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Resumen - Aliata Fernando (1998)

Resumen - Aliata Fernando (1998)

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Fernando Aliata
(1998)CULTURA URBANA Y ORGANIZACIÓN DEL TERRITORIO
A partir de la Revolución las ideas propugnadas por los ilustrados en relación con la organización del territorio parecen finalmentecomenzar a concretarse. Sin embargo, la guerra prolongada y las continuas crisis políticas pospondrán toda acción durante el primer decenio de vida independiente. Sería recién durante el período rivadaviano cuando estas ideas terminan de estructurarse alrededor dedos principios: la reorganización catastral del territorio y su dominio como espacio económico. La puesta en práctica de este programademostrará que más que una naturaleza dócil dispuesta a aceptar la transformación científica propuesta por el pensamiento de lailustración tardía, lo que aparece inmediatamente en escena es un mundo hostil, un territorio que apenas se conoce y que aparecerá,ante los ojos de la generación que sucede a los rivadavianos, como un negativo “desierto” sobre el cual debe realizarse una acciónreformadora radical. Al mismo tiempo que se modifica la visión del mundo rural, y como consecuencia de la expansión de los principios ilustrados, la cultura urbana comienza a ser considerada como instrumento fundamental para la renovación de la sociedaden su conjunto. De allí la importancia que adquiere la gestión administrativa sobre la ciudad, ya que se generaliza la creencia de que lamodificación del orden físico puede ser un factor importante para el mejoramiento de la estructura política y social heredada. Esta ideade renovación coincide con el encumbramiento paulatino de Buenos Aires. En ese contexto, que inaugura la etapa de la “felizexperiencia”, surge un cuerpo técnico munido de nuevos instrumentos y doctrinas que comienza lentamente a organizarse con laintención de modificar el territorio y la ciudad entendidos ahora como unidad inescindible. Este nuevo cuerpo intentará realizar unagradual reforma de la estructura urbana que comprende una reconsideración general de las fronteras entre lo público y lo privado. Laciudad resultante de esta “política de regularidad” se organiza a partir de de la articulación de nuevos espacios institucionales, denuevos programas que intentan materializar esta creciente especialización social.
 DE LA MIRADA ILUSTRADA A LA CRÍTICA ROMÁNTICA
Con los instrumentos de las disciplinas surgidas del Iluminismo, se cree posible construir una realidad física distinta de esta porcióndel territorio americano. Su vastedad, su diversidad geográfica, de una perspectiva diferente. Viajeros, cronistas y funcionarios de lacorona se esfuerzan por imaginar un futuro donde las dificultades producidas por la disgregación, el vacío natural, la falta decomunicaciones en un espacio físico tan vasto, puedan ser vencidos por obra de un proyecto técnico y una voluntad política que debeenglobar múltiples matices. Pero el análisis que surge no es unidimensional. En los relatos, las descripciones, las memorias que seelaboran entre fines del siglo XVIII e inicios del XIX, se encuentra una común tendencia a realizar un doble dictamen sobre lasituación local. Por un lado, se hace presente la perplejidad ante el vacío territorial y su estado primitivo; por el otro, se acentúa laconvicción de que la fertilidad de la tierra, así como las condiciones excepcionales del clima, producirán una expansión agrícola-ganadera y con ello del comercio que harán del Plata un rico y poblado territorio. A la enumeración de la prosperidad futura, quecaracteriza este tipo de escritos, le sucede invariablemente un esbozo del plan de acción necesario para potenciar esta opulencia. Estacelebración de la naturaleza es también un llamado hacia una política de fomento agrario. Un programa de inmigración, dedistribución de tierra baldía entre la población rural, de enseñanza de la ciencia de la agricultura, de aplicación de las nuevas técnicas, bastaría para modificar rápidamente el estado semibárbaro de una comarca que está destinada a desarrollar un fecundo porvenir. Esteespíritu de renovación no conmueve sólo a la campaña sino, fundamentalmente, a la ciudad. Entre fines del siglo XVIII y comienzosdel XIX, Buenos Aires se presenta a los ojos de su propia elite como poseedora de un futuro institucional promisorio, cuya estructuramaterial parece contener en su seno el germen de organización de un nuevo orden económico. Esta perspectiva implica una separacióndel rol tradicional de centro administrativo