la aleya en cuestión el verbo daraba no significa pegar, y quien dice locontrario engaña, y si engaña es porque tiene interés en ello. Rosa María Rodríguez Magda conoce perfectamente las pruebas concluyentesque hemos dado sobre el tema. Si aún así prefiere alinearse con los fundamentalistas y afirmar que el Qur’án permite pegar a la mujer,sus motivos tendrá.Otra tergiversación: cuando se habla del tema de las caricaturas del profeta, la autora arremete de forma generalizada contra la actitud delos conversos, olvidando que en todo momento hemos defendido la libertad de expresión (que está en la base de nuestro trabajo enWebislam), y que yo mismo publiquéun artículoen El Periódico de Cataluña, que empezaba con la frase: “Escribo para expresar misolidaridad con la prensa europea, ante los ataques recibidos por parte de grupos islamistas.” Realmente, si cualquiera se entretiene enbuscar tan sólo las cosas polémicas o dudosas que hemos dicho o se han publicado en Webislam, seguro que encontrará material de sobraspara hacer una crítica aún más demoledora. Pero en ningún caso el resultado de este libro puede considerarse una aproximaciónmínimamente objetiva al objeto de su estudio.Sobre el tema del feminismo islámico, la tergiversación realizada por la autora me afecta de pleno, pues me son atribuidas unas tesis queclaramente he rechazado. Por lo que a mi respecta el feminismo es la lucha contra el patriarcado, y no admito que el adjetivo islámicoimplique una reducción de las reivindicaciones feministas en su sentido más universal. No se trata de algo diferente, sino de contextualizarla lucha por la igualdad de derechos, para poder rebatir los argumentos que se esgrimen contra las mujeres desde un paradigma religioso.No se trata en absoluto de un feminismo opuesto a cualquier otro feminismo, sino de una herramienta más en la lucha global de lasmujeres. Si alguien pretende justificar la opresión en nombre del islam, creo que es útil atacar sus argumentos desde dentro,desarticulando toda desigualdad en base a las enseñanzas del islam.En consecuencia, estoy de acuerdo con lo que escribe en la página 113-114: “El problema comienza… cuando derivamos del Qur’án unaforma diferente de ‘dignidad de la mujer’ que denominamos emancipación o feminismo aunque no cumple los requisitos igualitarios deéstos…”. Así pues, es falso cuando afirma que “ésta parece ser la opción de los conversos españoles…”. Más bien: esta es justo la opciónque a la hora de plantear elCongreso Internacional de Feminismo Islámicohemos rechazado. La tergiversación queda clara cuando cita untexto de Shirín Ebadi (p.90), traducido por mí al castellano y aparecido tanto en el artículo que publiqué en El País como en mi ponenciamarco del Congreso. Lógicamente, Rosa María ha olvidado citar la fuente (y digo lógicamente, pues de otro modo se vería que esta tesisestá contenida en mi propio escrito, cuando ella cita el texto de Shirín Ebadi contraponiéndolo a “lo que dice que yo digo”). Pero lo que hedicho es esto: “En este caso, la clave está en comprender que el adjetivo islámico no implica una reducción de la exigencia básica de la igualdad degénero, en su sentido más universal. En palabras de la Premio Nobel de la Paz Shirín Ebadi: “Si el feminismo islámico significa que unamujer musulmana puede también ser una feminista y que feminismo e islam no son incompatibles, estaría de acuerdo con ello. Pero sisignifica que el feminismo en las sociedades musulmanas es algo peculiar y totalmente diferente al feminismo de otras sociedades por elhecho de que tiene que ser siempre islámico, entonces no estoy de acuerdo con semejante concepto.” Según estas palabras de Shirín Ebadi, hay dos maneras de entender el término “feminismo islámico”. Primero: feminismo… pero con lasrestricciones que (se supone) impone el islam. Es decir: un (supuesto) feminismo donde el adjetivo islámico implica una reducción de losobjetivos básicos