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SLAVOJ ZIZEK, Como Volver a Empezar... Desde El Principio

SLAVOJ ZIZEK, Como Volver a Empezar... Desde El Principio

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Zizek, S. (2010). Cómo volver a empezar... desde el principio. In A. Hounie, Sobre la idea del comunismo. Buenos Aires: Paidós.
Zizek, S. (2010). Cómo volver a empezar... desde el principio. In A. Hounie, Sobre la idea del comunismo. Buenos Aires: Paidós.

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Zizek, S. (2010). «Cómo volver a empezar... desde el principio». En A. Hounie,
Sobre la idea delcomunismo
. Buenos Aires: Paidós.
15. Cómo volver a empezar...desde el principio
S
LAVOJ
Z
IZEK 
Cuando, en 1922, desps de ganar la guerra civil con todas lasprobabilidades en contra, los bolcheviques se vieron obligados a retroceder y refugiarse en la NEP (la "Nueva Política Económica" que permitía laampliación de la economía de mercado y la propiedad privada), Leninescribió un maravilloso texto breve, titulado "Sobre el ascenso a una altamontaña". En él, para describir lo que significa el retroceso en un procesorevolucionario, Lenin utiliza la comparación con un alpinista que, despuésde su primer intento de llegar al pico de una montaña antes inexplorada,tiene que retroceder hasta el valle. Cuando emprendemos la retirada:
Las voces que nos llegan desde abajo resuenan con maliciosa alegría. No lo ocultan. Ríenalegremente entre dientes y gritan: "Caerá en un minuto. ¡Se lo tiene merecido, ellunático!". Otros tratan de disimular su rencoroso júbilo. Se lamentan y levantan lamirada al cielo acongojados, como si dijeran: "¡Nos entristece enormemente comprobarque nuestros miedos estaban justificados!" Pero nosotros, que nos hemos pasado la vidaelaborando un prudente plan para escalar esta montaña, ¿no pedimos acaso que sepospusiera el ascenso hasta que hubiéramos completado el plan? Y si protestamos tan vehementemente contra la idea de seguir esa senda, la que este lunático ahora estáabandonando (mirad, mirad, está regresando. ¡Está descendiendo! Cada paso le llevóhoras de preparación. Y, sin embargo, ¡solo recibimos insultos cuando una y otra vezpedíamos moderación y cautela!), si censuramos tan fervientemente a este loco yprevinimos a todos del peligro de imitarlo y ayudarlo, lo hicimos guiados únicamente pornuestra devoción al gran plan de escalar esta montaña y ¡para evitar que el gran plansufriera un descrédito generalizado!
1
Después de enumerar los logros y fracasos del Estado soviético, Lenincontinúa subrayando la necesidad de admitir francamente los errores:
Están condenados aquellos comunistas que imaginan que es posible terminar la empresade construcción de una época, como lo es sentar las bases de la economía socialista(particularmente en un país de pequos campesinos), sin cometer errores, sinretrocesos, sin numerosas alteraciones de lo que falta terminar o de lo que se ha hechomal. Los comunistas que no caen en el engaño, que no se dejan vencer por elabatimiento y que conservan la fortaleza y la flexibilidad para "volver a empezar desde elprincipio", una y otra vez, encarando una tarea extremadamente difícil, no estáncondenados (y es muy probable que nunca perezcan).
Este es Lenin en su mejor estilo beckettiano, haciendo resonar laspalabras de
Rumbo a peor [Worstward Ho]:
"Inténtalo de nuevo. Fracasa denuevo. Fracasa mejor". El símil al que recurre Lenin merece una atentalectura. Su conclusión -"volver a empezar, desde el principio, una y otra vez"- deja en claro que está hablando no meramente de desacelerar el
1
V. I. Lenin,
Collected Works
[4th ed.], vol. 33, Moscú, Progress Publishers, 1966, págs. 204-11.Disponible
on line:
 