y mercantil mediano e intenta sumar, a una importancia económica creciente, el carácter deemporio del comercio internacional. La transformación y ampliación de las funciones del organismo urbano no se producen tanrápidamente y, aunque son coincidentes con la prédica agrarista de los economistas criollos y los funcionarios borbónicos, parecenobedecer a otras causas. Fundamentalmente a una coyuntura política que rompe con las condiciones tradicionales de funcionamientoeconómico de la colonia. Desde 1791 a 1797, una serie de medidas provocadas por el aislacionismo de la metrópoli con sus posesiones, que el conflicto bélico impone, liberan el tráfico marítimo y otorgan a la ciudad porteña un papel de centro de intercambioal cual arriban mercancías de diversas procedencias y del cual también son fletados buques hacia diferentes rincones del globo. Si bienel optimismo inicial se demostrará luego infundado, sirve para generar en el grupo dominante la idea de un cambio que implica laemergencia de una Buenos Aires capaz de ocupar de manera rápida un rol decididamente central. La intensidad de la vida urbanaayudará a construir una dimensión complementaria: la de un mito de “destino rector” que apuntala la idea de un futuro de grandeza para la ciudad y el territorio a ella subordinado.Si la agricultura está demostrando ser una de las principales bases de crecimiento económico y la ocupación de esa inmensa y vacía planicie que es la llanura pampeana se torna fundamental, el mundo urbano tiene aquí un rol diferente. En este caso, es la culturaurbana la que puede ir en auxilio de la campaña para colocarla dentro del sistema productivo. Para lograrlo, no son los habitantes delas ciudades los llamados a despoblarlas y volcarse al campo, sino que es precisamente el fortalecimiento de lo urbano, su ciencia, sutécnica, sus instituciones, lo que puede transformar la estructura del sector rural. Si bien estas doctrinas habían logrado un generalconsenso en toda la etapa previa a la emancipación, será la coyuntura que emerja de la Revolución la que posibilitará una inmediataaceptación de la necesidad de fomentar la producción agrícola. Sin embargo, la ocupación real del territorio provoca un cambioimportante en el diagnóstico inicial. Lo que se había presentado a los ilustrados como una solidaria conjunción de esfuerzos entrelabradores, científicos y técnicos para transformar armónicamente la naturaleza rural, aparece ahora como bastante alejado de larealidad. El conocimiento de esta realidad empieza a demostrar que no existe tal armonía, sino una oposición creciente entre losvalores de las instituciones urbanas y un mundo rural que les es completamente ajeno. Frente a ello entonces, la cultura ilustrada debe
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encontrar otras modalidades en su afán de incorporar a la campaña dentro del proceso de racionalización productiva. Esteconocimiento, esta revelación, será lo que lleve, paradójicamente, a poner en crisis las ilusiones iniciales. Es que el infinito territorialabierto a la consideración cultural provoca, como afirma Canal Feijóo, un cambio conceptual fundamental: la aparición de la nociónde “desierto” como alternativa a la idea de “naturaleza” que caracteriza al universo iluminista. El desierto es lo contrario a la armoníanatural de la visión ilustrada. Puede hablarse de desierto, por que lo que se comienza a observar es un territorio vacío, por cultivar. Elcontacto con esta naturaleza por domesticar torna bárbaros y salvajes a los hombres que la pueblan. Con este diagnóstico, queacompaña el surgimiento de la sensibilidad romántica, parece retornar la desconfianza de los siglos anteriores, pero con una salvedad:reconocer la otredad del mundo natural no significa retrotraerse frente a su fuerza incontrastable, sino todo lo contrario. De allí que eldesierto se transforme en un enemigo de la civilización porque la cultura urbana siente como necesaria la conquista de ese espacio. Laoposición sarmientina entre civilización y barbarie, corporeizada en la también oposición ciudad-campo, nace como construcción enfunción de la transformación que propone esta mirada globalizante. Más allá de estos argumentos emergen cuestiones que resultan elcorolario lógico de este cambio en la percepción, de este entendimiento de la complejidad de una estructura territorial amplia ycontrastante, y que rápidamente se transforman en materia de debate político. A partir de este momento no se puede hablar más dehistoria de ciudades medianamente aisladas, relacionadas por rutas comerciales en lenta transformación, sino