del feminismo: el fin de toda discriminación por razón de sexo, el combate contra el patriarcado. Segundo: feminismo,pero dentro de un marco (de situaciones y de referencias) específico. Desde la comprensión del feminismo como movimiento histórico, esnecesario contextualizar la lucha de las mujeres por un trato igualitario. Son muy diferentes el feminismo de una sufragista americana delsiglo XIX que el de una mujer americana en el siglo XXI, pero ambos son feminismos. Del mismo modo, no puede ser idéntico el feminismode una activista musulmana en Nigeria que el de una académica atea y europea.” (Definiendo el Feminismo Islámico)¿Se puede ser más claro? También llama la atención que la autora vea una confirmación de sus sospechas en una de las conclusiones delCongreso, según la cual es necesario hablar de una “pluralidad de feminismos”… En este punto, la autora debería saber que esta referenciano es una “reivindicación comunitarista mediante la cual los musulmanes conversos pretenden justificar ninguna discriminación”. Se tratamás bien de un tópico aceptado por la mayoría de las feministas del mundo, repetido una y otra vez como un leitmotiv en los forosfeministas internacionales de los últimos años. Aunque no me extrañaría que en España también en este aspecto estuviésemos en “la edadde las cavernas” (del feminismo, claro).Ante tamaña tergiversación solo caben dos posibilidades: o que la autora no haya leído ninguno de lostextos en los que presentamosnuestra visión del feminismo islámico, o que los haya omitido deliberadamente. En el primer caso, ¿por qué entonces nos ha atribuido unosdeterminados planteamientos? La respuesta es simple: porque son los únicos que concuerdan con todo aquello que el libro trata de probar:que no hay que fiarse de nosotros, pues somos “lobos disfrazados de corderos”, quintacolumnistas del fundamentalismo islámico… inclusocuando hablamos de feminismo o defendemos los derechos de los homosexuales.En definitiva, el libro trata de desacreditar los intentos de Junta Islámica ara la romoción de un islam democrático e i ualitario en
 
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En definitiva, el libro trata de desacreditar los intentos de Junta Islámica para la promoción de un islam democrático e igualitario enEspaña. El porque la autora se tomado tanto interés en destruir la imagen de Webislam y Junta Islámica es asunto suyo. Hay algo que seniega a dar validez a nuestras propuestas, de ahí la insistencia en que somos minoritarios, outsaiders, de que lo nuestro no es el islam “real, auténtico”. ¿Por qué? Porque nuestras propuestas desbaratan una imagen odiosa del islam, que la autora considera como “auténtica”.Una cosa muy graciosa es la insistencia en que somos anti-occidentales. Y más aún el acabar con una crítica a la multiculturalidad en unlibro sobre los conversos. La autora escribe como si nosotros tuviésemos “otra cultura” sobre la que tuviese que dar el
nihil obstat 
,previniendo al lector sobre lo dificultoso de su aceptación… Pero ni yo ni ninguno de los musulmanes españoles le tiene que pedir permiso aella ni a nadie para practicar su religión o criticar lo que nos parece criticable de nuestras sociedades. Tal vez Rosa María Rodríguez y yo notengamos la misma cultura. La mía es básicamente la de un catalán del siglo XXI, abierto a toda forma de conocimiento. Fue laprofundización en el pensamiento filosófico de la modernidad lo que me llevó al islam. Para mí el islam no es algo contrario a occidente,sino la consecuencia lógica de lo mejor que ha dado occidente hasta el momento. El islam no es una cultura, sino la fuerza que mueve laexistencia, el propio motor generador de la cultura. De ahí que haya tantas culturas musulmanas, y que estas sean tan diferentes entre sí.También llama la atención la visión beatífica que la autora tiene de la modernidad occidental, sobre todo teniendo en cuenta que ha escritoun libro sobre