CRÓNICA
Lunes 19 de julio de 2010•
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ESCRIBE / FOTOS: JESÚS RAYMUNDO TAIPE
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etrás de la muralla de sillar, la historia y el tiempo sehan detenido en los laberintos de una ciudad que esgobernada por el silencio y la clausura. En sus calles,arcos y pasajes, así como en sus claustros, fuentes y patios,que permanecieron ocultos gran parte de sus cuatro siglosde vida, la fe no ha envejecido. Se mantiene viva en su ar-quitectura, el arte sagrado y las costumbres de las religiosasque sirven fielmente a Dios.En sus 20 mil metros cuadrados conviven los aportes dediversas épocas, que armonizan, para asombro de muchos,en un conjunto arquitectónico inspirado en la vida comunita-ria regulada por normas estrictas. En su época de esplendor fueron habitados por varios cientos de mujeres, entre las quese encontraban religiosas, novicias, doncellas y esclavas quecompartían una vida sencilla y atareada a la vez.Desde que fue abierto al público, el 27 de julio de 1970,e inaugurado oficialmente, el 15 de agosto del mismo año.Javier Velarde, gerente de Promociones Turísticas del Sur,la empresa que lo restauró y hoy lo administra, lo conside-ra la joya arquitectónica de Arequipa y su principal atractivoturístico.
COMPROMISO REGIONAL
Después de los terremotos de 1958 y 1960, que afecta-ron la arquitectura de la ciudad de Arequipa y de los distritosaledaños, se inició la restauración de templos e iglesias delos siglos XVII y XVIII que habían sufrido daños. Por un temaeconómico, el monasterio de Santa Catalina no fue conside-rado en el plan, a pesar de su valor histórico y originalidad.En 1968, con la llegada de ocho religiosas españolas, se im-pulsaron nuevas obras. En aquella oportunidad, las madres an-cianas aceptaron la construcción de un edificio para la clausura,pero sin demoler ni destruir zonas importantes del monasterio.Mediante una tapia elevada se evitó que los visitantes posterio-res tuvieran contacto con las religiosas, que saludaron la mejorade las condiciones de salubridad.La iniciativa inicial de recuperar los ambientes dañados yponerlos en valor fue del ingeniero Eduardo Bedoya Forga, autor de
Puerta abierta entre dos mundos
. Su propuesta fue lograr elinterés de una institución pública o una empresa privada queinvierta en el monasterio con la supervisión del Arzobispado deArequipa. El primer paso fue elaborar el plano detallado, que per-mitió evaluar los daños sísmicos y la dimensión de las obras.La propuesta inicial del Banco Central Hipotecario delPerú, de apostar por su restauración a cambio de convertir laciudadela religiosa en un centro turístico, fue denegada por elArzobispado, las religiosas de Santa Catalina y el Consejo deMonumentos Históricos de Arequipa. Entonces, surgió el interésde la empresa Promociones Turísticas del Sur. El contrato fue fir-mado sin que ambos representantes pudieran verse los rostros,el 1 de agosto de 1969.
SIN PERDER LA ESENCIA
Durante el trabajo de restauración, las religiosas conser-vaban intacta su privacidad, excepto las madres priora y pro-curadora, que habían recibido el permiso del Arzobispado paralevantar temporalmente las normas de la clausura. Lo primeroque se realizó fue limpiar todas las áreas donde se realizarían lareconstrucción. Fue común desarmar bóvedas y muros en cel-das y ambientes que se encontraban deterioradas.
"EL MONASTERIO DE SANTACATALINA MUESTRA ALMUNDO LA VIDA, EL ARTEY LOS SECRETOS QUEPERMANECÍAN OCULTOSDETRÁS DE LAS ESPESASMURALLAS."
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