de ciudades vinculadas por tensiones dinámicas. Después de la Revolución, cuestionadas las bases de la organización política heredada, es necesario definir nuevos límites y volver a medir la importancia que cada ciudad adquiere en un contexto que se torna cada vez más problemático. Estarevisión de la organización territorial será, en parte, una de las causas que llevaran a la atomización e las grandes estructurasadministrativas heredadas del dominio virreinal, a la definición de nuevas fronteras provinciales o nacionales y a la creación dedistritos autónomos.Ejemplos claros del despertar de una lenta voluntad de transformación pueden encontrarse en las acciones que, durante la décadadel’20, llevan a incorporar forzosamente áreas no ocupadas del poco definido territorio nacional al campo de la explotacióneconómica. De todos modos esta voluntad chocará con el desconocimiento casi absoluto de las realidades geográficas y también políticas que pueden servir de soporte a tan nobles propósitos. Dentro de este espectro hay un planteo que resulta casi excluyente, puesse define como el único proyecto realmente postulado en la primera mitad del siglo para la transformación urbana y territorial: la propuesta de los rivadavianos.
 LA CIUDAD REGULAR. BUENOS AIRES EN EL CONTEXTO POSREVOLUCIONARIO
Durante la primera década revolucionaria algunos indicios comienzan a mostrar la voluntad de transformación que acompaña a la elitecriolla. Sin embargo, habrá que aguardar a la experiencia del gobierno provincial de Buenos Aires entre 1821 y 1825, así como a al breve presidencia de Rivadavia entre 1826 y 1827, para que se puedan poner en práctica una serie de disposiciones concretas cuyoobjetivo apunte hacia una modificación en ese sentido. Estas disposiciones se nuclean fundamentalmente en dos planos. El primero seconstituye a partir de la existencia de una convicción de que organizando regularmente el espacio físico es posible ordenar elfuncionamiento de las instituciones y, con ello, transformar el comportamiento social, modificando la estructura política heredada. Elsegundo se deriva de la creencia de que esta nueva forma física debe servir para consolidar y ampliar la estructura material de BuenosAires hasta transformarla en una “gran ciudad”. A partir de ahora la ciudad inaugura un nuevo rol frente a sus posibles rivales oantagonistas, intenta constituirse en espacio emblemático, documento vivo y didáctico de las reformas por realizar en un enteroterritorio. En la nueva fase que se inaugura con la instalación del gobierno provincial y la gestión de Martín Rodríguez, Buenos Airesdebe presentarse como documento, como experiencia de esta conjunción armónica entre sistema político y ordenamiento territorial. Laciudad luego de la crisis del año ’20 que lleva a la disolución del gobierno nacional, debe retrotraerse, reconstruir sus instituciones, para poder posteriormente cumplir con los planes enunciados: servir de base material a la transformación política, exportar al resto delterritorio los valores de la cultura urbana. Pero, ¿cómo se materializarán estas ideas que amalgaman nuevas aspiraciones con otras yaconsensuadas desde la mirada ilustrada pero reiteradamente incumplidas? Para ello comienza a desarrollarse una transformación en elseno mismo de la Administración. En 1821 se crea el Departamento de Ingenieros Arquitectos, en 1822, el de Ingenieros Hidráulicosy en 1824 se crea el Departamento Topográfico. A ello debe adjuntarse la transformación del cuerpo de policía al que se le añadenfunciones de policía sanitaria y edilicia. La aplicación de figuras simples para organizar un espacio determinado, la constitución de unandamiaje de decretos y reglamentos que operen de contenedor legal de ese armazón formal, son las claves que distinguen a estenuevo sistema de ideas. La regularidad física, en ese sentido, debe ser un justo corolario del orden político. Es más, se supone que ladisposición regular clara y visible, traerá ventajas sobre el mismo orden social. Al mismo tiempo que intenta restaurarlo, el nuevoorden regular plantea una cesura profunda con el antiguo sistema colonial. Ahora es necesario instaurar la regularidad en el ámbito delo concreto, ya que, sin ella, la construcción de un orden que permita la optimación de los procesos políticos se torna imposible. Frentea este intento de transformación imperativa de la realidad, la restauración de la cuadricula originaria que se piensa alcanzar no es tal,sino que se trata de un radical principio de transformación global que incluso necesita paradójicamente modificar esa