Cuando se elige un Presidente, sobre todo luego de un período caracterizado por la deca-dencia, se necesita priorizar una visión respecto del destino del país que vaya más allá delas cuestiones coyunturales. Como decía el General De Gaulle en la Francia devastada trasla Segunda Guerra, “tengo una idea de lo que debe ser la grandeza de Francia” y hacíaallí dirigió los destinos de su Nación. En nuestro país, luego del racaso de la RevoluciónLibertadora emergió la gura de Arturo Frondizi, que le propuso a la Argentina incorporarseal concierto de las naciones desarrolladas. Y no ue un slogan más de campaña, Frondiziormuló y ejecutó, hasta donde lo permitieron los planteos militares, un ambicioso Plan deDesarrollo que logró, entre otras cosas, el autoabastecimiento petrolero (ahora perdido),el desarrollo de la siderurgia, de la inraestructura, de la industria automotriz, etc. Tambiénpotenció la educación tanto pública como privada, y la Argentina se relacionaba entonces enese plano de igual a igual con las grandes potencias del mundo. En suma, tuvo una visiónestratégica y hacia ese destino de grandeza trató de llevar a la Argentina. Más allá de lasdicultades, incorporó conceptos de políticas públicas que hoy no se discuten.La Argentina del siglo XXI es un país decadente. Las instituciones están bastardeadas, lalibertad de prensa amenazada, se utiliza a los organismos de control para nes políticossectarios. Las relaciones internacionales se enocan con una óptica provinciana de amigosy enemigos, cuando lo que cuenta son valores e intereses. Las políticas sociales, lejos desuperar las prácticas clientelares, son utilizadas para la manipulación de los sectores másvulnerables. No es el objeto de estas líneas abundar sobre los rasgos de la Argentina dehoy. Lo que se necesita es revertir en orma urgente este ciclo.La Argentina requiere de un líder que le proponga un destino de grandeza, y que éste seacreíble, necesita un líder, que al igual que Frondizi en los 60, parta de un análisis inteligentede lo que está sucediendo en el mundo, que desentrañe las tendencias de su evoluciónpara elegir la manera de relacionarnos con los otros países con el mayor benecio para elpaís. Un líder capaz de plantear con claridad los problemas estructurales de la Argentina yde proponer las soluciones para su remoción. Que por su ormación y trayectoria valore lacultura del trabajo y la producción, que entienda que para que exista inversión también de-ben existir reglas claras y duraderas. Que entienda a las políticas sociales como políticas dederechos humanos. Estas condiciones no se dan en abstracto. Requieren, como se dijo, deuna ormación, una trayectoria y del acompañamiento de un grupo humano con aptitudespara llevar a cabo semejante tarea.A nuestro modo de ver Mauricio Macri reúne estas condiciones. En su trayectoria, tantocomo empresario industrial, dirigente deportivo y político, ha demostrado que no le asustanlos desaíos. Al contrario, su elección de vida es una muestra de ello. Desde que incursionóen la política su obsesión ha sido el cambio. El cambio entendido como el compromiso detransormar la realidad. En su gestión como Jee de Gobierno de la Ciudad no se limitó ahacer cosmética, por el contrario, aún con todos los riesgos que implicó, encaró transor-maciones estructurales. Desde las obras de inraestructura para resolver de una vez y parasiempre el problemas de las inundaciones hasta la creación de la Policía Metropolitana,pasando por la puesta en marcha de políticas activas para crear uentes de trabajo y valoragregado como el emprendimiento del distrito tecnológico. En este marco Mauricio Macrirecorre también el mundo buscando inversiones y oportunidades de negocios para la Ciu-dad. En las recientes giras a lo largo y ancho del país ha expresado su vocación de potenciarla Argentina productiva. Propone la integración de la economía a partir de la inversión en lossectores básicos como la energía, la inraestructura de comunicaciones, las telecomunica-ciones, etc. Para integrar el país horizontalmente plantea la creación de polos productivosen las distintas regiones con capacidad de retener la población en sus lugares de origen,población que de otra manera seguirá engrosando las villas del conurbano bonaerense y laCapital. También plantea la urgencia de recuperar la educación pública para devolverle subásico rol de igualador social. En este sentido la incorporación del inglés, las computadoraspor alumno y la doble escolaridad en las escuelas de las zonas marginales ya orman partede la política educativa de la Ciudad.Claramente es el dirigente de la actualidad que más busca levantar permanentemente lamirada, en vez de enredarse en disputas menores, el que más claramente apunta a la con-strucción de una Nación moderna, insertada en el mundo, con oportunidades para todos.Su proyecto, que es el nuestro, responde también a la necesidad de superar la habitualimprovisación que caracteriza los últimos rumbos del país. Esto implica lograr la ormulaciónde una propuesta integral de trabajo, cosa que aborda a partir de ahora la Fundación Pensar,con su tarea de consolidar equipos técnicos que cubran todas las áreas. Es necesario ex-plicarle al país cuál es el proyecto que nos agrupa y qué políticas se pretenden desarrollar,decirle a cada ciudadano para qué queremos el gobierno y por qué necesitamos su apoyo.Por las razones expuestas, y por que conocemos su integridad, sostenemos que MauricioMacri representa en el siglo XXI el tipo de político que ue Frondizi ue en los años 60.
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Por
Humberto SchiavoniHschiavoni@arnet.com.ar
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¿P
or que Mauricio es elFrondizi del siglo XXI?
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