ENTRE NOSOTROSQuerido lector que desde hace varios años te asomas en mi vida interior y la escudriñas; una vez te dije:
Quiero ser como el árbol que acepta su destinoY entiende la prudencia de apegarse a su predio...
(Reflexiones de un guijarro, Pág. 25)Me encuentro y me reconozco cada vez mejor con esa imagen. Cadaramo del árbol es un certificado de madurez. Es un logro que muestra que la pujanza interna de la savia se traduce en acción y vida.En cada rama, el árbol reafirma su intención de dar fruto, de atraer pájaros y cobijar nidos, convirtiéndose en un protector amoroso de otrasformas de vida. Nosotros también, cuando damos lo más que podemos, cuando no nosconcentramos sólo en nuestras raíces y cultivamos la comunicación con elmundo exterior, sentimos que la vida acude a nosotros, que nuevas ideasanidan en las horquetas, y las experiencias propias y ajenas nos enriquecen. Nuestros pensamientos y nuestros gestos de amor también llevanmanifestaciones vivificantes a otros árboles, y dejan aferrados a ellos otrosnidos. Luego, los pájaros que nacen y vuelan, llevan más lejos lo que hanrecibido. Todo el bien que les hizo el nido paterno, lo vuelcan en el nuevonido que construyen. En la obra de Dios, todo está programado para dar y beneficiarse de lo que recibe.Extiende por favor tus ramas, y deja que algo de lo que te traigo anideen ellas.
Alef Gimel
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