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El valle del GusanoR. E. Howard
 Os hablaré de Niord y el Gusano. Anteriormente habréis oído la historia de muchosmodos, donde el héroe era llamado Tyr, o Perseo, o Sigfrido, o Beowulf, o san Jorge.Pero fue Niord quien se enfrentó a la criatura aborrecible y demoniaca que surgióarrastrándose del infierno, y del enfrentamiento surgió el ciclo de historias heroicas quedesciende por las eras hasta que la misma sustancia de la verdad se pierde y pasa allimbo de todas las leyendas olvidadas. Sé de lo que estoy hablando, pues yo era Niord.Mientras yazgo aquí aguardando a la muerte, que repta 4 lentamente sobre mí como una babosa ciega, mis sueños están llenos de visiones resplandecientes y de un cortejoglorioso. No sueño con la vida monótona y desgarrada por la enfermedad de JamesAllison, sino con todas las brillantes figuras del gran cortejo que han pasado antes, yque vendrán después; pues he vislumbrado débilmente no sólo las formas que searrastran detrás, sino las que vienen luego, como un hombre en un largo desfilevislumbra, muy por delante, la línea de figuras que le precede serpenteando sobre unacolina lejana, figuras recortadas como sombras contra el cielo. Soy a la vez una y todaslas formas, disfraces y máscaras que han existido en el cortejo, que existen y queexistirán como las manifestaciones visibles de ese elusivo e intangible pero vitalmenteexistente espíritu que ahora se pasea bajo el breve y temporal nombre de James Allison.Cada hombre y mujer en la tierra es parte y todo de una caravana similar de formas yseres. Pero no pueden recordarlo... sus mentes no pueden salvar los abruptos y horriblesgolfos de negrura que yacen entre esas formas inestables, y que el espíritu, alma o
ego
,al abrazarlos, se sacude de sus máscaras de carne. Yo recuerdo. El por qué puedorecordar es la más extraña de todas las historias; pero mientras yazgo aquí con lasnegras alas de la muerte desplegándose lentamente sobre mí, todos los pliegues borrososde mis vidas previas tiemblan ante mis ojos, y me veo a mí mismo en muchas formas ydisfraces: fanfarrón, presuntuoso, temerario, enamorado, estúpido, todo lo que loshombres han sido o serán.He sido hombre en muchas tierras y muchas condiciones; pero -y ésta es otra cosaextraña- mi línea de reencarnaciones corre en línea recta siguiendo un canal inequívoco. Nunca he sido otra cosa que un hombre de esa raza inquieta que los hombres llamaronen tiempos Nordheim y más tarde Arios, y que hoy llaman con muchas designaciones ynombres. Su historia es mi historia, del primer gemido maullante de un cachorro demono blanco y sin pelo en la desolación ártica; hasta el grito de muerte del último producto degenerado de la civilización definitiva, en alguna era del futuro borrosa eimposible de imaginar.Mi nombre ha sido Hialmar, Tyr, Bragi, Bran, Horsa, Eric y John. Recorrí con lasmanos ensangrentadas las calles abandonadas de Roma tras Brennus, el de la cabelleraamarilla; vagué a través de las plantaciones arrasadas con Alarico y sus godos cuandolas llamas de las villas que ardían iluminaban la tierra como el día y un imperio daba susultimas boqueadas bajo nuestros pies calzados con sandalias; vadeé, espada en mano, el
 
espumeante oleaje desde la galera de Hengist para fundar los cimientos de Inglaterra enla sangre y el pillaje; cuando Leif el Afortunado avistó las grandes playas blancas de unmundo ignoto, yo estaba en pie a su lado en la cubierta de la nave-dragón, mi barbadorada volando al viento; y cuando Godofredo de Bouillon condujo a sus cruzados másallá de los muros de Jerusalén, yo estaba entre ellos con mi casco de acero y mi brigantina.Pero no hablaré de ninguna de estas cosas. Os llevaré conmigo de vuelta a una era juntoa la cual la de Brennus y Roma es como el ayer. Os llevaré de vuelta no meramente através de siglos o milenios, sino de eras y edades oscuras ignoradas por el más atrevidode los filósofos. ¡Oh, lejos, lejos y más lejos os aventuraréis en la noche del Pasadoantes de que ganéis las fronteras de mi raza, de ojos azules, de amarilla cabellera,vagabundos, asesinos, amantes, fuertes en la rapiña y en el viaje!Es de la aventura de Niord y el exterminio del Gusano de la que os hablaré... la raíz dela que brota todo un ciclo de historias heroicas que aún no ha llegado a su fin, laespantosa realidad subyacente que acecha tras los mitos distorsionados por el tiempo dedragones, demonios y monstruos.Pero no es sólo con la boca de Niord con la que hablaré. Soy James Allison no menosde lo que fui Niord, y mientras narro la historia, interpretaré algunos de sus pensamientos, sueños y hazañas por boca del yo moderno, para que la saga de Niord nosea para vosotros un caos carente de significado. Su sangre es la vuestra, hijos de losArios; pero amplios golfos neblinosos de eones yacen horripilantes entremedio, y lashazañas y los sueños de Niord os parecen tan ajenos a los vuestros como el bosque primordial dominado por el león parece ajeno a la calle ciudadana de blancos muros.Era un mundo extraño aquel en el que Niord vivió, amó y luchó, hace tanto tiempo queni siquiera mi memoria, que abarca