cuadrícula,especializarla, designar en ella áreas particularizadas: sectores definidos para las instituciones del nuevo Estado, avenidas de achuradiferenciada, bulevares de circunvalación, plazas especializadas para el comercio o la celebración, ámbitos que constituyen un nuevotipo de espacio donde la separación entre lo público y lo privado debe hacerse más evidente. Dentro de este esquema general deintervención, la primera operación realizada es la confección, en 1822, de un plano topográfico –ejecutado por el ingeniero FelipeBertrés- con objeto, no sólo de representar la realidad existente, sino de fijar los lineamientos del territorio urbano. La serie dedisposiciones que acompañan la ejecución de este plano, promulgadas entre 1821-23, está marcada por la común preocupación por regularizar debidamente aquello que define esta área de injerencia estatal: fachadas y calles. La normativa se completará con un plande pavimentaciones del sector central y una política de control del uso de las calles, de las cuales deben desaparecer las actividadesque habían sido características del período colonial. Sobre todo aquellas que determinaban la existencia de cierta indefinición entre lo
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 público y lo privado. Contra estas actividades reaccionará la Administración con suerte variable. Por un lado, es posible constatar en elcentro de la ciudad una real transformación producida por la normativa. Por el otro, se verifican constantes resistencias a un posiblecontrol estatal que se hacen visibles cuando la política urbana del Partido del Orden toa directamente fuertes intereses privados. Unmodo de resistencia privada amparada en la laxa tradición colonial y que llevará a un fracaso clamoroso a la Administración cuando seintenten trasladar los principios de la regularidad al área suburbana mediante la realización de un plano de alineación. Esta fallidaherramienta técnica no se limita a registrar lo existente, sino que intenta rectificar y regularizar las zonas de crecimiento estableciendouna estricta redefinición del espacio público. La regularidad, la simplificación de los deslindes entre terrenos, sólo producirán pleitos ymodificaciones que nadie está pensando en cumplir mientras afecten sus intereses particulares, por lo que el trabajo es prontamenteabandonado. Al mismo tiempo que estas acciones se cumplen en relación a la gestión urbana, se intentará dar forma a uno de los proyectos trascendentales para la reorganización de la ciudad y el afianzamiento de su prestigio: la construcción de un puerto. Losfondos para construir tan vasto emprendimiento, que habían sido el objeto inicial del controvertido empréstito Baring, reducidos ya por la especulación o las altas comisiones cobradas por sus gestores, serán aplicados a la guerra con el Brasil. El proyecto del puertoda cuenta también de la existencia de otra serie de disposiciones complementarias a la regularización de la trama: aquellas tendientes acontrolar y organizar los usos y flujos en los espacios que son públicos, o aquellos que el Estado desea colocar bajo su propiadirección a partir de criterios higiénicos, que tienen como centro la idea de que, tanto el aire como el agua, son los directos productores de enfermedades. Con este tipo de acciones se intenta sistematizar y clasificar toda la ciudad colocando aquello que seconsidera de “utilidad” en el centro y enviando aquello que es inútil o inarmónico a las márgenes. Esta dinámica normativa planteadadesde los organismos del Estado tiene su correlato en el crecimiento de la planta urbana. Esta transformación física puede constatarseen datos censales que permiten observar un desplazamiento muy marcado de pobladores hacia los suburbios más inmediatos al núcleomás antiguo de la ciudad. Los planos muestran que, a diferencia de la estructura de la parte más antigua de la ciudad, formada por lasgrandes casas de patios, en esta etapa se comienzan a encontrar lotes más reducidos. Se trata de parcelas accesibles a pequeños propietarios o locatarios, cuyas casas pueden sólo ser construidas desde una tipología en la cual la principal característica es lareducción del tamaño. Sin abandonar del todo el espectro de las tipologías usuales, la tendencia a la especialización, a la diversidad deopciones, aparece en una sociedad que se estratifica cada vez más. Una sociedad en la cual el tipo de familia tradicional de carácter  patriarcal y de estructura numerosa se reduce en número frente a un cada vez más alto porcentaje de familias de tipo restringido,capaces de generar un diverso modo de hábitat.
