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“Un régimen democrático no puede aceptar que participen en él quienes tienen como postura programática acabar con el propio régimen democrático”

“Un régimen democrático no puede aceptar que participen en él quienes tienen como postura programática acabar con el propio régimen democrático”

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Un régimen democrático no puede aceptar que participen en él quienes tienencomo postura programática acabar con el propio régimen democrático
Para hacer un análisis de esta tesis es necesario tomar en cuenta que, de una manerasumamente general, la palabra democracia conlleva el hecho de designación de poder pormedio de la voluntad general de quienes participan o pertenecen a ella. Lo queinmediatamente nos lleva a pensar por diversas razones que contrariamente a lo establecidoen la tesis evocada, es no solo lógico sino también necesario que en dicho régimen(democracia) se presenten las posturas de manera libre y plena.Primeramente sería necesario comenzar con la posibilidad de que dicha postura seapacífica y democrática. Y para justificarla podemos decir que si determinamos que siendo lademocracia un régimen donde impera la
voluntad general,
siempre habrá la posibilidad de queexista una mayoría insatisfecha que a causa de múltiples razones (inconformidad, culturales,falta de capacidad administrativa y/o ejecutiva, etc.) quiera o busque un cambio de régimenque ellos consideren (independientemente si es o no) más eficiente según sus necesidades. Alargumentar esto, no podemos dejar a un lado la interrogante de: ¿Qué pasaría si al hacer uncambio a un régimen que no es democrático el mismo no satisface las expectativas? ¿Cómopodría la sociedad demandar una rectificación o anulación si ya no existe la imperación de lavoluntad general? ¿Es que acaso la voluntad general, la sociedad civil, el vulgo, tiene lacapacidad de tomar decisiones semejantes? Estas son interrogantes que fácilmente nos podríallevar a argumentar la tesis establecida, pues ciertamente debemos tomar en cuenta quedesde este punto de vista en donde la comunidad elige de manera democrática y/o consensualun cambio de régimen político, podría ser considerado como un vil suicidio, pues si se ve deuna manera simple sería exigir dejar de tener el derecho de exigir, en caso de suponer que deverdad saben que es lo que están exigiendo. Pero en todo caso, por más incoherente que seauna decisión democrática que dictamine terminar con la misma, se basa (siempre y cuando sea
 
un consenso social) en los principios de dicho régimen, y el no aceptar la participación deaquellos que tengan como
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ostura
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acabar con el 
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io régimen
seríasimplemente violentar el sistema establecido, en este caso, la democracia.Pero el caso anterior no es el único donde se puede plantear esta tesis. Habría quehacer un análisis sobre la posibilidad de que estos, quienes tienen como postura acabar con elrégimen, no representen una mayoría pero que tengan poder suficiente como para sentirsecon la capacidad de alcanzar dicha meta.No es un secreto para nadie el gran poder que contemplan los medios decomunicación y difusión de información. Actualmente en Venezuela se plantea que las éliteseconómicas privadas hacen uso de los medios de comunicación para crear matrices de opiniónque desestabilicen el gobierno con el fin de acabar con el régimen actual. Si es cierto o no, estono será la discusión a nosotros seguir, lo que se busca es visualizar un escenario donde la tesisprincipal puede ser argumentada. Y es que realmente habrán quienes se plantean que estesupuesto comportamiento (el de atacar sistemáticamente la opinión pública paradesestabilizar el Gobierno y acabar el régimen) debería ser controlada y hasta en algunos casosprohibida, acá en este escenario entra un subtema: La libertad de expresión, de lo cualsimplemente diremos que la consideramos como parte esencial de una democracia, ya queesta es la herramienta primordial para homogeneizar la opinión de las mayorías sociales laforma de llegar a acuerdos dentro del marco de la voluntad general de la sociedad y por tantola toma de decisiones masivas dentro de la democracia. La gran disyuntiva es ¿Qué pasa si losmedios tienen un comportamiento editorial, donde prevalecen intereses individuales oprivados y tienen una clara intensión (en caso de tenerla) de acabar con el régimendemocrático afianzado por una mayoría? Y ciertamente que la respuesta no es la exclusión desu participación, lo más lógico es contrarrestar ese poder por medio de la educación (crear uncriterio base para absorber cualquier tipo de información sin que sea dañina) y una
 
competencia más eficiente (de medios de difusión). Es decir, la solución no sería prohibir laparticipación de los medios sino obstaculizar, contrarrestar y opacar a los mismos. Esterazonamiento se explica fácilmente si entendemos que al amordazar, privar de expresión acualquiera que sea el grupo que intenta programáticamente acabar con el régimen, causaríaposibles
levantamientos invisibles
que por lógica se organizarían de manera secreta los quepodrían ser verdaderamente peligrosos para el mismo. Por otra parte, el régimen democráticodebería tomar a estos actos de subversión mediática como herramientas de aprendizaje, tantode las formas y métodos organizativos de los grupos subversivos así como crítica constructivaque le facilite la información necesaria para evaluar las inconformidades generales y actuarsegún su conveniencia.El tercer escenario que deberíamos plantearnos se refiere al de la apariciónparticipativa de grupos subversivos armados y para ser un poco más específicos nosplantearemos un caso, si bien no el mismo, similar al de Colombia o Irlanda. Supongamos unescenario donde grupos sociales no confiaban en sus regímenes democráticos y se organizaronde manera armada para luchar contra el mismo y al no poder lograr un control a través de lasarmas, comienzan a intentar un cambio que los lleve a participar de manera democrática ypacífica para llegar a acuerdos aceptables, representación política y hasta cambios másprofundos como pueden ser transiciones del mismo sistema.En este caso lo primero que nos haría pensar que no se debe aceptar la participaciónde estos grupos es el simple hecho de los actos ilegales cometidos, que si bien se han dejadode cometer o prometen cesar a cambio de la participación política, no pueden quedar impunesya que en todo momento estamos considerando la legalidad constitucional y democrática (encuanto hechos violentos e ilegales se refiere). Pero dicha problemática tampocopuede serusada como excusa, pues en este caso solo hay que hacer pagar las penas establecidas a losresponsables y aún habrá simpatizantes y/o representantes que puedan llevar la batuta en los

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