eones, puede reconocer sus límites. Desde entoncesla superficie de la tierra ha cambiado, no una, sino una veintena de veces; loscontinentes se han alzado y hundido, los mares han cambiado sus lechos y los ríos sucurso, los glaciares han crecido y menguado, y las mismas estrellas y constelaciones sehan alterado y desviado.Hace tanto tiempo que la cuna de mi raza se hallaba aún en Nordheim. Pero las épicasmigraciones de mi pueblo habían empezado ya y tribus de ojos azules y rubia cabellerafluían hacia el este, el sur y el oeste, en viajes de siglos de duración que les llevabanalrededor del mundo y dejaban sus huesos y sus huellas en tierras extrañas y lugaressalvajes y desolados. En una de estas migraciones crecí de la infancia a la virilidad. Miconocimiento del hogar del norte no era sino vagos recuerdos, como sueños recordadosa medias, de blancas y cegadoras llanuras nevadas y campos de hielo, de grandeshogueras rugiendo en el círculo de tiendas de piel, de melenas amarillas flotando bajovientos poderosos y de un sol ocultándose en un lívido pantano de nubes carmesíesardiendo sobre la nieve pisoteada donde formas oscuras e inmóviles yacían en charcosmás rojos que el crepúsculo.Ese último recuerdo destaca con más claridad que los demás. Era el campo deJotunheim, se me dijo años después, donde acababa de combatirse esa terrible batallaque fue el Armagedón del pueblo de los Aesir, el tema de un ciclo de canciones heroicasdurante largas eras, y que aún vive hoy en los borrosos sueños de Ragnarok y el
 
Goetterdaemmerung.
Presencié esa batalla como un nino sollozante; así que debo haber vivido alrededor de... pero no diré la era, pues se me llamaría loco, y tanto loshistoriadores como los geólogos me lo discutirían.Pero mis recuerdos de Nordheim eran pocos y tenues, empalidecidos por los recuerdosde ese largo, largo viaje en el que he gastado mi vida. No habíamos mantenido un cursorecto, pero nuestro rumbo había sido siempre hacia el sur. A veces nos habíamosdetenido un tiempo en fértiles valles de las tierras altas o en ricas llanuras atravesadas por ríos, pero siempre reemprendíamos el camino y no siempre a causa de la sequía o lahambruna. A menudo abandonamos tierras atestadas de caza y frutas silvestres paraadentramos en terrenos salvajes. Nos movíamos interminablemente en nuestra senda,empujados sólo por nuestro incansable afán, pero siguiendo ciegamente una leycósmica, cuyo funcionamiento nunca imaginamos más de lo que lo adivina el gansosalvaje en su vuelo alrededor del mundo. Así que, finalmente, llegamos al País delGusano.Retomaré la historia a partir del momento en que llegamos a colinas recubiertas de junglas que apestaban a podredumbre y pululaban de una vida abundante, donde lostam-tams de un pueblo salvaje se abrían paso incesantemente a través de la noche cálidae irrespirable. Aquel pueblo hizo su aparición para disputamos el paso... hombres bajos,de fuerte construcción, negra cabellera, pintados, feroces, pero, indiscutiblemente,hombres blancos. Conocíamos su estirpe desde tiempos antiguos. Eran pictos y, detodas las razas extrañas, la más feroz. Les habíamos encontrado antes en bosquesespesos y en los valles de las tierras altas junto a lagos de montaña. Pero habían pasadomuchas lunas desde esos encuentros.Creo que esta tribu en particular representaba la migración más oriental de la raza. Eranlos más primitivos y feroces de todos los que habíamos encontrado. Exhibían ya trazasde características que había notado entre los salvajes negros de los países selváticos,aunque habían morado en estos lugares sólo unas cuantas generaciones. La junglaabismal estaba engulléndoles, obliteraba sus características iniciales y les conformaba asu propio y horripilante molde. Estaban derivando hacia la caza de cabezas, y elcanibalismo no era sino un paso que creo debieron llegar a dar antes de extinguirse.Tales cosas son extensiones naturales de la jungla; los pictos no las aprendieron del pueblo negro, pues entonces no había negros en esas colinás. En años posterioresvinieron. del sur, y los pictos los esclavizaron primero y luego fueron absorbidos por ellos. Pero eso no concierne a mi saga de Niord.Llegamos a ese brutal país de colinas, con sus aullantes abismos de salvajismo y primitivismo negro. Eramos toda una tribu que marchaba a pie, viejos, semejantes alobos con sus largas barbas y flacos miembros, gigantescos guerreros en la flor de lavida, niños desnudos corriendo a lo largo de la línea de marcha, mujeres con enredadosrizos amarillos llevando infantes que nunca lloraban... excepto para gritar de pura rabia. No recuerdo nuestro número, excepto que éramos unos quinientos combatientes... y por tales entiendo a todos los varones, desde el niño con la fuerza suficiente para alzar unarco, hasta el más viejo de los ancianos. En esa era de loca ferocidad todos éramoscombatientes. Nuestras mujeres, cuando eran acorraladas, luchaban como tigresas y hevisto a un niño, que aún no era lo bastante grande como para tartamudear palabrasarticuladas, retorcer la cabeza y hundir sus dientes en el pie que le mataba a pisotones.
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