Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Save to My Library
Look up keyword or section
Like this
20Activity

Table Of Contents

0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
Alejandro Nieto - Balada de la Justicia y la Ley - ( España año 2001, Chomsky , Illich, democracia, sociologia, Quevedo)

Alejandro Nieto - Balada de la Justicia y la Ley - ( España año 2001, Chomsky , Illich, democracia, sociologia, Quevedo)

Ratings: (0)|Views: 1,484 |Likes:
Published by Nico González

More info:

Published by: Nico González on Jul 25, 2010
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

08/21/2013

pdf

text

original

 
 1
 
BALADA DE LA JUSTICIA Y LA LEY
1LA LEYENDA DE LA JUSTICIA Y EL DERECHO
Durante muchos años he vivido con la ilusión de escribir un libro sobre la justicia y elDerecho en el que aspiraba a contrastar las concepciones teóricas plasmadas por losautores durante dos mil años y las experiencias personales acumuladas en una larga vidaacadémica y profesional. Al final he renunciado a esta obra para no perderme en ellaberinto sin salida por donde andan cuantos me han precedido. En su lugar me helimitado a escribir esta simple y triste balada. Un género literario en verdad pococultivado, puesto que los juristas se inclinan más a escribir libros de ciencia -aunque amenudo resulten de ciencia-ficción por su alejamiento de la realidad- y, cuando recurrena la lírica, prefieren la elegía, o sea, un lamento por la desaparición de una figura quedeja con su pérdida un vacío doloroso. Algo que yo no puedo hacer, dado que ni en mivida ni en mis lecturas históricas he encontrado nunca una justicia o un Derecho queahora precisamente hayan dejado de existir: no se puede llorar, por tanto, la falta de loque jamás se ha tenido.Según el Diccionario de la Real Academia, balada es una composición poética en la quese desarrolla de forma sencilla un tema legendario o tradicional; y efectivamente la justicia es una leyenda con innumerables versiones a cual más fantástica: desde la de laEdad dé Oro irónicamente cantada por Cervantes hasta la democrática fabulada, al parecer en serio, por John Rawls. Detrás de la leyenda puede haber, o no, una realidadque resulta apasionante descubrir. El Cid histórico tuvo un peso aún mayor que el delCid legendario; mas ¿quiénes fueron de verdad los siete infantes de Lara o Bernardo deCarpio? Separar la leyenda de la historia es un desafío intelectual ineludible y confundir una con otra es a veces una hermosa mentira intrascendente y a veces la causa de undesastre. Muchos europeos perecieron en las selvas amazónicas por creer en la leyendade El Dorado; aunque más grave aún es confundir la fantástica leyenda de la Justicia yel Derecho con su sórdida realidad y es ésta y no aquélla la que cuenta para losciudadanos. Existe la Ley ciertamente, como también existió el Cid; pero si debemosdejar a los poetas el Cid del poema y atenernos históricamente al Cid real, con mayor cuidado hemos de precisar el alcance del Derecho cotidiano practicado, que tiene muy poco que ver con el de la leyenda que todavía siguen cantando los juglares en los patiosdel Foro y en los claustros de las Universidades.
Un mito y una utopía
Tal es el objetivo del presente libro: depurar, en la medida de mis fuerzas, la leyenda yla realidad de la justicia y el Derecho, analizando lo que estamos viendo y padeciendo, ydejar para la literatura las leyendas. Dicho sea rudamente, evitar que nos den gato por liebre. Los hombres y los puebles, al llegar a la edad adulta, han de tener coraje paraabandonar los cálidos sueños de la infancia y para salir a la intemperie aceptando lascosas como son. Esta actitud no significa, por tanto, negar la existencia de la Justicia nila efectividad del Derecho -que son elementos esenciales de la cultura actual sin los quela sociedad moderna resultaría inviable- sino desvelar la falacia de unas verdadesoficiales, interesadamente sacralizadas, que nada tienen que ver con la realidad. Se trata,en definitiva, de poner de manifiesto que la Justicia y la Ley vividas tienen muy poco -quizás nada- que ver con lo que nos pintan la mayoría de los profesores, casi todos los jueces y los ministros y dignatarios sin excepción.
 