 ESPACIO POLÍTICO Y ESPACIO PÚBLICO URBANO: NUEVAS INSTITUCIONES Y PROGRAMAS ARQUITECTONICOS 
El proyecto político que caracteriza a la ciudad luego de la crisis del ’20 produce la instauración de una experiencia que, ahora sí anivel provincial, parece tener más posibilidades de triunfo que en el incontrolado territorio de las Provincias Unidas: la organizacióndefinitiva de un espacio público. Esta etapa se presenta como un momento en el cual se cree posible configurar el espacio público bonaerense a partir de ciertas acciones ligadas a este crecimiento programático de las estructuras físicas de la ciudad: el sistemarepresentativo (1820), el sufragio universal masculino (1821), la reforma eclesiástica (1822) y la tolerancia religiosa (1824) son lasmanifestaciones más emblemáticas de esta disposición. Esta nueva experiencia se constituye a nivel local a partir de la exclusivavoluntad estatal que necesita de su materialización para hacer efectivo su sistema de reformas. Un antecedente de esta decisión deincorporar a vastos sectores urbanos a la vida política se encuentra en la celebración de fiestas públicas de carácter cívico. Si bien enorigen tienen una organización espontánea, poco a poco, el gobierno ira interviniendo y transformando los actos en verdaderos ritos deaceptación de la nueva situación política. El plan inicial de los rivadavianos incluye la demolición de algunos edificios representativosdel poder español. Pero, fuera de su insistente retórica, el planteo implica sólo la destrucción de edificios vetustos o ruinas de proyectos incumplidos. La necesidad de economía del gasto público será la que haga que se reutilicen, para materializar las nuevasinstituciones del Estado, los bienes eclesiásticos producto de la reforma de 1822. Frente a esta realidad, los artefactos arquitectónicosrealmente construidos son bastante pocos. Entre los realizados, dos iniciativas de destacan porque marcan además, con su concreción,sendas actitudes políticas: el pórtico de la Catedral y la Sala de Representantes. La primera de ellas procede de la acción del propioRivadavia. Se trata de un ejercicio radical desde el punto de vista artístico y político. Efectivamente, dotar al edificio de este tipo defachada de carácter templario y de amplias resonancias evocativas de la antigüedad, en el momento mismo de la reforma religiosa,quitando el control de la obra al Cabildo Eclesiástico, es por cierto un acto de ruptura. La segunda adquiere una dimensión igualmentesuperlativa: se trata de la construcción de una Sala para albergar la nueva legislatura producto de la instauración del sistemarepresentativo. Sin embargo, en pocos años, la práctica representativa demuestra resultados contrarios al racional debate de ideas queeste ámbito debía facilitar. La formación de una oposición, los intereses contrapuestos de diversos grupos que pugnan por defender cuestiones particulares y que se revelan contrarios a una equitativa confrontación discursiva, los prolongados períodos de inacción quesiguen al entusiasmo inicial, parecen hacer vislumbrar un temprano aunque parcial fracaso de esta voluntaria formación, desde elEstado, de un espacio público receptivo de sus propuestas políticas.
 EL DEBATE DE LA CAPITALIDAD DE BUENOS AIRES EN EL CONGRESO CONSTITUYENTE DE 1826 
El proyecto de capitalización de Buenos Aires es un acontecimiento que marca un punto de inflexión determinante en la experienciaque han abierto los rivadavianos. En el inédito contexto, abierto por el reconocimiento británico y la iniciativa de reorganización que plantea el congreso constituyente, parece posible encontrar la oportunidad para relanzar el proyecto de Buenos Aires como capitalnacional. A diferencia de la creación de la Presidencia, que no había sido en sí tan problemática, la controversia sobre este proyecto sehace virulenta. El cambio de la estructura productiva, el reforzamiento de los lazos con la “economía mundo” hacia inevitable un rol preponderante para el Río de la Plata y, fundamentalmente, para Buenos Aires y su campaña. Pero esta acción era inmaterializable sin
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