¡Es tiempo de echar mano de la vida! (Reinhard Bonnke) Página 2
Existían literalmente en su propio mundo, ocupadas con sus propias cosas y sin conexiónalguna con las cosas más allá de su pequeño imperio. Bueno, eso puede valer parahormigas, pero, ¿no es cierto que algunos de nosotros son un poco así, viviendo una vidasin pensar en algo superior, algo más allá de nosotros mismos?Me recuerda a la oración de un hombre común y corriente: “Señor, bendíceme a mí y miesposa, a nuestro hijo y su esposa, a nosotros cuatro y a nadie más. Amén.” ¿Es esto vida?¿Sin ningún propósito más alto y trascendental aparte de obtener bendición para nosotrosmismos? Bueno, sin Dios, así es la vida. O tenemos a Dios en nuestras vidas, o lo quetenemos es al fin y al cabo nada más que una monótona existencia como un callejón sinsalida – en medio del mundo, un tiovivo que tarde o temprano quedará sin energía. ¿Qué esla vida sin Dios? Nosotros no tenemos relevancia alguna, así como todo este mundo deindustria y negocio. Todo lo que no toma en cuenta a Jesucristo, en realidad no tienesentido.
El plan del Creador
El ingenioso plan del Creador para nosotros es, que tengamos algo mejor que lo quetuvimos al nacer. Le costó mucho poder ofrecernos este plan. De hecho le costó más que lacreación del mundo. Su plan para nosotros no se pudo activar por medio de una órdencreativa, por muy poderosa que sea. Costó lo que solamente Dios pudo dar, mucho másvalioso que oro. Dio lo que más amó – su Hijo.
Lo que Dios estaba dispuesto a hacer por nosotros, solamente se puede medir por medio de la Cruz. ¡Dio todo lo que tenía! Cosas como gracia, bondad, su bendición ylos dones forman todas parte de este glorioso paquete, el impresionante regalo paranosotros – Jesucristo. La calidad de la vida que Dios da se demuestra en el precio quefue dispuesto a pagar – su amado Hijo.
En Jesús nos es dado todo lo que necesitamos para vivir una vida verdadera –
“conforme ala medida de fe que Dios repartió a cada uno.”
(Romanos 12:3). Sin embargo, esto nosucede automáticamente – tenemos total libertad para aceptar o rechazarlo. Hay tantosregalos que recibimos sin pedir por ellos como el sol, la lluvia, el aire. Pero hay otros regalosque Él no nos dejará casualmente encima de la mesa. Son cosas tan valiosas que nos lasquiere dar personalmente, entregarnoslas de sus manos en las nuestras. El principio según