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CLASE124

CLASE124

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El Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina. Fascículos semanales publicados en Página 12, Buenos Aires, 2009-2010
El Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina. Fascículos semanales publicados en Página 12, Buenos Aires, 2009-2010

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P
eronismo
 José Pablo Feinmann
Filosofía política de una obstinación argentina
Suplemento especial de
P
ágina
I
12
“La más maravillosa música”
124
 
ESA FRASE: “LOSACONTECIMIENTOSSE PRECIPITAN”
E
n los viejos libros solía escribirse
los acontecimientos se precipitaban
. Yano se usa. De todas formas, losacontecimientos siempre han segui-do precipitándose. Teóricamente lafrase es más que discutible. Postula una velocidadde la Historia. Postula, asimismo, una linealidad.Una historia que avanza. No necesariamente queprogresa, pero avanza. Puede no saberse bienhacia dónde, pero sigue avanzando. A veces másrápido, otras más despacio. Cuando hay unasumatoria de sucesos enlazados que producen lasensación de desbocarse es que se habla de la pre-cipitación. Hasta comienzos del siglo XX loshombres aún tenían una visión racionalista de lahistoria. Paso a paso, más lento o más rápido,avanzaba. El hundimiento del
Titanic 
en 1912 y la
Primera Guerra Mundial 
erosionaron grave-mente esta certidumbre. Hemos visto –durantelos ’60– que ese avance tenía incluso un punto enel horizonte, que se avanzaba hacia algo predeter-minado: hacia el socialismo. Estos fueron losmomentos en que la Historia más certezas entre-gó o más certezas se le pidieron. Caídas estas cer-tezas surgió la palabra utopía, propia del progre-sismo de los ’80, de la socialdemocracia. En la Argentina, del alfonsinismo. Al ser imposibledepositar en la Historia la certeza de un futuroasegurado se recurrió a una especie de teoría delcaminar ininterrumpido de los seres humanoshacia ese futuro. Ya no se le decía “socialismo”,pero valía la pena caminar hacia él, de modo quealgo de socialismo posiblemente tendría, o seríaimprescindible concederle. La utopía eran lossueños. Pero para atraparlos había que ir haciaellos. El sentido no estaba en llegar a ellos sino enel ir, en la marcha, en el caminar que jamás cesa-ba. El futuro existía porque los hombres camina-ban hacia él. La utopía funcionaba así como unaespecie de poderoso imán que atraía a los cami-nantes. De aquí la notable fuerza del poema deEduardo Galeano. Que es más o menos así:
Camino dos pasos y ella se aleja dos pasos, caminocuatro y ella se aleja cuatro, camino cinco y ella se aleja cinco, ¿para qué sirve la utopía? Para eso, paracaminar 
. O la utopía sirve para obligarnos acaminar hacia ella. Ese
caminar 
expresa otrascosas. Caminar es no detenerse, no bajar los bra-zos, no entregarse, no cejar en los mejores empe-ños que dan sentido a la vida. He visto a actores y actrices derramar gruesas lágrimas diciendo estepoema y a diversos públicos aplaudir con alegría, jubilosamente.Todo se hizo trizas. No hay certezas. No hay nada hacia donde caminar. Nada que lo tironee auno. Es muy posible que esa caminata –que, ade-más, cansa: a mí, lo confieso, caminar me cansa y me aburre– sea sólo una caminata. Que no tenganada de no bajar los brazos o no entregarse. Quesea sólo caminar. Puede que –en verdad– la lunaalumbre y nada más. Lo que uno no negaría–concediendo– es que hay momentos más agita-dos, más descontrolados. Ahí es donde se diceque los acontecimientos se precipitan. La palabraprecipitar(se) es hondamente conceptual paranuestro tema. Repito, aquí, la hipótesis que guíaestas dilatadas páginas.
Todo lo que se hizo se hizotal como era necesario hacerlo para que todo termi-nara en la tragedia en que terminó 
. Esto no estabaescrito en ninguna parte, no era un destino. Noera una necesariedad. No había un devenir teleo-lógico entre el 25 de mayo de 1973 y el 24 demarzo de 1974. No. Fue la praxis libre de losagentes de la historia la que determinó un rumboque nadie supo alterar. O no quiso.
