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Creen estar siguiendo unos preceptos islámicos, pero en realidad están adoptandocostumbres culturales extrañas al islam. ¡Y se creen más y mejor musulmanas por ello!Las contradicciones saltan a la vista: 'Quiero evitar ese culto a la imagen' dice una joven.Pero es ella misma la que está cayendo justamente en el culto a la imagen al vincular elislam con el hiyab, al basar su islamicidad en su imagen exterior. 'Este pedazo de telame da una identidad que España no me da', dice otra. Algo que las caracteriza es laimportancia de pertenecer a un grupo, a un colectivo. El hiyab es lo que las une, el signodistintivo. Afirman que el hiyab es un signo de modestia, pero la ostentación que hacende él es justo lo contrario. En realidad el hiyab, tal y como lo llevan estas chicas, ni esmodesto (atrae la atención hacía ellas, lo cual parece encantarles) ni sirve comoprotección (al exponerlas a las miradas, exclusión, xenofobia, etc).'Dejé de salir con chicas con minifalda', dice una de ellas. Y otra: 'Una minifalda busca alos hombres, yo busco a Al-lâh'. Con esto se traza una barrera mental entre dosarquetipos: la chica-con-hiyab-musulmana-pudorosa y lachica-con-minifalda-no-musulmana-impúdica... ¿Nos quejamos los musulmanes de losestereotipos? Pues aquí tenemos la representación de siete mujeres musulmanasaferrandose a un estereotipo, luchando por vivir de acuerdo con un estereotipo.Muestran con orgullo una mentalidad represiva cuya única salida es la segregación,anular toda naturalidad en el trato con los otros, con la mente puesta en no cometerdeterminadas transgresiones: 'Si una persona a mi lado está comiendo cerdo, ¿cómovoy a sentarme a su lado?'. Comer cerdo o usar minifalda son presentados como signosde impureza, y no solo debe evitarse hacerlo, sino incluso mezclarse con gentes que lohaga. Así una puede sentirse a sí misma 'pura, inmaculada'.Ni que decir tiene que la inmensa mayoría de los musulmanes no tienen nada que vercon estas actitudes. De hecho estas jóvenes no son ni siquiera representativas de lasmujeres musulmanas 'normales' con hiyab. Son el signo de una obsesión muy modernacon la propia imagen; muy poco tradicional. No nos engañemos: todo esto tiene muypoco que ver con el islam. No es más que una moda identitaria: hiyab fashion, lo llamanlos sociólogos.Las jovenes retratadas muestran una y otra vez como toda su religiosidad gira en torno ala adopción de normas externas. El hiyab juega el papel de una bandera y barreraidentitaria, ofrece la ilusión de una religiosidad que nada tiene que ver con su crecimientointelectual o su desarrollo humano, sino únicamente con el control de su sexualidad.Oculta una carencia y la necesidad de unas normas precisas que las aparten de la
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