la sexualidad en Foucault. Tal vez no sepa que para Foucault humanismo y terror eran consustanciales, que puso aldescubierto los mecanismos de control característicos de la modernidad (el nacimiento de la clínica, la educación disciplinaria y el sistemacarcelario), y vio en la revolución islámica de Irán una gran oportunidad de recuperar la dimensión religiosa que le había sido arrebatada ala política. Sin duda tenía sus razones, aunque tampoco va mal desencaminado Agamben cuando dice que el paradigma político de lamodernidad occidental es el campo de concentración. En realidad, ninguno de los miembros de Webislam o Junta Islámica rechazaoccidente o es anti-occidental. Lo que rechazamos es el terror y los campos de concentración, que no son sino el resultado delcolonialismo, del eurocentrismo y del rechazo de la multiculturalidad (de esto saben mucho los judíos). En este punto, me remito de nuevoa Foucault: la Ilustración significó un “doble movimiento de liberación y esclavitud”. De este movimiento nos quedamos con la libertad,pero rechazamos las nuevas esclavitudes generadas por el monoteísmo de mercado.Particularmente odiosa es la acusación de que los conversos mantenemos posturas “veladamente judeófobicas” (p.160). Esto es unainfamia, ante la cual trato de contener la rabia. Desafío a Rosa María Rodríguez a buscar una sola cita de contenido judeófobo en las milesde declaraciones o escritos realizados por el equipo de Junta Islámica (e incluyo a Mansur Escudero, Abdelkarim Carrasco, Mehdi Flores,Isabel Romero, Hashim Ibrahim Cabrera, Yusuf Fernández, Kamila Toby, Abdelhadi Conget o yo mismo). Ya le aviso que no encontraránada, y eso es normal, ya que desde la óptica del Qur’án odiar al judaísmo es odiar al islam, es rechazar a Al-lâh, quien ha suscitado entrelos judíos a muchos de los profetas que los musulmanes veneramos. Los Banu Israel son llamados en el Qur’án ahl al-fadl: la gente de lapreferencia de Al-lâh. En Webislam hemos publicado numerosos textos de autores judíos, desde la mística de los hasidín hasta autores másmodernos. Personalmente, yo amo al judaísmo, y precisamente por eso rechazo el sionismo.Al final, el libro está coronado con una gran mentira: la autora afirma que exigimos un estatuto jurídico diferenciado para los musulmanes(¿de donde habrá sacado esto?). Nos acusa de hacer un “doble discurso” (la acusación ya tópica contra Tariq Ramadan), y nos llama “loboscon piel de cordero” y “Caballo de Troya” (expresión ésta que, según ella misma señala, ha sido empleada por Gustavo de Aristegui y PilarRahola para referirse a Tariq Ramadan). Afirma que en el fondo no somos “musulmanes moderados”… con lo cual estoy de acuerdo. Esteuso de la expresión “musulmanes moderados” es pura islamofobia, tomada de Daniel Pipes cuando trata de separar a aquellosmusulmanes que son partidarios del genocidio de los musulmanes del resto de los musulmanes. De hecho, lo mismo que Rosa MaríaRodríguez ha intentado hacer con su libro con respecto a nosotros (demostrar que somos fundamentalistas camuflados), lo ha intentadoDaniel Pipes con respecto al movimiento islámico progresista dentro de los EEUU, con idéntico fracaso. La caza de brujas en el siglo XXI.Si el libro no es un encargo lo parece, que a efectos prácticos es lo mismo. Está escrito al gusto de la FAES, de los neocons y del Estado deIsrael. Produce tristeza ver a una intelectual feminista rebajarse y adaptar su discurso al gusto de la derecha más reaccionaria. Esinnegable que el libro se inscribe en una corriente de pensamiento muy determinada, de forma consciente y casi diría que mimética. Y nome refiero necesariamente a la
nouvelle gauche
