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Las luces de la Razón. Alain Touraine

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"Las luces de la razón" en Crítica a la modernidad, México: FCE, 1994.
"Las luces de la razón" en Crítica a la modernidad, México: FCE, 1994.

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LAS LUCES DE LA RAZÓN
ALAIN TOURAINE
¿CÓMO SE PUEDE hablar de sociedad moderna si no se reconoce por lo menos un principio general de definición de la modernidad? Es imposible llamar moderna a unasociedad que busca ante todo organizarse y obrar de conformidad con una revelacióndivina o con una esencia nacional. La modernidad no es sólo cambio puro, sucesión deacontecimientos; es difusión de los productos de la actividad
racional,
científica,tecnológica, administrativa. Por eso, la modernidad implica la creciente diferenciaciónde los diversos sectores de la vida social: política, economía, vida familiar, religión,arte en particular, pues la racionalidad instrumental se ejerce dentro de un tipo deactividad y excluye la posibilidad de que alguno de esos tipos esté organizado desde elexterior, es decir, en función de su integración en una visión general, de su contribucióna la realizacn de un proyecto social que Louis Dumont denomina holista. Lamodernidad excluye todo finalismo. Implica la secularización y el desencanto de quehabla Weber, quien define la modernidad por la intelectualización y la manifiesta rupturacon el finalismo del espíritu religioso que se refiere siempre a un fin de la historia, a larealización completa del proyecto divino o a la desaparicn de una humanidad pervertida e infiel a su misión. La idea de modernidad no excluye la idea del fin de lahistoria, como lo atestiguan los grandes pensadores del historicismo -Comte, Hegel yMarx-. Pero el fin de la historia es más bien el fin de una prehistoria y el comienzo de undesarrollo impulsado por el progreso técnico, la liberación de las necesidades y el triunfodel espíritu.La idea de modernidad reemplaza, en el centro de la sociedad, a Dios por la cienciay, en el mejor de los casos, deja las creencias religiosas para el seno de la vida privada. No basta con que estén presentes las aplicaciones tecnológicas de la ciencia para poder hablar de sociedad moderna. Es necesario, además, que la actividad intelectual seencuentre protegida de las propagandas políticas o de las creencias religiosas; que laimpersonalidad de las leyes proteja contra el nepotismo, el clientelismo y la corrupción;que las administraciones públicas y privadas no sean los instrumentos de un poder  personal; que vida pública y vida privada estén separadas, como deben estarlo las for-tunas privadas y el presupuesto del Estado o de las empresas.La idea de modernidad está, pues, asociada con la de racionalización. Renunciar auna equivale a rechazar la otra. Pero, ¿se reduce la modernidad a la racionalización? ¿Es lamodernidad la historia del progreso de la razón, que es también la historia del progreso de lalibertad y de la felicidad y de la destrucción de las creencias, de las filiaciones, de lasculturas "tradicionales"? La particularidad del pensamiento occidental, en el momento de sumás vigorosa identificación con la modernidad, consiste en que la modernidad quiso pasar del papel esencial reconocido a la racionalización a la idea más amplia de una
 sociedad racional,
en la cual la razón rige no sólo la actividad científica y técnica sino también el gobierno de loshombres y la administración de las cosas. ¿Tiene esta concepción un valor general o es sólouna experiencia histórica particular, por más que su importancia sea inmensa? Ante todo, hayque describir esta concepción de la modernidad y de la modernización como creación de unasociedad racional. Algunas veces ha imaginado la sociedad como un orden, como una
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Tomado del libro “Crítica de la modernidad”, Editorial Fondo de Cultura Económica, 1994.
 
arquitectura fundada en el cálculo; a veces ha hecho de la razón un instrumento puesto alservicio del interés y del placer de los individuos; otras veces, finalmente, utilizó la razóncomo un arma crítica contra todos los poderes para liberar una "naturaleza humana"que había aplastado la autoridad religiosa.Pero en todos los casos, la modernidad ha hecho de la racionalización el único principiode organización de la vida personal y colectiva al asociarlo al tema de la secularización, esdecir, prescindiendo de toda definición de los "fines últimos".
Tabula Rasa
La concepción occidental más vigorosa de la modernidad, la que tuvo efectos más profundos, afirmaba que la racionalización imponía la destrucción de los vínculos sociales,de los sentimientos, de las costumbres y de las creencias llamadas tradicionales, y que elagente de la modernización no era una categoría o una clase social particular, sino que erala razón misma y la necesidad histórica que preparaba su triunfo. De manera que laracionalización, componente indispensable de la modernidad, se convierte por añadidura enun mecanismo espontáneo y necesario de modernización. La idea occidental de modernidadse confunde con una concepción puramente
endógena
de la modernización. Ésta no es el producto de un déspota ilustrado, de una revolución popular o de la voluntad de un grupodirigente, sino la obra de la razón misma y, por lo tanto, sobre todo de la ciencia, latecnología y la educación, de suerte que las medidas sociales de modernización no debentener otro fin que el de despejar el camino de la razón al suprimir las reglamentaciones, lasdefensas corporativistas o las barreras aduaneras, al crear la seguridad y la previsión de quetiene necesidad el empresario y al formar agentes de gestión y operadores competentes yconcienzudos. Esta idea puede parecer trivial, pero no lo es; puesto que la gran mayoría delos países del mundo se lanzaron a modernizaciones muy diferentes, en las que lavoluntad de independencia nacional, las luchas religiosas y sociales, las conviccionesde nuevas elites dirigentes, es decir, de actores sociales, políticos y culturales, handesempeñado un papel más importante que la racionalización misma, paralizada por la resistencia de las tradiciones y los intereses privados. Esta idea de la sociedadmoderna ni siquiera corresponde a la experiencia histórica real de los paíseseuropeos, en los que los movimientos religiosos y la gloria del rey, la defensa de lafamilia y el esritu de conquista, la especulación financiera y la crítica socialdesempeñaron un papel tan importante como los progresos técnicos y la difusión delos conocimientos; pero constituye un modelo de modernización, una ideología cuyosefectos teóricos y prácticos han sido considerables.De manera que el Occidente vivió y concibió la modernidad como una re
volución.
La razón no reconoce ninguna adquisición, por el contrario, hace tabla rasa de lascreencias y formas de organización sociales y políticas que no descansen en unademostración de tipo científico. Alan Bloom acaba de recordarlo (p. 186): "Lo quedistingue la filosofía de las luces de aquella que la precede es su intención deextender a todos los hombres lo que había sido el territorio de sólo algunos, a saber,una existencia llevada de conformidad con la ran. No es el `idealismo' ni el`optimismo' lo que motivó a esos pensadores en su empresa, sino una nueva ciencia, un`método' y, aliada con este método y esta ciencia, una nueva ciencia política". Siglotras siglo, los modernos han buscado un modelo "natural" de conocimiento científicode la sociedad y de la personalidad, ya fuera un modelo mecanicista, ya fuera organicista
 
