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Algo anda muy mal - Brennan Manning

Algo anda muy mal - Brennan Manning

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Nuestra mente ha sido llevada de un lado a otro por los poderes de este mundo, con lo cual el evangelio de la gracia ha sido relegado al lugar de la esclavitud religiosa, con una imagen distorsionada de Dios, como un eterno contable de mente estrecha. La comunidad cristiana se asemeja a la bolsa de valores, donde el intercambio de obras hace que se honre a una elite y se ignore al hombre común. Se amordaza al amor, se ata a la libertad, se etiqueta la rectitud. La iglesia institucional se ha convertido en algo que hiere al sanado, en
lugar de sanar al herido
Nuestra mente ha sido llevada de un lado a otro por los poderes de este mundo, con lo cual el evangelio de la gracia ha sido relegado al lugar de la esclavitud religiosa, con una imagen distorsionada de Dios, como un eterno contable de mente estrecha. La comunidad cristiana se asemeja a la bolsa de valores, donde el intercambio de obras hace que se honre a una elite y se ignore al hombre común. Se amordaza al amor, se ata a la libertad, se etiqueta la rectitud. La iglesia institucional se ha convertido en algo que hiere al sanado, en
lugar de sanar al herido

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original

 
Algo
anda
muy
n1al
U
na
ventosa
noche de octubre,
en
una iglesia de
las
afuerasde Minneapolis,
se
habían
reunido
varios cientos de cre-yentes para
un
seminario
de
tres días.
Comencé
con
unapresentación del evangelio de la gracia
y
de
la
realidad de
la
salva-ción,
de
una
hora
de duración.
Me
concentré
en
la total suflcienciade
la
obra
redentora
de
Jesucristo
en
el Calvario. El servicio termi-
nó
con una canción
y
una oración.
Al
salir de la iglesia
por
la puer-ta lateral, el pastor
se
volvió a
comentar
con
otra
persona:
«Hmmm,
este se creerá
muy importante,
¡pero
no
dijo
nada
absolutamentesobre
quédebemos
hacer para ganar nuestra salvación!»Algo anda
muy
mal.
Nuestra
mente
ha sido llevada de
un
lado a
otro
por
los poderesde este
mundo,
con
lo cual
el
evangelio de la gracia ha sido relega-
do
al
lugar
de
la esclavitud religiosa,
con
una
imagen
distorsionadade Dios,
comoun
eterno
contable
demente
estrecha. La comuni-dad cristiana se asemeja a la bolsa de valores,
donde
el intercambiode obras hace
que
se
honre
a una elite y se ignore
al
hombre
común.
Se amordaza
al
amor, se ata a
la
libertad,
se
etiqueta la rectitud. Laiglesia institucional
se
ha convertido
en
algo
que
hiere
al
sanado,
en
lugar de sanar
al
herido.
li
 
EL
EVANGELIODE
LOS
ANDRAJOSOS
Dicho sin ambages: la iglesia norteamericana de hoy acepta la gra-cia
en
la
teoría, pero la niega
en
la práctica. Decimos que creemos quela estructura fundamental de
la
realidad
es
la
gracia y
no
las
obras ...pero nuestras vidas refutan nuestra
fe.
Por
lo general,
el
evangelio dela gracia
no
se proclama, ni
se
comprende ni se vive. Muchísimos cris-tianos viven en la morada del temor,
no
en
la
del amor.Nuestra cultura
ha
hecho que sea imposible comprender la pala-
bragracia.
Somos ecos de frases y dichos como:«Nada
es
gratis».«Obtenemos lo que merecemos».«¿Quieres dinero? Trabaja para ganarlo».«¿Quieres que te amen? Esfuérzate
por
merecer
el
amor».«¿Quieres misericordia? Demuestra que
la
has ganado»,«Haz
con otros como
los otros hacen contigo».«Cuídate de los subsidios, de la gente
en
la
calle, de
las
salchi-chas gratis
en
la
escuela, de los estudiantes ricos
con
préstamos fede-rales,
todo
es
un
juego de engaños».«Da a los otros lo que merezcan ... pero ni
un
centavo más».
Mi
editora
en
Revell me dijo que oyó decir a
un
pastor quehablaba con
un
niño: «Dios ama a los niñitos buenos».
Al
oír sermo-nes con
un
marcado énfasis
en
el esfuerzo personal
-sin
dolor
no
hay
ganancias-
tengo la impresión de que
la
moda
norteamericanaes la de
la
espiritualidad del «hágalo usted mismo».
y
aunque
las
Escrituras insisten
en
la iniciativa de Dios
en
la
obrade salvación
-que
somos salvos
por
gracia, que nuestro amorosoPadre es
todo
amor-,
nuestra espiritualidad suele comenzar
por
nosotros, y
nopor
Dios. La responsabilidad personal ha reemplaza-
do
a
la
respuesta personal. Hablamos de adquirir virtud como
si
fuera
una
habilidad que puede conseguirse, como la buena letra o
el
buen
swing
en
golf.
En
las
temporadas de penitencia nos enfocamosen sobreponernos a nuestras debilidades, librándonos de nuestrasataduras para alcanzar
la
madurez cristiana. Sudamos
con
los ejerci-cios espirituales como
si
pudieran llevarnos
al
estado musculoso delCharles Atlas cristiano.
Aunque
de
la
boca hacia fuera hablamos del evangelio de la gra-cia, muchos cristianos viven como
si
fuera únicamente la autonega-ción y la disciplina personal lo
que
puede
moldear
el
yo perfecto.
18
 
