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Graves, Robert - Los Mitos Griegos I

Graves, Robert - Los Mitos Griegos I

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LOS MITOS GRIEGOS I
ROBERT GRAVES
 
PRÓLOGO
Desde que revisé
Los mitos griegos
en 1958 he vuelto a meditar acerca del dios borrachoDioniso, de los centauros con su reputación contradictoria de prudencia y mala conducta ytambién sobre la naturaleza de la ambrosia y el néctar divinos. Estos temas estánestrechamente relacionados, porque los centauros adoraban a Dioniso, cuyo salvaje banqueteotoñal se llamaba «la Ambrosía». Ahora ya no creo que cuando sus Ménades recorrían airadasel campo despedazando a animales o niños (véase 27.f) y se jactaban después de haber hechoel viaje de ida y vuelta a la India (véase 27.c) se habían embriagado únicamente con vino ocon cerveza de hiedra (véase 27.3). Las pruebas, resumidas en mi
What Food the CentaursAte
(Steps: Cassel and C° 1958, páginas 319-343), sugieren que los Sátiros (miembros detribus cuyo tótem era la cabra), los Centauros (miembros de tribus cuyo tótem era el caballo)y sus Ménades utilizaban esas bebidas para suavizar los tragos de una droga mucho másfuerte: a saber, un hongo crudo, amanita muscaria, que produce alucinaciones, desenfrenosinsensatos, visión profética, energía erótica y una notable fuerza muscular. Este éxtasis, quedura varias horas, da paso a una inercia completa, fenómeno que explicaría la fábula según lacual Licurgo, armado con sólo un aguijón, derrotó al ejército de Ménades y Sátiros borrachosde Dioniso después de su regreso victorioso de la India (véase 27.e).En un espejo etrusco aparece grabado el
amanita muscaria
a los pies de Ixión un héroetesalio que comía ambrosía entre los dioses (véase 63.b). Varios mitos (véase 102, 126, etc.)concuerdan con mi teoría de que sus descendientes, los Centauros, comían ese hongo, y,según algunos historiadores, lo emplearon más tarde los nórdicos «frenéticos» para adquiriruna fuerza temeraria en la batalla. Ahora creo que la «ambrosía» y el «néctar» eran hongosintoxicantes; sin duda el
amanita muscaria
, pero quizá también otros, especialmente un hongode estercolero pequeño y delgado llamado
panaeolus papilionaceus
, que produce alucinacionesinnocuas y muy agradables. Un hongo bastante parecido a éste aparece en un jarrón áticoentre los cascos del Centauro Neso. Los «dioses» para quienes en los mitos se reservaban laambrosía y el néctar eran sin duda reinas y reyes sagrados de la era pre-clásica. El delito delrey Tántalo (véase 108.c) consistió en que violó el tabú al invitar a plebeyos a compartir suambrosía.Los reinados sagrados de mujeres y de hombres se extinguieron en Grecia; la ambrosía seconvirtió entonces, según parece, en el elemento secreto de los Misterios eleusinos y órficos yde otros asociados con Dioniso. En todo caso, los participantes juraban guardar silencio acercade lo que comían y bebían, tenían visiones inolvidables y se les prometía la inmortalidad. La«ambrosía» que se concedía a los vencedores en las carreras pedestres olímpicas, cuando lavictoria ya no les confería la dignidad de rey sagrado, era claramente un sustituto: una mezclade alimentos cuyas letras iniciales según demostré en
What Food the Centaurs Ate
, formabanla palabra griega que significa «hongo». Las recetas citadas por los autores clásicos para elnéctar y el
cecyon
, la bebida con sabor a menta que tomó Deméter en Eleusis, tambiénformaban la palabra «hongo».Yo mismo he comido el hongo alucinante llamado
psilocybe
, una ambrosía divina utilizadapor los indios masatecas de la provincia de Oaxaca, en México; he oído a la sacerdotisa invocara Tlaloc, el dios de los hongos, y he visto visiones transcendentales. Por este motivo convengototalmente con R. Gordón Wasson, el descubridor americano de este rito antiguo, en que lasideas europeas acerca del cielo y el infierno pueden muy bien haberse derivado de misteriosanálogos. Tlaloc fue engendrado por el rayo; también lo fue Dioniso (véase 14.c); y en elfolklore griego, como en el masateca, también lo son todos los hongos, llamados prover-bialmente «alimento de los dioses» en ambos idiomas. Tlaloc llevaba una corona deserpientes, y Dioniso también (véase 27.a). Tlaloc tenía un refugio bajo el agua, y también lotenía Dioniso (véase 27.c). La costumbre salvaje de las Ménades de arrancar las cabezas desus víctimas (véase 27.f y 28.d) podría referirse alegóricamente al desgarramiento de lacabeza del hongo sagrado, pues en México jamás se come el tallo. Leemos que Perseo, un reysagrado de Argos, se convirtió al culto de Dioniso (véase 27.j) y dio a Micenas ese nombre porun hongo que encontró en aquel lugar y que al arrancarlo descubrió una corriente de agua(véase 73.r).2
 
