INVITACIÓN “Tacoronte vive su esta”
¡Oh Cristo de Tacoronte!ojos claros, compasivos,¡Que me miras y te miro y me tienes conundido!¡Oh Cristo de Tacoronte!ojos claros compasivos,¡que me miras y te miro, y me tienes conundido!. Ya no sé si soy you otro ser en mí metidoque me transorma a raudalestodos mis cinco sentidos.Puede que sea la uerza,el poder de lo divino,que se ha apoderado de mí sin que lo haya entendido.Entre tanta conusión yo a tí también te pidoque me des uerza y valor para serte el a tí y también a mis vecinos;Que les des uerza y valor yo a tí también te pidoa tantos que no comen y no tienen lecho jo;viven de la indigenciapor culpa del egoísmode tantos que tanto tienen y no quieren compartirlo.Que les des uerza y valor yo a tí también te pidoa los hijos de este puebloque siempre te han seguido,“pa” que se mantengan rmesen tus principios divinos.Que les des uerza y valor yo a tí también te pidoal que desde otro lugar por montañas y caminosha llegado hasta tí cual devoto peregrino.¡Oh Cristo de Tacoronte!ojos claros, compasivos,¡que me miras y te miro y me tienes conundido!.Lo que tú quieras, ¡Señor!,por tí hasta el innito;también lo que el pueblo pidasiempre por tí asistido.Quizás por otras razonesque yo nunca he querido,he cometido errorespropios de todo nacido.Eres tú, ¡Oh gran Señor!,el del perdón orecido;sólo tú lo puedes dar y por eso te pedimos.También para este pueblohincado ante tí, rendido,danos tu bendición; y déjanos complacidos.Hoy me tienes aquí con un mando que no es mío;es el tuyo que me has dadoen tremendo desaío.Pronto ya no lo tendré;siempre es bueno compartirlo.Haz tú que el que lo tengasiga el a tus principios.Mañana ya no estarépara pedirte lo mismo;pero tú, que eres eterno,me dejarás muy tranquilo.Sé que no me olvidarás y atenderás lo que digo.¡Oh Cristo de Tacoronte!ojos claros, compasivos,¡que me miras y te miro y me tienes conundido!.
Hermógenes Pérez Acosta
Alcalde-Presidente
En tu honor, montes y valles, al unísono, reciben el suave res-cor de las primeras lluvias septembrinas, que comenzarán a salpi-car de verdes intensos aldas, cimas y llanuras.Manteles multicolores, matizados con tonalidades diversas ytejidos por la magnitud de la exuberante y sabia naturaleza dellugar, constituyen el mejor marco paisajístico para entronar tuimagen, ¡Oh Cristo!.El monte de Agua García, en plenitud de rondosidad, se le-vanta erguido para echar una ojeada al Santuario y orecer cánti-cos de gloria con el cimbrear de su protegida laurisilva y el jolgo-rio creado por su rica y variada auna.Los diíciles, vertiginosos y desaantes acantilados, salvaguar-das de la costa, elevan su poderío y se unen al parapente paracontemplar el esplendor de la procesión del mediodía.Las aguas cristalinas y turbulentas del inmenso atlántico, quehan permanecido en remanso y tranquilas durante la época esti-val, comienzan a inquietarse y removerse, buscando en el lejanohorizonte el el refejo de tu Excelsa Figura abrazada a la cruz.Inmenso derroche de belleza artística creada por la exhube-rancia prounda y elocuente de la madre naturaleza en este lugar,que se combina con esa sinonía melódica orecida naturalmentecon el acompañamiento de su multicolor y variada auna.También los puntos gastronómicos, caeterías, bares y res-taurantes, eles a su tradición, preparan exquisiteces múltiples y variadas que serán degustadas con el aromático, aamado ysingular vino del lugar que seduce, en un ambiente totalmenteestivo.En todos los hogares, las amilias se unen y cuecen los mejores y más deliciosos manjares de toda clase, cuyos ricos olores seolatean desde lejos y se sirven en vajillas esmaltadas y bandejasplateadas, que se cuidan y guardan para estos acontecimientos.El esplendor de esta esta se vive por los tacoronteros y nume-rosos peregrinos, contagiados por las bondades misteriosas deeste Cristo y la singularidad generosa de esta tierra.Tacoronte en septiembre es distinto; es otro, porque el Cristose convierte en el eje y centro de su identidad y existencia, bienpor la devoción, bien por la talla artística que representa.Con todo mi pueblo, a este Cristo yo le admiro; A este Cris-to yo le adoro; a este Cristo yo le pido; a este Cristo, juntossuplicamos:
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