ALGO
,,\:\11),'\
MUY
Ml\L
El énfasis
se
pone
en lo
que
hago yo,
no en
lo que está haciendoDios.
En
este proceso tan extraño, Dios
es
un
benigno y ancianoespectador,
sentado
en
la tribuna,
que
vitorea
cuando
aparezco temprano
en
la cancha. Transferimos la leyenda de I-Ioracio Alger del
hombre que
se hace a
mismo a nuestra relación con Dios. Leemosen
el
Salmo
123: «Como
los ojos de los siervos miran a
la
mano
desus señores, y
como
los ojos
de
la sierva a la
mano
de su senara», yexperimentamos una vaga sensación de culpa existencial. Nuestrosojos
no
están
en
Dios. Somos, de corazón, seguidores de Pelagio.Creemos
que
podemos
ascender
si
tiramos de los cordones
de
nuestros zapatos,
es
decir,
quepodemos
hacerlo solos.
Tarde
o
temprano
enfrentamos la dolorosa verdad
denuestra
insuficiencia y falta de capacidad.
Kuestra
seguridad se
derrumba,
ylos
cordones
de nuestros zapatos
se
rompen.
Cuando
el
fervor
queda
atrás, aparece la debilidad
y
la infidelidad.
Descubrimosnuestra
incapacidad para agregar siquiera
un
centimetro
a nuestraestatura espiritual. Aquí comienza
entonces
un
largo invierno de
descontento,
que
al
final florece en tristeza, pesimismo y sutildesesperanza; sutil
porque
pasa casi desapercibida,
y
por
ello
no
laenfrentamos. Esta adquiere la
forma
del
aburrimiento,
de
la
desa
zón.
Nos
sobrecoge lo ordinario de nuestra vida, y las tareas diarias
que
realizamos
una
y
otra
vez.
Secretamente
admitimos
que
ellla-
mado
de Jesús exige demasiado,
que
rendirnos ante
el
Espíritu
es
algo
que
está más allá
de
nuestro
alcance. Y
entonces
actuamos
como
todos
los demás. La vida se vuelve vacía, sin
gozo.Comenzamos
a parecernos
al
protagonista
de
The
Great
God
BroJVH
[El
gran
Dios
Sr.
Brown],
de
Eugene
O'Neill:
((¿Por
quétemo
albaile, yo,
que
amo
la
música,
el
ritmo,
la gracia, el
canto
y
la
risa?
¿Por
qué temo
vivir,
yo,
que
amo
la vida
y
la belleza de
la
carne
y
los colores vívidos de la tierra, el ciclo
y
el
mar? ¿Por
qué
temo
amar, yo,
que
amo
el
amor?»Algo anda
muy
mal.
Todos
nuestros esfuerzos
por
impresionar a Dios, nuestra bús
queda
para
obtenerpuntos,
nuestra lucha
por
intentar
reparar lo
que
está mal en nosotros en
tanto
buscamos esconder nuestra
pequeüez,
recriminándonos nuestras culpas,
le
causan náuseas a Dios ...
son
la
rotunda
negación del evangelio de la gracia.
19

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