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El nombre del Perú.Identidad y cambio en los primeros años de laRepública
 Jesús A. Cosamalón AguilarPontificia Universidad Católica del Perú1. República, nombres e identidad política.
Entre los temas más sugerentes planteados en los últimos años seencuentra la reflexión acerca de la relación entre el proyecto políticode las elites en el siglo XIX, su estrategia discursiva, el imaginario queproyectaron y las decisiones que se tomaron en cuanto a mantener oromper las vinculaciones con los símbolos coloniales. Como señalandiversos autores, cada nueva nación y las elites poticas quepromovieron los cambios, establecieron una estrategia discursivacuidadosa para legitimar las medidas a tomar. Todo esto dentro delconflicto entre españoles americanos y peninsulares que, como en elcaso peruano, hasta hace poco tiempo militaban en el mismo bando.Así, siguiendo a la historiografía, una vez proclamada laindependencia se produjeron una serie de símbolos públicos quetenían el reto, al mismo tiempo, de buscar una justificación de laruptura con España y crear un nuevo lenguaje, capaz de traducirclaramente los ideales del nuevo proyecto político que se queríaaplicar.En el caso peruano, los trabajos dedicados a reflexionar sobre estetema son de relativa reciente aparición y se han centrado no tanto enla etapa de independencia como en las primeras décadasrepublicanas.
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Por ejemplo, uno de los primeros trabajos en abordar eltema de la relación entre discurso político republicano y prácticasculturales fue el elaborado por Juan Carlos Estenssoro, quien llamó laatención acerca de este punto a partir de los ideales esticos ycivilizatorios de la elite y su separación de las tradiciones practicadaspor el resto de sectores sociales.
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Una segunda etapa, más profunda,se generó en torno a los proyectos urbanísticos y de ornato aplicadosdurante la bonanza fiscal que trajo la era del guano. Como demuestraNatalia Majluf, en esta segunda etapa aparece la construcción de unnuevo lenguaje estético basado en imágenes “nacionales”,
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No hay duda que el trabajo pionero en ese sentido es el de Alberto Flores Galindo, ensayo sumamenteinfluyente titulado “República sin ciudadanos”, incluido en su conocido
 Buscando un inca
, Lima,Editorial Horizonte, 1988.
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“Modernismo, estética, música y fiesta: elites y cambio de actitud frente a la cultura popular. Perú 1750-1850” en Henrique Urbano,
Tradición y modernidad en los Andes.
Cusco, CERA “Bartolomé de lasCasas”, 1992.
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producidas a partir del predominio de una elite criollo limeña quetoma el control del Estado
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.Sin embargo, los dos trabajos más influyentes – a mi juicio – dentrode esta perspectiva de análisis, son los textos de Cecilia Méndez
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yGabriel Ramón
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. ndez abrió la discusión desde una posturaescéptica acerca del carácter incluyente de los proyectos nacionalesliderados por la elite criolla en el Perepublicano. La autorademuestra convincentemente que en los momentos en que secomenzaba a consolidar la idea de lo “peruano” como diferente a loboliviano o chileno, durante la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839), la elite criolla costeña, opuesta a los proyectosde Andrés de Santa Cruz líder de la confederación, basó su discursonacionalista en la exclusn de lo ingena como integrante delproyecto nacional. Así, una de las diferencias saltantes que se puedeencontrar en el caso peruano, respecto a los proyectos llevados acabo en otras latitudes, es su temprano rechazo a la retórica de tipoindígena como base fundamental de los discursos políticos en el Perúdesde finales de la década de 1830.Por otro lado, Ramón en su excelente estudio, relaciona todos losaspectos mencionados hasta este momento. Por un lado, el proyectoestético urbanista de las elites que buscó imponer en la ciudad unaserie de medidas destinadas a reglamentar el uso de los espaciosurbanos y, por medio de este esfuerzo, controlar las actividades delos sectores populares, sometidos a un proceso de regulación yexclusión del espacio público; esto no es sino, la expresión visible desu exclusión en los espacios de participación política. Así, el proyectode la municipalidad para renombrar las calles de Lima representa unasólida prueba de que las elites consideran al espacio público una“escuela” de ciudadanía y, por ello mismo, debería estar sujeta alcontrol del Estado y las elites.El período de Independencia, hasta hace muy poco tiempo, habíamotivado menos interés en este tema. Solo recientemente gracias alos trabajos de Pablo Ortemberg, entre otros, ha aparecido unrenovado interés en la simbología de la época de la independencia.Como se puede ver en estos trabajos, las banderas, escudos, himnos,procesiones, etc., no fueron elementos poco importantes dentro delproyecto potico que se quería aplicar en el Pe, al igual de loocurrido en otras partes de América. La energía y dedicación con lacual líderes militares y políticos se encargaron de diseñar y difundir laparafernalia de los nuevos regímenes es sorprendente y resulta tantrascendental como las leyes o discursos ideológicos.
