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OSWALD WIRTHEL IDEAL INICIÁTICO
 
INTRODUCCION
En todo tiempo hemos visto falsos profetas perorar en tono doctoral y con absoluta buena fe sobrelo que pensaban saber. Antiguamente les inspiraba la religión y en su creencia de poseer la Verdad,gracias a la ilusión venían a revelarnos lo que debíamos creer, dándonos
 precisiones
respecto a ladivinidad, a los ángeles y a los demonios.En nuestros tiempos, acostumbran dárselas de
 Iniciados
instruidos en los supremos misterios que permanecen velados a la penetración de la generalidad de los hombres. La Iniciación da de talsuerte pretexto a ciertas enseñanzas equívocas, pero no siempre inofensivas, sobre todo cuando lainvestigación de conocimientos anormales conduce al desequilibrio de los individuos.En presencia de tan gran número de malsanas elucubraciones que preconizan el desarrollo de unestado alucinatorio considerado equivocadamente como conquista de un privilegio iniciático, noestá por demás formular los principios de la sana y verdadera iniciación tradicional.Es lo que hemos intentado en una serie de artículos publicados en “Le Symbolisme” desde enero de1922, artículos que hemos reunido en este opúsculo para mayor comodidad del lector. No tenemos, desde luego, la pretensión de haber dilucidado enteramente la cuestión, pero el caminoque señalamos es el verdadero y todos los documentos iniciáticos concuerdan sobre este punto.La pista en verdad queda tan sólo trazada ligeramente; algunas veces llega a perderse y es precisosepamos encontrarla otra vez, haciendo uso de nuestra sagacidad para orientarnos. La Iniciación, enefecto, debe poner en obra nuestra propia iniciativa sin imponerse jamás; hay que descubrirla yviolentarla si queremos poseerla. No espere, pues, el lector encontrar en esas páginas un tratado metódico. La Iniciación debeadivinarse, y su autor sinceramente iniciático, no puede hacer otra cosa que ayudar a descubrirla.
 
CAPITULO ILA INICIACIÓN MASÓNICA
La Francmasonería es una institución moderna en cuanto a su organización, que no remonta másallá del año 1717, fecha de la constitución en Londres de la Gran Logia madre, de la que derivanmás o menos directamente todas las federaciones masónicas del mundo.Lo que entonces nació fue una confraternidad que se afirmaba como universal y que debía quedar abierta a todos los hombres de reconocida moralidad, sin distinción de religión, de opiniones políticas, de nacionalidad, de raza ni de posición social. Esta asociación tenía por finalidad lograr que sus adheridos se quisieran a pesar de todo cuanto podía diferenciarlos. Su deber era estimularsemutuamente y esforzarse en comprenderse, aunque los distanciara su manera de pensar o deexpresarse.Alegóricamente, la Francmasonería aspiraba a remediar la confusión de los idiomas que dispersó alos constructores de la Torre de Babel. Su objeto era formar 
Masones
capaces de entenderse de un polo a otro, para juntos edificar un templo único en donde vendrían a fraternizar los sabios de todaslas naciones. Este edificio no se inspira en modo alguno en el humano capricho: no es una Torredestinada a desafiar el cielo en su orgullo, sino un santuario cuyo plano concibió el
Gran Arquitectodel Universo.
 La Francmasonería tiene buen cuidado de no definir el Gran Arquitecto, dejando toda latitud a susadeptos para que se hagan del mismo una idea de acuerdo con su fe o con su filosofía. LosFrancmasones abandonan la teología a los teólogos, cuyos dogmas levantan apasionadasdiscusiones cuando no conducen a las guerras o a persecuciones inicuas.Al dogmatismo rígido e intransigente, la tradición masónica opone un conjunto de símboloscoordinados lógicamente, de manera de explicarse unos por otros. Los espíritus reflexivos seencuentran, de tal suerte, solicitados a descubrir por sí mismos los misterios a que alude elsimbolismo. Algunas someras indicaciones le marcarán la senda a seguir, pero no se comunica alneófito más que la primera letra de la palabra sagrada: debe saber por sí mismo adivinar la segunda;su instructor le revela luego la tercera, a fin de que pueda encontrar la cuarta, y así sucesivamente.Este método es muy viejo. Su propósito es formar pensadores independientes deseosos de llegar por su propio esfuerzo a discernir la verdad. Nada se les inculca ni se les pide acto de fe alguno,respecto a cualquier revelación sobrenatural; del lejano pasado en donde tiene fijas sus raícesespirituales, la Francmasonería no ha heredado creencias determinadas ni doctrinas concretas y sísolamente sus procedimientos de sana y leal investigación de la Verdad.Por lo tanto, el pedir la admisión en la Francmasonería, no puede ser cuestión de esperar lacomunicación de estos hechos misteriosos que tanto intrigan a los aficionados a la ciencia oculta.Los Francmasones se interesan individualmente en todos los conocimientos humanos y pueden ser,si llega el caso y según les plazca, ocultistas, teósofos, metapsíquicos, etc., pero la Francmasoneríase abstiene en absoluto de enseñar nada en cualquier orden de ideas. No tiene por misión resolver los enigmas que se presenten a la mente humana y no se declara a favor de ninguna de las teoríasexplicativas de los hechos sensoriales. Indiferente a toda suposición arriesgada, se coloca por encima de los sistemas cosmogónicos formulados ora por las religiones, ora por las escuelas defilosofía.
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