o cibernético o uno que reposara en una teoría general de los sistemas. Y esos intentosestuvieron constantemente sostenidos por la convicción de que al hacer tabla rasa del pasado los seres humanos quedan liberados de las desigualdades transmitidas, de losmiedos irracionales y de la ignorancia.La ideoloa occidental de la modernidad, que se puede llamar modernismo,reemplazó la idea de sujeto y la idea de Dios -a la que aquélla se hallaba unida-, de lamisma manera en que fueron reemplazadas las meditaciones sobre el alma por ladisección de los cadáveres o el estudio de las sinapsis del cerebro. Ni la sociedad ni lahistoria ni la vida individual, sostienen los modernistas, están sometidas a la voluntad deun ser supremo a la que habría que obedecer o en la cual se podría influir mediante lamagia. El individuo lo está sometido a leyes naturales. Jean-Jacques Rousseau pertenece a esta filosofía de la Ilustración, porque toda su obra, según comenta JeanStarobinski, está dominada por la búsqueda de la transparencia y la lucha contra losobstáculos que oscurecen el conocimiento y la comunicación. Ése es el mismo espíritu queanima su obra de naturalista, sus invenciones de musicólogo, su crítica de la sociedad y su programa de educación. El espíritu de la Ilustración quiere destruir no sólo el despotismosino también los cuerpos intermedios, como hizo la Revolución Francesa: la sociedaddebía ser tan transparente como el pensamiento científico. Y ésta es una idea que ha permanecido muy presente en la concepción francesa de república y en la convicción deque ésta debe ser ante todo portadora de ideales universalistas: la libertad, la igualdad yla fraternidad. Lo cual abre las puertas tanto al liberalismo como a un poder que podría ser absoluto, porque podría ser racional y comunitario, poder que anuncia ya el
Contrato social.
Poder que tratarán de construir los jacobinos y que será el objeto de todos losrevolucionarios, constructores de un poder absoluto porque es un poder científico ydestinado a proteger la transparencia de la sociedad contra la arbitrariedad, ladependencia y el espíritu reaccionario.Lo que es válido para la sociedad lo es también para el individuo. La educación delindividuo debe ser una disciplina que lo libere de la visión estrecha, irracional, que leimponen sus propias pasiones y su familia, y lo abra al conocimiento racional y a la participación en una sociedad que organiza la razón. La escuela debe ser un lugar deruptura respecto del medio de origen y un lugar de apertura al progreso por obra delconocimiento y de la participación en una sociedad fundada en principios racionales. Eldocente no es un educador que deba intervenir en la vida privada de los niños, los cualessólo deben ser alumnos; el docente es un mediador entre los niños y los valores universalesde la verdad, del bien y de lo bello. La escuela debe también reemplazar a los privilegiados (herederos de un pasado repudiado) por una elite reclutada en virtud delas pruebas impersonales de los concursos.
La naturaleza, el placer y el gusto
Pero esta imagen revolucionaria y liberadora de la modernidad no puede bastar; debecompletarse con la imagen positiva de un mundo regido por la razón. ¿Hay que hablar desociedad científica o de sociedad racional? El proyecto llevará a los revolucionarios a crear una sociedad nueva y un hombre nuevo, a los cuales impondrá, en nombre de la razón,coacciones mayores que las de las monarquías absolutas. Los regímenes comunistasquerrán construir un socialismo científico que se parecerá más a la jaula de hierro de quehablaba Weber que a la liberación de las necesidades. Bien diferente es la respuesta de los

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PUEDE SER QUE FALTEN 2 APARTADOS, SOBRE ROUSSEAU Y EL CAPITALISMO?
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