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Juan Carlos
Aparicio M.
EL CORREDOR DE
LARGA DISTANCIA
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2
 
E
staba atardeciendo mientras el autobús corríarápidamente por la carretera interestatal y no hacía mu-cho que habían abandonado el peaje donde un policíade lentes oscuros pidió al conductor que hiciera descen-der a todos los pasajeros para exigirles su identificación.¿Pa'ónde va oiga?, había preguntado a cada uno con eltípico acento del norte de México, Nos llevan de brace-ros para Puerto Isabel, había contestado Fernando mien-tras le mostraba su pasaporte salvadoreño. El policía re- visó la visa del consulado mexicano e hizo un gestomientras se llevaba el dedo pulgar a la boca. Llamó alconductor y apartándolo un poco de los demás se musi-taron algo entre dientes volteando al mismo tiempo suscabezas para ver a Fernando. Se acercó de nuevo el po-licía y mientras con una mano se quitaba los lentes desol con la otra le devolvió su documento diciéndole entono cómplice, Me saluda al Uncle Sam, bracerito... yo ya estuve allá. ¡Ándele pues, Compadre! le gritó al con-ductor agitándole una mano en alto y habrían partidodel lugar.
 N
o debía ser muy tarde, en esa época del año el solse oculta más temprano y los días son engañosos, pero elrojizo-naranja de los bordes de las últimas nubes en elcielo le hicieron recordar a Margarita, su esposa y a Nan-dito, que a esta hora sin duda estaría jugando dentro dela tienda de su vecina allá en Cara Sucia, donde se locuidaban hasta que su mamá retornaba del trabajo. Re-cién ella había conseguido un empleo en la ciudad de
 
 
3
 
Sonsonate como cajera de un restaurante especializadoen mariscos. Pensó en llamarle en ese momento y setocó el bolsillo derecho de sus jeans, pero recordó quehabía dejado su celular al partir.
E
l cielo estaba ya completamente oscuro cuandorecordó por qué iba montado en ese autobús, viendo sureflejo sobre el vidrio de la ventana pensó en la nocheen que junto a Margarita le habían dado la noticia aNandito, Tu padre tiene que irse mi niño, le dijeron,pero volverá con mucho más para nosotros, ¿Y por qué?,había preguntado el niño, Porque nos quiere a los dos,hijo, solo el que ama verdaderamente regresa sobre suspasos y nos llevará allá adónde él va, al otro lado, le dije-ron. El niño no dijo más nada en ese momento, perofue a buscar a su padre ya entrada esa noche. Lo en-contró sentado sobre su cama, con la mirada fija sobrealgo que tenía entre las manos y el niño cambió su pre-gunta por algo que le intrigó más ¿Qué es esto que tie-nes aquí?, Es un trofeo, le había dicho Fernando, Es un Águila Dorada hijo, lo gané en una maratón durante losDécimos Juegos Centroamericanos. Me lo entregó elpropio presidente del INDES y salí en los diarios, peroeso fue hace mucho tiempo, le dijo, mientras se pellizca-ba el curvilíneo abdomen por un costado. El niño repa-saba el ave con atención y preguntó ¿Qué es una ma-ratón? suena a algo grande, Es una carrera de larga dis-tancia hijo, yo era buen corredor, le contestó Fernandomirando también al ave, Yo nunca he visto un Águila
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