Todos fueroninfalibles en el Error 
. No hay buenos, no hay malos. Si planteamos como finalidad esencial lade evitar la masacre que se desata en el país a par-tir de 1976, todos fueron malos porque todos seequivocaron, todos hicieron lo rigurosamente
II
 
necesario para que esa masacre se produjera. Deaquí que podamos escribir: los acontecimientosse precipitaban. ¿Hacia dónde? Hacia los camposde masacre del más monstruoso de todos losmonstruos de esta Historia. Hacia el Monstruoque –por fin– establecería una verdad entre tan-tas verdades que colisionaban belicosamente sinimponerse las unas a las otras. Esa verdad fue laMuerte. El que impone la Muerte a todos losotros agentes históricos, matándolos o absorbién-dolos, el que monopoliza el poder de dar laMuerte, el que lo torna privativo de sí, el que lesarrebata a los demás ese poder (o se los restringehasta expresiones mínimas, que nada modifican,que nada alteran), el que pone la Muerte al servi-cio de sus proyectos, el que por medio de laMuerte somete a los otros porque, al tenerla sóloél, los otros sólo pueden ser sus víctimas, ésetiene también la
verdad 
. Porque la verdad es hijadel poder. Tengo el poder cuando soy capaz deimponer mi verdad como la verdad de todos.Este poder –fruto de la Muerte, de la Muertedesaparecedora de los cuerpos– se instala a partirde 1976. Antes, todos se mataban entre ellos. A partir del 24 de marzo, Uno es capaz de matar aTodos. Tiene la verdad. Los otros, no. Los muer-tos nunca tienen la verdad: son incapaces deimponerla por estar –precisamente– muertos. Losmuertos tienen el silencio. El Uno que se apropiade la Muerte para imponer su verdad decreta elfin de la guerra. Ahora, la persecución y la masa-cre de los derrotados. Que es clandestina, noctur-nal, que exhibe y despliega obscenamente lacrueldad de los vencedores. Se instala sobre elcampo de batalla la calma de los cementerios.Nadie habla. Nadie dice nada. Todo sigue comosi nada hubiera pasado. El miedo –se descubre–no es agradable, pero da cohesión a una sociedad.La sosiega. Llegan los vahos del horror, llega elsudor frío del horror, pero todos lo niegan. Nopasa nada. Ya, por fin, no pasa nada. “Estoy saciado de horrores (dice Macbeth, el asesino deDuncan, rey al que, por medio de ese asesinato,sucede en el trono de Esocia). Lo siniestro, siem-pre familiar para mis pensamientos asesinos, yano puede asustarme más (...) El mañana, elmañana, el mañana se desliza de día en día conpaso mezquino, hasta la última sílaba del tiempodado, y todos nuestros ayeres han alumbrado alos necios en el camino hacia el polvo de la muer-te. ¡Apágate, llama fugaz! La vida es sólo unasombra errante, un burdo actor que apenas unmomento se pavonea y agita sobre el escenario, y nunca vuelve a ser oído. Es un cuento contadopor un idiota, lleno de sonido y de furia, y queno significa nada” (William Shakespeare,
La tra- gedia de Macbeth
, Norma Editorial, 2001, p.142. Cambié, en la traducción, “ruido” por“sonido”. Desde que leí –en mi adolescencia– lanovela de Faulkner estoy acostumbrado a llamar-la
El sonido y la furia
. Ahora se publica como
El ruido y la furia
. No está mal. El ruido es una delas notas esenciales de nuestro tiempo. Faulknerle puso a su obra
The Sound and the Fury 
, queadmitiría las dos traducciones. Armando Roa Vidal, el traductor de la edición de Norma queutilicé, prefiere “ruido”. El toque humorístico–otra cosa no puede ser– surge de la vieja traduc-ción de Luis Astrana Marín, objeto, desde hacetiempo, de todos los desdenes. En este caso se justifican. En lugar de poner “lleno de ruido y defuria” o “lleno de sonido y de furia”, AstranaMarín traduce: “con gran aparato”. De dondesurge que la genial novela de Faulkner debió lla-marse:
Con gran aparato
. Sin más.)
OTRA VEZ: PERON-GODOT
Desearía ser bien comprendido en un tema tandifícil: no estoy diciendo que la intervención delos desaparecedores fuera necesaria. Sólo digo quese la hizo posible. Que la hicieron posible “losdesatinos de los necios en el camino hacia elpolvo de la muerte”, como dice el gran Bill Sha-kespeare.