 2Una indagación inevitablemente dolorosa, puesto que resulta muy amargo comprobar que estamos creyendo en dioses falsos y que vivimos rodeados de fantasmas que seesfuman dejando un cierto olor a incienso (o a azufre, según los casos) cuando les llegael sol de la sinceridad. De aquí la amenaza del pesimismo, ya que nadie puede ser optimista cuando se le deshace entre las manos cuanto toca. Los resultados de laobservación honesta no admiten, sin embargo, este género de calificaciones, ya que larealidad simplemente «es», existe al margen de nuestros deseos y de nuestros engañosy, singularmente, de nuestros autoengaños.Sea como fuere, el mejor antídoto contra el eventual pesimismo es plantear las cosasdesde una perspectiva adecuada o, si se quiere, en un marco conceptual idóneo dereferencia. Quien cree en las leyendas maravillosas no es un optimista sino uninmaduro. ¿Pero quiénes las crean, de dónde surgen? ¿Cómo han nacido las leyendas dela justicia y qué objeto tienen? Las leyendas son reconstrucciones fantásticas de unarealidad empobrecida. El individuo, descontento del mundo que le rodea, buscaconsuelo en otro imaginado que coloca en el pasado o en el futuro, cuyos efectosterapéuticos están garantizados, dado que el hombre, con tal de huir de la mediocridad ola insatisfacción, tiende a creerse sus propias mentiras y a entontecerse en una vidaimaginaria.Las leyendas de la justicia encubren con un velo pintado las miserias de lo cotidiano: elimperio de la fuerza, la opresión, la desigualdad. Una droga mágica que nos transportade la realidad al sueño, donde el Mal es castigado y el Bien obtiene su premio: el paraíso perdido que se recupera después del juicio Final que repara las injusticias que envida se padecen. Es significativo que casi todas las religiones, desde el
 Libro de losmuertos
egipcio, se coronen escatológicamente en un juicio justo como condicióninexcusable de la felicidad. Esperando el día del Juicio Final es más fácil soportar lasmiserias terrenales.En Occidente corren sobre la justicia dos leyendas principales: una es el mito griego,radicalmente pesimista, y otra la utopía cristiana agustiniana, de signo relativamenteoptimista.Para conocer el mito griego valga la versión popularizada por Quevedo en
 El alguacil alguacilado
(1620):
Vinieron la verdad y la justicia a la tierra; la una no halló comodidad por desnuda, nila otra por rigurosa. La justicia anduvo por la tierra rogando a todos; y viendo que nohacían caso de ella y que la usurpaban su nombre para honrar tiranías, determinóvolverse huyendo al cielo. Salióse de las grandes ciudades y cortes y fuése a las aldeasde villanos, donde por algunos días, escondida en su pobreza, fue hospedada de la simplicidad hasta que envió contra ella requisitoria la malicia. Huyó entonces de todo punto y fue de casa en casa pidiendo que la recogiesen. Preguntaban todos quién era; yella, que no sabe mentir, decía que la justicia. Respondíanle todos: «justicia, y no por mi casa, váyase por otra»; y así no entraba en ninguna; subióse al cielo y apenas dejóaquí pisada
.Trátase, por tanto, de un mito tan hermoso como amargo, puesto que reconoce que nohay justicia en este mundo y que es inútil buscar en él hasta las huellas de sus pisadas.A efectos del presente libro más importancia tiene, no obstante, la utopía agustiniana -sorprendentemente actual- de la
civitas terrena justitiae
.Como es sabido, san Agustín vio en la historia de la humanidad una lucha eterna de dosfuerzas maniqueamente opuestas -el Bien y el Mal- representadas en la
civitas Dei
(elreino de Dios en la tierra) y la
civitas terrena
(el reino mundanal sin Dios). Los
 
