privilegio, en 1956, de hacer algunos estudios especiales de posgraduado en el mencionadoseminario.Aprovechando la ocasión, asistí también, en calidad de oyente, a las clases de homiléticaque el doctor Brown impartía a los alumnos de primer año. Mucho me impresionó sumétodo de enseñanza, el cual consistió en la presentación de los principios homiléticos
enel mismo orden en que el predicador necesita
utilizarlos en la preparación de un sermóndado.
Que sepa yo, ningún texto de homilética que ha aparecido hasta esta fecha estáescrito con estricto apego a este principio pedagógico. Y como el doctor Brown, encooperación con el doctor Jesse Northcutt, está escribiendo un texto en inglés que seguiráeste plan de enseñanza , no creí justo incorporar idea tan novedosa en mi propio trabajo sinconseguir formal autorización de él. Con mucho gusto me la dio. Hago la aclaración que en
la aplicación
de este principio he trabajado en una forma completamente independiente decualquier otro autor. Pero sí quiero dar crédito al doctor Brown por el principio mismo.Hago patente también mi agradecimiento para con el profesor José Rivas, mi predecesor enla cátedra de homilética del Seminario Teológico Bautista Mexicano y actual profesor deGriego y Educación Religiosa en la Universidad Bautista Howard Payne, por su valiosaayuda en la revisión del español de los primeros capítulos del libro.Al profesor Alfredo C. Müller, por su bondad en concederme parte de su valioso tiempo para numerosas consultas respecto a la terminología castellana más propia para la expresiónde ciertos conceptos técnicos de la homilética; al profesor Juan Arellano Guerrero y a laseñorita Angelina Pérez Trujillo por su ayuda en la preparación del manuscrito; y alhermano David Rodríguez Lara, uno de mis propios alumnos, quien me hizo el favor de preparar los diagramas que aparecen en los Apéndices B y C, deseo expresar también mismás sinceras gracias.Y no puedo concluir sin manifestar la tremenda deuda de gratitud que tengo para con miesposa, la cual amén de librarme de un gran cúmulo de detalles administrativos y deesforzarse constantemente para guardarme de interrupciones innecesarias para que pudieradar fin a esta labor, me hizo varias sugestiones valiosas que han sido incorporadas en elmanuscrito.
—James D. Crane
Torreón, Coah., Méxicoa 23 de octubre de 1959
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