El emblema de Tlaloc era un sapo igual que el de Argos; y de la boca del sapo de Tlaloc en elfresco de Tempentitla brota una corriente de agua. ¿Pero en qué época estuvieron en contactolas culturas europea y de la América Central?Estas teorías exigen una mayor investigación y por lo tanto no he incluido mis hallazgos enel texto de la presente edición. La ayuda de cualquier experto en la solución del problema seríamuy apreciada.R. G.Deyá, Mallorca, España 1960
INTRODUCCIÓN
Los emisarios medievales de la Iglesia Católica llevaron a Gran Bretaña, además de todo elcuerpo de la historia sagrada, un sistema universitario continental basado en los clásicosgriegos y latinos. Las leyendas autóctonas como las del rey Arturo, Guy de Warwick, RobínHood, la Bruja Azul de Leicester y el rey Lear eran consideradas lo bastante adecuadas para elvulgo; sin embargo, a comienzos de la época de los Tudor, el clero y las clases cultas sereferían con mucha más frecuencia a los mitos que se encuentran en Ovidio, Virgilio y en losresúmenes de las escuelas de enseñanza elemental sobre la Guerra de Troya. Aunque, enconsecuencia, no se puede comprender debidamente la literatura oficial inglesa de los siglosXVI al XIX sino a la luz de la mitología griega, los clásicos han perdido últimamente tantoterreno en las escuelas y universidades que ya no se espera que una persona culta sepa (porejemplo) quiénes pueden haber sido Deucalión, Pélope, Dédalo, Enone, Laocoonte o Antígona.El conocimiento actual .de estos mitos se deriva principalmente de versiones de cuentos dehadas como las de
Heroes
de Kingsley y
Tanglewood Tales
de Hawthorne; y a primera vistaesto no parece tener mucha importancia, porque durante los dos últimos milenios ha estado demoda descartar los mitos por considerarlos fantasías extrañas y quiméricas, un legadoencantador de la infancia de la inteligencia griega, que la Iglesia naturalmente menospreciapara destacar la mayor importancia espiritual de la Biblia. Sin embargo, es difícil sobreestimarsu valor en el estudio de la historia, la religión y la sociología europeas primitivas.«Quimérico» es una forma adjetival del sustantivo
quimera
, que significa «cabra». Hacecuatro mil años la Quimera no puede haber resultado más fantástica que cualquier emblemareligioso, heráldico o comercial en la actualidad. Era un animal solemne de forma compuestaque tenía (como indica Homero) cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente. Se haencontrado una Quimera grabada en las paredes de un templo hitita de Carquemis y, lo mismoque otros animales compuestos, como la Esfinge y el Unicornio, debió de ser originalmente unsímbolo calendario: cada componente representaba una estación del año sagrado de la reinadel Cielo, como lo hacían también, según Diodoro de Sicilia, las tres cuerdas de su lira deconcha de tortuga. Nilsson trata de este antiguo año de tres estaciones en su
Primitive TimeReckoning
(1920).Sin embargo, sólo una pequeña parte del cuerpo enorme y desorganizado de la mitologíagriega, que contiene importaciones de Creta, Egipto, Palestina, Frigia, Babilonia y otrasregiones, puede ser clasificada correctamente, con la Quimera, como verdadero mito. Elverdadero mito se puede definir como la reducción a taquigrafía narrativa de la pantomimaritual realizada en los festivales públicos y registrada gráficamente en muchos y casos en lasparedes de los templos, en jarrones, sellos, tazones, espejos, cofres, escudos, tapices, etc. LaQuimera y los otros animales del calendario deben de haber figurado prominentemente enesas representaciones dramáticas que, a través de sus registros iconográficos y orales, seconvirtieron en la primera autoridad o carta constitucional de las instituciones religiosas decada tribu, clan o ciudad. Sus temas eran actos de magia arcaicos que promovían la fertilidado la estabilidad del reino sagrado de una reina o un rey —los de las reinas habían precedido,según parece, a los de los reyes en toda la zona de habla griega— y enmiendas de aquéllosintroducidas de acuerdo con lo que requerían las circunstancias. El ensayo de Luciano Sobre ladanza registra un número imponente de pantomimas rituales que todavía se ejecutaban en elsiglo II d. de C.; y la descripción de Pausanias de las pinturas del templo de Delfos y de lastallas del Cofre de Cipselo indica que una cantidad inmensa de inscripciones mitológicasmisceláneas, de las que no queda actualmente rastro alguno, sobrevivía en el mismo período.El verdadero mito debe distinguirse de:3

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