Pudo haberse evitado
. Ante todo, siPerón no se hubiera muerto. O si al menoshubiera vivido un año más. Aunque, ¿cuáles serí-an entonces sus condiciones de deterioro? Creoque el anciano general –conociendo su estado desalud– no debió haber vuelto. Pero, ¡cómo habríapodido no hacerlo! Todos lo tironeaban, lorequerían. Godot debe volver. Y no: no debe vol- ver. Ni hay que seguir esperándolo. Godot debemorir. Pero lo que Godot no puede hacer es lle-gar para morir. Porque si llega va a morir, peroasesinado por quienes lo esperan. Godot jamáspodría satisfacer las esperanzas que se han deposi-tado en él. Dejar contentos a todos. Cumplir conlos deseos extremos, a veces impiadosos de quie-nes lo esperaban. Al no cumplirlos, la esperanzade su llegada se transforma en frustración. Losque esperaban enfurecen. Al enfurecer todosempiezan a reclamar a Godot: Godot volvió paraellos. Godot, incluso, puede argumentar que vol- vió sólo para algunos, pero los otros se sentirántraicionados. ¿Para eso esperaron a Godot? Esta-lla la guerra entre quienes tienen la bendición deGodot (“volví para ustedes”) y entre quienespadecen su exclusión (“no volví para ustedes, queson mis enemigos”). Pero los excluidos arguyenque Godot miente, o que alguien le dicta lo quedice, o que se equivoca, o que Godot está viejo,delira, no puede decir siquiera la verdad deGodot. Que la verdad de Godot la tienen ellos.Porque, lo quiera o no Godot, ellos encarnan loque de él se esperaba. Son los depositarios, loscustodios auténticos de la verdad de Godot. Losotros son unos miserables falsarios sólo validadospor la inteligencia extraviada de este Godot queni siquiera sabe interpretarse a sí mismo, que haperdido la noción de lo que representa y deberepresentar para la mayoría de quienes lo espera-ban y lucharon por su regreso. La guerra enfrentaa los elegidos de Godot y a quienes se asumencomo los verdaderos representantes de Godot, losque expresan su auténtica verdad aunque nocoincida con la que ahora él dice. Los cadáveresaparecen aquí, allá, en todas partes. Godot tratade conducir el desorden, la tragedia. Pero Godotestá viejo. Godot entiende entonces que no debió volver. Que sólo debió expresar la esperanza–aunque falsa, inauténtica, diría Heidegger, por-que nadie debe poner su proyecto en otro– dequienes lo esperaban. Pero nunca volver. Porquenunca dará satisfacción a todos. En medio de estaterrible certidumbre (la del Error absoluto, irre-futable, sin remedio) Godot muere. Se lo handevorado sus fieles. Los que tanto lo esperaron. Al morir, Godot no dio satisfacción a nadie. Almorir, el sentido se pierde. Sólo sigue la matanza.Todos lo entienden: el sentido no era Godot.¿Dónde está? No hay sentido. Sólo la Muertepuede restablecerlo. Pero lo que la Muerte resta-blece es el sentido de las tumbas, que sólo a Ellabeneficia. En suma, Godot es una figura másmetafísica que ontológica en la que el existenteinauténtico deposita la realización de sus proyec-tos.
Si Godot viene –razona– todo será posible, todose hará realidad.
No advierte –no puede advertir–que no debiera ser necesario que Godot vengapara que sus proyectos se eyecten en busca de ladimensión del futuro. Que el hombre –al serposibilidad y no realidad– debe ser su arrojo,debe proyectarse, debe e-yectarse a partir de sí y no vegetar esperando algo mágico o extra-ordina-rio de la facticidad. Godot debe morir –de una y mil maneras– para que el hombre pueda conquis-tar su ser auténtico. De lo contrario, jamás dirá
su
palabra porque espera que Godot venga adecirla por él. O a abrir la posibilidad de decirla.Esa posibilidad la debe abrir él. Cada uno es suposibilidad porque la elige o la crea.
