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Reelección de Diputados Locales y Ayuntamientos

Reelección de Diputados Locales y Ayuntamientos

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Reelección de diputados locales y ayuntamientos:Mitos (y realidades) geniales
Por Roberto Duque Roquero
 La discusión sobre la reforma política se desató en los últimos meses con lainiciativa que el Ejecutivo Federal entregó a la Cámara de Senadores el 15 dediciembre de 2009. En respuesta, varias fracciones parlamentarias hanpresentado sus propias iniciativas. Se han desarrollado también forosacadémicos para diseccionar los temas a debate. Actualmente en el Senado seformula un texto en que puedan comulgar las posturas de los partidos y queestá a cargo de un prestigiado académico de la UNAM, el doctor LorenzoCórdova.La iniciativa del Ejecutivo, detonante de tanta actividad (este artículo incluido),goza de bastante popularidad en la mayor parte de sus rubros. Temas como lareducción del número de legisladores, la segunda vuelta electoral, lascandidaturas independientes o el aumento al umbral de supervivencia de lospartidos políticos, son propuestas que suenan atractivas y que tienen buenaaceptación en las encuestas. Pero hay algo singular: el entusiasmo generalhacia esos temas contrasta con la convicción de la mayor parte de losacadémicos y especialistas (los que conocemos, al menos) quienes se hanopuesto a cada uno de ellos por una variedad de razones bien fundamentadas.La gran excepción parece ser precisamente el tema de este artículo: lareelección consecutiva de legisladores y alcaldes. Aquí la cosa se invierte; esuna medida apoyada por los especialistas pero poco popular en las encuestas.Según la encuesta del periódico Reforma, el 68% de los ciudadanos está endesacuerdo con lareelección de diputados federales y sólo un 19% sepronunció a favor.
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Similar proporción nos muestra Consulta Mitofsky respectoa la reelección de diputados federales y senadores: el 71% en contra y 29% afavor. En lo relativo a la reelección de alcaldes, este mismo sondeo revela quehay una impopularidad semejante aunque ligeramente menor: 65% de losencuestados se manifestó en contra y 35% en pro.
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1. Fobia mexicana a la reelección
Resulta del mayor interés analizar las razones por las que difiere tanto laopinión de la ciudadanía en general con la de los expertos. Aparentemente,como principal responsable tenemos la mitificación de la “no reelección” comovalor supremo de la patria.
Artículo publicado en la revista
Folios 
, especializada en temas electorales y editada por elInstituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco. Folios / año III / Núm. 18/ primavera-verano de 2010, pp. 10-20.

 
Profesor de Derecho Electoral en la Facultad de Derecho de la UNAM.
 
1
Encuesta publicada por el periódico Reforma el 3 de diciembre de 2009. Se señala que lametodología incluyó la encuesta a 231 diputados y mil 515 ciudadanos en vivienda en todo elpaís.
2
Consulta Mitofsky. www.mitofsky.com Encuesta levantada entre el 2 y el 4 de febrero de 2010.
1
 
Héroe nacional, Francisco I. Madero fundó en 1909 el PartidoAntirreeleccionista y dio pie al movimiento revolucionario que destronó a ladictadura militar de Porfirio Díaz. Su
leitmotiv 
fue “sufragio efectivo, noreelección”. Según los historiadores, el costo en vidas humanas de la gestarevolucionaria se cuenta en alrededor de un millón. La Revolución Mexicanaculminó con la promulgación de la vigente Constitución de 1917 y hasta hoy losdocumentos oficiales se rubrican con la sentencia maderista (incluyendo, porcierto, la citada iniciativa del Presidente Felipe Calderón).Para que la primera de estas banderas (“sufragio efectivo”) fuera realidad,tuvimos que empeñar un enorme esfuerzo y todavía nos entregamos a laconsolidación y perfeccionamiento de la democracia mexicana. En cambio, lasegunda bandera (“no reelección”) logró establecerse poco después deconcluida la Revolución, en concreto desde el asesinato de Alvaro Obregón en1928, último mexicano que postuló su reelección presidencial y que –ya losabemos– murió en el intento.Nadie puede soslayar la trascendencia histórica de los hechos. Nuestra propiahistoria y el lema que a todos nos ensañaron en la primaria, hace entendible elrechazo reflejo de tantos mexicanos hacia la reelección en cualquiera de suspresentaciones. La pregunta sería: ¿Es viable extrapolar tales argumentoscontra la reelección presidencial a la reelección de legisladores y miembros delayuntamiento? Tras un análisis frío, nos encontramos que el principioantirreeleccionista de Madero tiene alcances mucho más estrechos que lossupuestos. El estudio detenido de la historia nos lleva a la conclusión que larespuesta a esa interrogante es no.Pero existe en la conciencia colectiva del mexicano una suerte de fobia encontra de la reelección, así, en abstracto, sin importar el tipo de cargo del queestemos hablando. Y como toda buena fobia, es irracional. Muéstrele usted unaaraña diminuta a un aracnofóbico y comprobará lo que sucede: él verá unatarántula. Hable usted de reelección a un antireeleccionista dogmático y élescuchará “dictadura”.Acaso como terapia de choque, hay que recalcar que el lema de Madero serefiere de manera clara, exclusiva y única a la reelección para el cargo dePresidente. Así lo sostiene él mismo al escribir los postulados de su nacientePartido Antirreeleccionista.
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De hecho, el texto original la Constitución de 1917sólo prohibió la reelección (inmediata o no) del Presidente y de gobernadores,es decir, de poderes ejecutivos, pero no de legisladores y ayuntamientos. Eshasta 1933 que se prohíbe la reelección inmediata (sólo la inmediata) de estosúltimos, lo cual persiguió también un propósito particular.
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3
 