 3hombres, siguiendo sus brutos impulsos naturales, constituyen indefectiblemente unaciudad terrenal que sólo puede ser vencida por la gracia de Jesucristo, por la verdad deDios. Esta lucha de poderes absolutos no terminará nunca, porque sólo se impondrá laciudad divina en el fin de los tiempos, cuando Jesús venga de nuevo a la tierra a ponerseal frente de ella. Mientras tanto hay que aceptar la convivencia siquiera sea en forma decontraposición encarnizada. Hasta entonces es inútil pretender asentarse en la ciudad deDios porque cabalmente, a diferencia de la
civitas terrena
, no es de este mundo, es unautopía en el sentido preciso del término: u-topia, no está en ningún lugar.La ciudad de Dios es una
civitas justitiae
(y justicia divina, por supuesto) que, entérminos modernos, legitima (
 justitia est justificatio
) su existencia. Recuérdese larepetida expresión agustiniana de que sin justicia no son los Estados más que cuadrillasde bandoleros a gran escala. Y aquí es donde aparece el gran error, un engañodeliberado. El Mal, acosado por la fuerza del Bien, se defiende engañando, presentándose como si fuera el Bien. La
civitas terrena
se presenta entonces como sifuera la
civitas Dei, la civitas justitiae
del final de los tiempos; pierde su naturaleza deutopía y afirma haberse encarnado en un lugar histórico concreto, digamos en el Estadode la Constitución española de 1978. Esto es obra inequívoca de Lucifer. Recuérdeseque Lucifer era sabio y hermoso, la criatura más perfecta después de Dios, a quien quisosuplantar hasta que fue arrojado a las tinieblas con el inmenso séquito que leacompañaba, desde donde sigue conspirando.
 Lucifer es el que afirma que la justicia yareina en el mundo con objeto de engañar a los justos para que cesen en su lucha por alcanzarla,
puesto que si creen que la poseen, no tienen que buscarla más.He aquí, en suma, que frente al mito griego de la justicia que vivió en. este mundo hastaque fue expulsada de él, se alza el mito cristiano de la Justicia que ha de venir algún díaal mundo cerrando así una lucha agónica, históricamente eterna porque a partir de talacontecimiento se acabará la historia.En mi opinión, el mito que hoy tiene vigencia es el cristiano, no el griego. Losrenacentistas -antes incluso que los románticos- buscaron en el pasado al «buen salvaje»que vivía en un estado de justicia («sin jueces injustos», como había informado Pigafetadesde América); pero eran conscientes de que tal Estado no se encontraba «en ninguna parte» y por eso lo localizaban en islas fantásticas como la Utopía o la Solaría de Moroy Campanella. El político moderno ha perdido, en cambio, el sentido de la realidad y ensu paranoia cree estar viviendo en una fantasmagórica
civitas justitiae
real. La duda essi cree de veras o sólo pretende convencernos de que cree. A este propósito yo sostengo personalmente la tesis del engaño luciferino porque ofrece para sus autores la ventajaestratégica de que desestimula a las fuerzas del Bien y hace bajar la guardia, por asídecirlo, a sus militantes. No se busca lo que ya se tiene, el engaño es cómodo para losengañados y útil para los engañadores.Desde la perspectiva del mito cristiano-agustiniano de la ciudad de Dios, el papel de los juristas se agiganta porque el buen jurista se convierte en abanderado de una justicia quereconocidamente no existe pero por la que vale la pena luchar para irse acercando a ella poco a poco, en espera de su advenimiento final. Nótese, por tanto, que no es una luchaamarga, desesperanzada, perdida de antemano, antes al contrario, una lucha ilusionada,convencida de que llegará el último día; tenaz porque si no se avanza se retrocede; ygratificante aunque sólo sea porque está cerrando el paso a los hijos de Lucifer y a susengaños. De esta manera, paradójicamente, los soldados de la utopía -los juristas que buscan la justicia- son realistas en cuanto que combaten un engaño tangible que procedede las Tinieblas. La sinceridad obliga a reconocer que no vivimos (todavía) en la futura
civitas Dei
; mas la honestidad nos empuja a luchar por la justicia terrena, aunque seaimperfecta, no sólo porque con este esfuerzo nos aproximamos al final utópico sino

Activity (20)

You've already reviewed this. Edit your review.
1 hundred reads
1 thousand reads
milector liked this
gajm70 liked this
JuanCase liked this
JuanCase liked this
JuanCase liked this
Luu Casiino liked this

You're Reading a Free Preview

Download
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->