progreso y fortificar lo que se ha logrado ya, sino precisamente de
descender y regresar al punto de partida-:
uno debería "volver a empezar", nodesde el lugar adonde logró ascender en el esfuerzo anterior, sino desde elprincipio. Para decirlo con las palabras de Kierkegaard, un procesorevolucionario no es un progreso gradual, sino un movimiento repetitivo,un movimiento que
repite el comienzo
una y otra vez... y este esexactamente el punto donde nos encontramos hoy, después del "oscurodesastre" de 1989. Como en 1922, las voces que nos llegan desde abajoresuenan alrededor con maliciosa alega: Se lo tean merecido,lunáticos que querían imponerle a la sociedad su visión totalitaria!". Otrostratan de disimular su rencoroso júbilo. Se lamentan y levantan la miradaal cielo acongojados, como si dijeran: "¡Nos entristece enormementecomprobar que nuestros miedos estaban justificados! Era muy noble vuestra visión de crear una sociedad justa. ¡Nuestro corazón latía con el vuestro, pero nuestra razón nos decía que vuestros nobles planes solopodían terminar en desdicha y nuevas formas de coartar la libertad!". Altiempo que rechazamos cualquier transigencia con esas voces seductoras,definitivamente debemos "volver a empezar", es decir, no "continuarconstruyendo sobre los cimientos" de la época revolucionaria del siglo
 
XX(que se extendió desde 1917 hasta 1989), sino "descender" hasta el puntode partida y elegir una senda
diferente.
Este es el telón de fondo sobre elcual deberíamos leer la reafirmación de la idea comunista de Badiou:
La hipótesis comunista continúa siendo la buena hipótesis, no veo ninguna otra. Sitenemos que abandonar esta hipótesis, ya no vale la pena hacer nada en absoluto en elcampo de la acción colectiva. Sin el horizonte del comunismo, sin esta Idea, no hay nadaen el devenir histórico y político que tenga algún interés para un filósofo. Dejemos quecada uno se preocupe por sus propios asuntos y dejémonos de hablar del tema. En esecaso, el hombre de las ratas está en lo cierto como lo están, dicho sea de paso, varios excomunistas que o bien corren ávidos tras sus rentas o bien han perdido el coraje. Sinembargo, continuar aferrado a la Idea, a la existencia de esta hipótesis, no significa quedebamos conservar su primera forma de presentación que se concentraba en lapropiedad y el Estado. En realidad, lo que se nos impone como misión, hasta como unaobligación filosófica, es contribuir a que
la hipótesis pueda desplegarse en un nuevomodo de existencia.
Debemos cuidarnos de leer estas líneas en una perspectivakantiana, es decir, concibiendo el comunismo como una "Idea reguladora",con lo cual resucitaríamos el espectro del "socialismo ético" cuyo axioma-norma a priori es la igualdad... Deberíamos, en cambio, mantener lareferencia precisa a un conjunto de antagonismos sociales que generan lanecesidad del comunismo: la buena vieja noción de Marx del comunismoentendido no como un ideal, sino como un movimiento que reacciona a losantagonismos sociales reales sigue siendo hoy completamente adecuada.Si concebimos el comunismo como una "Idea eterna", estamos suponiendoque la situación que lo genera no es menos eterna, que el antagonismofrente al cual reacciona el comunismo estará siempre allí, y desde estasuposición no hay más que un paso a una lectura "deconstructiva" delcomunismo considerado como un sueño de presencia, de abolición de todarepresentación alienante, un suo que lucha contra su propiaimposibilidad. ¿Cómo podremos pues romper con este formalismo yformular antagonismos que continúen generando la Idea comunista?¿Dónde deberemos buscar ese nuevo modo de la Idea? Es fácil ridiculizarel concepto de "fin de la historia" de Fukuyama, pero hoy la mayoría
es
fukuyamista: el capitalismo democrático liberal ha sido aceptado como larmula finalmente lograda de la mejor sociedad posible; lo único quequeda es hacerlo más justo, más tolerante, etcétera. Contaré lo que le pasórecientemente a Franco Cicala, un periodista italiano: había escrito un
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Alain Badiou,
De quoi Sarkozy est-il le nom?,
París, Lignes, 2007, pág. 153.
 