Madero, Francisco I.;
La Sucesión Presidencial en 1910 
, Editorial Epoca, 1980, México, pp.358 y ss.
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Esto, en el parecer de Lorenzo Córdova, obedeció a la intención de ampliar los poderes delPresidente incrementando sus capacidades de decisión, en particular la prerrogativa de“palomear” a los candidatos al Congreso. Ver el artículo del doctor Córdova “Reeleccióninmediata de legisladores y alcaldes”, El Universal, 2 de diciembre de 2009.
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Claro que ese no es el único factor explicativo del repudio generalizado hacia lareelección. Al problema de la fobia se agrega el escaso prestigio de lospolíticos en la estimación ciudadana (incluidos los líderes sindicales eternos), yseñaladamente el caso de los legisladores. Suele inferirse que un mal diputadotendrá con la reelección inmediata la oportunidad de quedarse en su cargopara seguir haciendo mal su trabajo (si es que lo hace) y, por supuesto,ordeñando al erario. No se repara en que la reelección consecutiva delegisladores y ayuntamientos tiende precisamente a que el desempeño denuestros políticos sea mejor. Ni siquiera es un modelo nuevo; está probado yaprobado en muchísimas democracias del mundo.
2. Representantes
vs.
representados
La citada encuesta del periódico Reforma recoge no sólo la opinión ciudadanasobre la reelección consecutiva de legisladores (19% a favor y 68% en contra),sino también la opinión de los diputados, con resultados claramente opuestos:74% a favor y 24% en contra. No sobra decir que la presentación conjunta deestas dos consultas (opinión de los ciudadanos
vs.
opinión de los diputados)hace parecer sospechosa la postura de los segundos. Daría la sensación quesu opinión es utilitarista y que desean su propia reelección para perpetuarse enel cargo.El hecho que nos interesa destacar es que el rechazo de la mayoría de losciudadanos a la reelección ha dado argumentos a una minoría de diputadosque de igual manera se oponen. Se aduce lo siguiente: si los legisladoresrepresentan a la ciudadanía, autorizar la reelección implicaría desoír elmandato de sus representados. Esto –no cabe duda– retrata un interesantedilema. En casos como este, ¿un legislador debe hacer caso a lo que susrepresentados creen que les beneficia, o bien, a lo que personalmente cree quees mejor para sus representados?La teoría básica de la democracia resuelve la disputa en favor de la segundaopción. En palabras de Giovanni Sartori “la democracia electoral no decide lascuestiones, sino que
decide quién decidirá las cuestiones 
”.
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El ejemplo típicopara ilustrar el punto es el de las decisiones parlamentarias sobre asuntos deimpuestos. Si los legisladores tuvieran que atender la opinión de susrepresentados sobre el régimen fiscal, posiblemente los impuestos tendríanque ser abolidos y el Estado quebraría en menos de lo que canta un gallo.Añadiremos, en apoyo a los maltrechos legisladores (en la opinión ciudadanamayoritaria), que no están solos en su simpatía por la reelección consecutiva.Como dijimos al inicio, en contraste con otras propuestas del Ejecutivo, lareelección de legisladores cuenta con un respaldo muy amplio de académicos yespecialistas, postura que nosotros compartimos por las razones queexpondremos ahora.
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Sartori, Giovanni;
La democracia en treinta lecciones 
, Ed. Taurus, Madrid, 2009, p. 34.
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