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 Escultura y espacio público. Lima, 1850-1879.
Lima, IEP, 1994.
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 Incas sí, indios no. Apuntes para el estudio del nacionalismo criollo en el Perú
. Lima, IEP, 1993.
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 La muralla y los callejones. Intervención urbana y proyecto político en Lima durante la segunda mitad del siglo XIX 
. Lima, Sidea / Promperú, 1999.
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Sin embargo, a pesar de estos meritorios trabajos, no hay ningunohasta la fecha que haya intentado reflexionar acerca de la naturalezamisma del nombre de la nación, en nuestro caso, la República delPerú y su relación con los proyectos políticos. Vale la pena detenerseun instante en este aspecto. No existe una sola versión del origen delnombre del Perú en el virreinato, pero el distinguido historiador RaúlPorras Barrenechea sostuvo hace ya varias décadas, que provenía dela corrupción lingüística de Birú o Virú, término que aparentementedesignaba a un cacique de los territorios existentes al sur de Panamáy que tempranamente, desde la década de 1520, pasó a nombrar alos futuros territorios que conquistaría Francisco Pizarro. Una vezproducida la negociacn entre la corona y los expedicionarios,liderados por el mencionado Pizarro y Diego de Almagro, el nombreoficial de la gobernacn fue el de Nueva Castilla, que no tuvodemasiada vigencia porque fue reemplazado en 1542 por el delVirreinato del Perú.Una vez proclamada la independencia, a diferencia de otros casos, nose tuvo ninguna discusn acerca de la necesidad de cambiar elnombre del naciente país ni se discutió que sepamos lapertinencia de variar el nombre de origen colonial cuando se decidióque el Perú sería gobernado bajo la forma republicana. Es más, losdocumentos de la época transitan amablemente entre denominarseVirreinato del Perú en julio de 1821, antes de la independencia, aRepública Peruana en 1823. En ese tránsito nadie propuso ningúncambio de nombre ni se cuestionó hasta qué punto la permanenciadel vocablo Perú podía mostrar una peligrosa continuidad entre unaetapa y la otra. Este artículo intentará reflexionar acerca de estaausencia y hasta qué punto esta resulta representativa de los dilemasen los cuales se vio envuelta la independencia del Perú.
2. Notas sobre la proclamación de la Independencia y ladiscusión política
A diferencia de lo ocurrido en otros casos, en el Peuna vezproclamada la independencia no se produjo, hasta donde hemosinvestigado, ninguna discusión acerca de la pertinencia de mantenero cambiar el nombre del antiguo virreinato convertido ya en naciónindependiente. Sin duda este vacío no resulta casual de ningún modo;por el contrario, expresa el complejo carácter de la gestaindependentista en el Perú y la dificultad de definir qué tipo deruptura con Espa se produjo y bajo qué proyecto potico sedesarrolló. Ya desde hace algunas décadas la historiografía peruanaha puesto en discusn la versn decimonica y oficial de unaindependencia conseguida como resultado de una lucha nacionalencabezada por los criollos, como representantes de la identidad e
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