artículo en el que utilizaba una vez la palabra "capitalismo" y el jefe deredacción le preguntó si realmente era necesario que utilizara ese término,si no podía reemplazarlo por un sinónimo como, por ejemplo, "economía".¿Qmejor prueba del triunfo total del capitalismo que la virtualdesaparición del término mismo durante las últimas dos o tres décadas? Aquí surge una pregunta simple pero pertinente: si las diversas variantes del capitalismo democrático liberal evidentemente funcionanmejor que todas las alternativas conocidas, si el capitalismo democráticoliberal es -si no la mejor, al menos- la forma menos mala de sociedad, ¿porqué sencillamente no nos resignamos a ella con una actitud madura y hastala aceptamos de todo corazón? ¿Por qué insistir en la Idea comunistacontra toda esperanza? Semejante insistencia, ¿no es un caso ejemplar denarcisismo de la causa perdida?Esta espinosa cuestión no es nueva. El gran problema (determinante) delmarxismo occidental fue el de la falta de un sujeto revolucionario: ¿cómoes posible que la clase obrera no complete el paso de en-sí a para-sí y seconstituya en un agente revolucionario? Este problema fue la principal
raison d'etre
de su referencia al psicoanálisis, evocado precisamente paraexplicar los mecanismos libidinales inconscientes que impiden el desarrollode la conciencia de clase inscrita en el ser mismo (la situación social) de laclase trabajadora. De ese modo, quea salvo la verdad del análisissocioeconómico marxista, ya no había razón que diera lugar a teorías"revisionistas" sobre el ascenso de la clase media, etcétera. Por este mismomotivo, el marxismo occidental estaba además en la busca permanente deotros agentes sociales que pudieran desempeñar el papel del agenterevolucionario y que, en caso de necesidad, reemplazaran a la pocodispuesta clase obrera: campesinos del tercer mundo, estudiantes eintelectuales, excluidos... Además, no basta pues con permanecer fiel a la Idea comunista; unodebe situar en la realidad histórica los antagonismos que hacen que estaIdea sea una urgencia práctica. La única pregunta
verdadera
es hoy:¿confirmamos la naturalización predominante del capitalismo oconsideramos que el capitalismo global actual contiene antagonismossuficientemente intensos para impedir su reproducción indefinida? Haycuatro antagonismos: la creciente amenaza de una catástrofe ecológica; lainadecuación de la noción de propiedad privada aplicada a la llamada"propiedad intelectual"; las implicaciones socioéticas de los nuevosdesarrollos tecnocientíficos (especialmente en el campo de la biogenética); y, por último, pero no por ello menos importante, las nuevas formas deapartheid, los nuevos Muros, los barrios marginales. Hay una diferenciacualitativa entre este último rasgo, la brecha que separa a los excluidos delos incluidos, y los otros tres que designan los dominios de lo que Hardt yNegri llaman "lo común", la sustancia compartida de nuestro ser socialcuya privatización es un acto violento que también debería resistirse conmedios violentos, si es necesario:
-
 Lo común de la cultura,
las formas inmediatamente socializadas del capital"cognitivo", principalmente el lenguaje, nuestro medio de comunicación y educación, pero también la infraestructura compartida del transportepúblico, la electricidad, el correo, etcétera (si a Bill Gates se le hubierapermitido poseer el monopolio, habríamos llegado a la absurda situaciónen la cual un individuo privado habría sido literalmente el propietario dela textura de software de nuestra red básica de comunicación);
-
 Lo común de la naturaleza externa
amenazada por la contaminación y laexplotación (desde el petróleo a los bosques y al hábitat natural mismo);
-
 Lo común de la naturaleza interna
(la herencia biogenética de la humanidad);

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