sino otro atractivo y muy políticamente correcto objeto de consumomediático y de convenientemente posicionamiento para este momento. Unapostura que, como una peligrosa y absurda paradoja, viene formuladaademás por muchos de los personajes pertenecientes que auspiciaron esesistema del que hoy estarían renegando, tras haberse nutrido de él.Esa supuesta postura crítica de reacción se posiciona desde una actitud quese siente salvaguardada y legitimada por la respetabilidad ética que pareceinherente en la negatividad de la crítica que emite. Vitupera los efectos yactitudes de la arquitectura del star-system pero enroscándose en unapostura superficial y meramente anecdótica, sin acometer una autocríticaque permita comprender hondamente porqué lo que denominamos ‘altaarquitectura’ ha cambiado la reivindicación humanista y social de lamodernidad por el cinismo del 'todo vale' neocapitalista. Pero que además,y principalmente, está absolutamente ciega a la evidencia de que esosprocesos que han definido la arquitectura de este periodo han sido, pese asu negatividad, efectivamente transformadores y han sentado las basesdesde las que será necesario dar el paso adelante para reformular enpositivo la presencia y definición activa de la arquitectura en la sociedadcontemporánea. ‘Más por menos’ ha afirmado las estructuras de la espectacularidad contralas que supuestamente su premisa de base reaccionaba. De otra manera,qué sentido tenía convocar a unos arquitectos que han tenido unprotagonismo de primer nivel presentándoles a través del lustre delPritzker. ¿No han acabado siendo los Pritzker uno de los factures crucialespara fomentar esa cultura del espectáculo arquitectónico que -parecíasobreentenderse - era algo contra lo que ese lema e intenciones de estecongreso pretendían reaccionar? ¿Tiene sentido, por esa misma razón,seguir otorgando credibilidad y sumo prestigio al premio que otorga unafundación privada, propiedad de una cadena hotelera?No obstante, si algún aspecto paradójicamente favorable pudo extraerse deesa concepción del debate desde la espectacularidad fue comprobar cómomuchas de las voces que han tenido de un mayor peso durante esa era deexcesos fueron puestos en evidencia, por su propia vanidad e inanidad,como individuos aislados en una esfera situada absolutamente fuera de estetiempo, dejando patente cómo la arquitectura necesita un profundo cambiode actitud y que éste no va a proceder de ninguno de esos que handetentado la hegemonía durante ese periodo que ha acabado conduciendo ala arquitectura a estado comatoso.Podría pensarse que el congreso de Pamplona se planteó como unatapadera, como una huida hacia adelante donde el conformismo y lafrivolidad de los discursos, con honrosas excepciones, fueron preocupantesescudos defensivos. En ningún momento, se trató de abrir el debate y sedio cabida a voces discordantes o discrepantes, acalladas desde la propiaconcepción de un panel en el que los acuerdos ideológicos o la correcciónpolítica impidieron crear puntos enclaves sobre los que cimentar unadiscusión creativa y productiva.La ausencia de auto-crítica y la marketinización de los discursos -dando más
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