NO HAY “JUSTICIA POPULAR”EN DEMOCRACIA
 Volvemos a la precipitación de los aconteci-mientos. Indaguemos –según es nuestra habitua-lidad– por medio de los sinónimos. Nos van aconceder el sentido de la palabra
 precipitar 
y esesentido será el de la realidad argentina del ’74 al’76. Los sinónimos de
 precipitar 
son: derrumbar,derribar, despeñar. Los hechos, al precipitarse, sedespeñan. De aquí en más, todo lo que en esterelato se
despeña
lo hace hacia la Muerte. LaMuerte es el golpe del 24 de marzo. Otros sinó-nimos de precipitar son: atolondrar, atontar,aturdir, ofuscar.
 Aturdir 
es el sinónimo perfecto.Los hechos se precipitan en la modalidad delaturdimiento. ¿Por qué? Porque se precipitanentre el ruido y la furia. Ese ruido, esa furia, atur-den y también atolondran o atontan a los prota-gonistas del relato. Si el relato cada vez significa
menos 
(hasta llegar a significar
nada
cuando sólola Muerte reina) es porque los protagonistas pier-den su poder significante al despeñarse en su pra-xis, atolondrándose, atontándose. De esta forma,ya no pueden contar su relato sino balbuceando. Ya no pueden protagonizarlo sino aturdiéndose,atolondrándose. En fin, a-tontándose. Ahora elrelato –el entero relato– es apenas un relato
con-tado por un idiota
(o por muchos idiotas),
lleno de sonido y de furia, que no significa nada
. O cada vez menos hasta llegar a las puertas de la Muertey, mansamente, atravesarlas. Ahí, nada significanada. Pero se acabó el sonido, se acabó la furia.O sólo existe el sonido y la furia de Uno, el quepersigue y da la Muerte a todos los otros. Aquí,ya no hay significación. La Muerte, en su moda-lidad de exterminio, no es un significante: es elfin de todos ellos. La Muerte Argentina –cuyaesencia es la desaparición– al hacer desaparecerlos cuerpos elimina los significantes. Sólo quedael suyo que radica en eliminarlos. Al fin, noqueda ninguno. Desaparece la posibilidad delsentido. No hay sentido. Sólo hay terror, laimposibilidad de pronunciar una palabra diferen-ciada de la palabra Unica y aplanadora del Poder.(
Nota:
Los sinónimos de precipitarse tienen lamisma característica de caída por causa propia,por imposibilidad de frenar el rumbo hacia lacatástrofe, incluso por ratificarlo con cada acción.Son: arrojarse, lanzarse, tirarse, derrumbarse, des-peñarse, derribarse, impelerse. Y también la caraemocional que acompaña a estos actos de auto-destrucción: atolondrarse, atontarse, aturdirse.)Los hechos que se precipitan son los siguientes:el 10 de enero de 1974 –como apertura de eseaño macabro– el ERP, lo hemos visto, ataca laGuarnición de Azul. Pésima decisión atribuidaprincipalmente a Gorriarán Merlo (un triste per-sonaje de estos tristes hechos y de otros que ven-drán: el insensato ataque al cuartel de La Tabladabajo la presidencia de Alfonsín). Durante las“acciones” es asesinado (no hay 
 justicia popular 
endemocracia, sólo asesinatos, del lado que vengan)el coronel Camilo Gay, su esposa y un soldado:Daniel González. Secuestran al coronel JorgeIbarzábal. Caen dos combatientes del ERP y deotros dos no se vuelve a saber nada. Algunos sádi-cos del Ejército de la doctrina francesa de con-trainsurgencia se habrán “entretenido” con ellos.Era su modo de ir practicando para el momentodel asalto al gobierno que, no lo dudaban, ya lle-garía. ¿O no se estaban autodestruyendo todosesos locos? Perón –apenas se produce lo de Azul–aparece por la cadena de televisión vestido porprimera vez con su uniforme de teniente general. Ahí estaba: todos los veteranos que aún andan porahí lo recuerdan. El Viejo estaba iracundo. No erael Viejo, era un teniente general vestido con susmejores galas. ¿Por qué el uniforme? ¿Cómo? ¿Nohabía sido atacada una Guarnición? Perón se vistecomo sus compañeros de armas. Y habla comouno más de ellos. Ahí está: qué cosa, parece unmilico más. Y arroja palabras terribles contra laguerrilla y contra el gobernador de la provincia deBuenos Aires, Oscar Bidegain, que era un buenhombre, que seguía siendo fiel a la juventud y quehabría que haber luchado por mantener en supuesto a toda costa, pero con inteligencia. Lo
III

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