francesa. Que la autora se desmarque de Alain de Benoist es comprensible, ya que suantiamericanismo es conocido. Me refiero a ese entramado ideológico que ha sido calificado como “los nuevos reaccionarios” (según laexpresión de Daniel Lindenberg: Le Rappel à l’ordre. Enquête sur les nouveaux réactionnaires. Seuil, octobre 2002), retomada por LaurentJoffrin en Le Nouvel Observateur, en relación a la interpretación religiosa (y no social) de las revueltas en los banlieus: “Son los intelectuales de una nueva derecha que el 11 de septiembre, la expansión del terrorismo, el ascenso del islamismo y la debilidadcultural de la izquierda están fraguando poco a poco. Tras décadas de dominación progresista quieren crear un nuevo código inspirado porel terrorismo, la inseguridad, las violencias urbanas y, sobre todo, el ‘choque de civilizaciones’, diagnosticado por Samuel Huntington. Sonlos nuevos reaccionarios (…) Cuatro características reúnen a los neorreaccionarios: 1) Para ellos estamos en una guerra que se declaró el11 de septiembre de 2001. 2) En ella hay una quinta columna que es una extrema izquierda que se ha aliado al islamismo y que es vectorde una nueva judeofobia con adornos progresistas. 3) También hay unos tontos útiles, las gentes de una izquierda a la que acusan deceguera, angelismo e inercia. 4) Ello es manifestación de un síndrome más amplio: el fin del progreso y la disolución de los valoresrepublicanos, occidentales, judeocristianos”.Caballo de Troya, tontos útiles, crítica del anti-racismo, crítica de la tolerancia hacia el islam, de la multiculturalidad, insinuaciones de unaalianza entre la izquierda y el islamismo radical, acusaciones de antisemitismo, los “musulmanes moderados” presentados como “lobos conpiel de cordero” encargados de actuar como quinta columna de la infiltración islámica… Todos y cada uno de los tópicos de este nuevopensamiento reaccionario están presentes en el libro de Rosa María Rodríguez Magda sobre los conversos. La autora trata de meternos anosotros en el saco, acusándonos poco menos que de filo-terroristas, ocultando nuestras posturas de forma calculada, para recomponer laimagen conveniente a este discurso. Incluso llega a citar las aleyas sobre el yihad, mediante la manipulación habitual de citar solo la mitadde la aleya, tergiversando su sentido. ¡Una y otra vez lo mismo, la misma mentira! En este caso insertada en el discurso que pretendevincular la recuperación de la memoria de al-Andalus al terrorismo. Aquí no puede hablarse de ignorancia, sino de una manipulaciónconsciente destinada tanto a engañar sobre las propuestas reales de Junta Islámica, como a repetir el tópico del islam como religiónviolenta.El libro encaja milimétricamente en la definición dada por Lindenberg y Joffrin, y estos “nuevos reaccionarios” no son sino los autores en loscuales Rosa María Rodríguez sustenta su discurso. En todos sus posicionamientos se apoya en Finkielkraut, Alexandre del Valle, Tanguieff,Macé-Scaron… Y los españoles: Jon Juaristi, César Vidal, Gustavo de Aristegui, Serafín Fanjul, Pilar Rahola… Y al final ataca a Zapatero, alPSOE, a Juan José Tamayo, la muticulturalidad, la Alianza de civilizaciones, e incluso llega al extremo de atacar el “antirracismo de laizquierda” como si se tratase de una nueva forma de totalitarismo (esta idea, favorita de Finkielkraut, es una de las cosas más extrañas yretorcidas que he oído en mi vida). Si el anti-racismo es “una forma de totalitarismo”, entonces se comprende que la islamofobia sea unpilar del ideario neoliberal, y que los que combaten la islamofobia sean acusados de filo-islamistas. Por lo menos al citar tan explícitamentea estos autores y estas tesis la autora se ha desenmascarado. ‘La España convertida al islam’ se inscribe de forma abierta en esta línea de pensamiento. De ahí mis sospechas de que se trate de un librode encargo. En la introducción, la autora agradece a Javier Ruiz Portella (fundador y director de la editorial Altera) por haberla animado aescribir el libro. Ruiz Portella es colaborador de la Fundación FAES de Aznar, y su editorial ha publicado a Pío Mora, Alain de Benoist, el ‘ ’ 

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