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W. Giegerich: La historicidad del mito.

W. Giegerich: La historicidad del mito.

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Published by Enrique Eskenazi
Wolfgang Giegerich es un destacado psicólogo analítico cuya obra ha sido considerada por David L. Miller como un avance radical en el pensamiento junguiano, más aún, como "pensamiento junguiano de tercera ola", comparando la obra de Giegerich con la de Jung mismo y con la "segunda ola", la psicología arquetipal asociada con James Hillman.
Wolfgang Giegerich es un destacado psicólogo analítico cuya obra ha sido considerada por David L. Miller como un avance radical en el pensamiento junguiano, más aún, como "pensamiento junguiano de tercera ola", comparando la obra de Giegerich con la de Jung mismo y con la "segunda ola", la psicología arquetipal asociada con James Hillman.

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Published by: Enrique Eskenazi on Sep 03, 2010
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La Historicidad del Mito
por
W. Giegerich
(cap. 3 de “Dialectis & Analytic Psychology. The El CapitanSeminar")
trad. Enrique Eskenazi
Con respecto a su tipología psicológica, Jung advirtió en contra de recogersuperficialmente su terminología psicológica (por ejemplo "tipo pensamientoextravertido”) “ya que” -según dijo- “ésto no tiene otro objetivo que el deseototalmente inútil de poner etiquetas” (
CW 6
, p. xv). Aunque la tipología de Jung sebasta con ocho clases posibles, mientras que la mitología ofrece innumerablesfiguras e historias, también es posible adherir mitos sobre la gente oacontecimientos de la vida. Para cada conducta, cada situación vital, la mayoría delas imágenes oníricas, puede seguramente hallarse un mito adecuado. Pero buscaresas correspondencias no es muy diferente del “deseo totalmente inútil” de “poneretiquetas sobre” los fenómenos, puesto que no sería más que un emparejamientomecánico de dos conjuntos de temas según semejanzas externas, tarea que cadaniño conoce desde muy joven a partir de ciertos juegos de cartas.En
“Le bourgeois gentilhomme” 
de Moliére, el nuevo rico, vano a la vez queignorante e ingenuo Monsieur Jourdain aprende por primera vez que habla “enprosa”, lo que le hace andar altaneramente, como si con esta etiqueta de la retóricay la estilística clásica, su lenguaje también se hubiera ennoblecido y vuelto clásico.Pero por supuesto, su lenguaje es exactamente el mismo de antes. Igualmentenuestras personalidades, problemas, conflictos siguen tan comunes y humanos,demasiado humanos, tanto si les adherimos etiquetas míticas o divinas como si no.Los mitos, creo, no debieran emplearse para ennoblecer lo que en sí mismo no espara nada mítico.Pues tenemos que tomar en cuenta el golfo que nos separa a nosotros y a nuestrasvidas del mito. Nosotros y “el mito” no vivimos en el mismo mundo. Nuestra relaciónel mito es inevitablemente arqueológica: durante los dos últimos siglos el mito hatenido ser excavado, desenterrado (ver el título de una antología de Karl Kerényi,
Die Eröffnung des Zugangs zum Mythos
-La Apertura del Acceso al Mito),como reliquias fosilizadas del pasado, después de haber estado muertos yenterrados por eras, cubiertos por capas y capas de otros estadios de desarrollocultural y psicológico. Por ello quiero discutir, o mejor rozar, lo siguiente. El golfo(que de hecho es una pluralidad de golfos secuenciales) puede verse sobre tododesde tres perspectivas, desde:* el lugar del conocimiento.* la forma (constitución) del tiempo y el mundo (
mundus
) Y* la relación de separación y unión
o
de identidad y diferencia,de las que, por razones de tiempo, discutiré hoy sólo la primera.
 
Lo que permite que los mitos sean inmediatamente aplicados a las situaciones de lavida moderna, paradójicamente, es que el concepto de mito ha sido reducidofundamentalmente, abstraído hasta significar una narración. En cuanto narrativa, elmito está muerto (lógicamente). Al ser abstraído de su tiempo (como un trozo dealtar medieval en un museo moderno, separado de su contexto original en ladevoción viviente de su era), se ha vuelto universalizado y confiscado en sunaturaleza en tanto que mito viviente, y por ello en tanto que mito en primer lugar.Pues es indispensable para la noción de mito que signifique mito viviente ¿de quéotro modo, sino como mito viviente, podría abarcar la profundidad de la existenciacomo tal y expresar su significado (que es lo que se espera que haga el mito?) Porlo tanto el mito tiene que comprenderse como la unidad de mito en el sentido de unanarración y del estatus entero de conciencia y modo de ser-en-el-mundo de la eraespecífica que dio nacimiento a los mitos, y de la cual los cuentos míticos solían serla auto-expresión de su lógica interior; en otras palabras, tiene que ser comprendidocomo la unidad de narración mítica y del modo de ser-en-el-mundo mitológico-ritualista, la unidad de semántica (mitológica) y sintaxis (mitológica) (1)Jung pasó por alto esta comprensión porque recurrió, con un argumento circular, ala idea de factores psicológicos universales (“arquetipos-en-sí-mismos”) de loscuales los mitos conocidos son sólo expresiones temporales y específicasculturalmente. No importa aquí si los arquetipos se conciben como biológicos ometafísicos, como innatos o adquiridos y heredados, como un residuo deexperiencias colectivas o lo que sea -en cualquier caso la idea de Jung dearquetipos estatuye la psique como un Hinterwelt (trasmundo), una realidad fácticapositiva por detrás de la realidad, y solidifica la creencia de que se podría ir detrásde los fenómenos (detrás de los mitos, etc.) hasta los factores nouménicospositivamente existentes que produjeron los fenómenos (2). Con esta creencia enun universal literal, en una constante antropológica, en noúmeno pretendidamente“empírico” como fuente oculta de la mitología, uno logra dos ventajas. Si se acepta,legitimiza de hecho la creencia de que, mutatis mutandi, los mitos antiguos son, asícomo así, aún capaces de expresar la profundidad psicológica de nuestra vidamoderna, y en segundo lugar, permite que uno reduzca el cambio históricoreconocido a lo irrelevante, porque el noúmeno positivizado, es decir, los arquetipos,invalidan cualquier ruptura cultural fenoménica, proveyendo una desvío al universalatemporal. El único problema con este modo de pensar, con esta operación dedesvío, es que este supuesto legitimizador no es él mismo legítimo: pues no se nospermite inventar una psique positivamente existente detrás de la fenomenologíapsicológica. No hay tal cosa como un alma que produce fenómenos psicológicos.Los fenómenos no tienen nada detrás de ellos. Tienen todo lo que necesitan dentrosuyo, incluso su propio origen, su autor o su tema. “El alma” en mi lenguaje no serefiere por tanto a algo real afuera de, distinto de, y aparte de la fenomenologíapsicológica, sino que no es más que una façon de parler aún mitologizante,personificadora, una expresión para la cualidad de alma, profundidad e infinitudinterior de los fenómenos mismos, así como para su “teleología” interna. “El alma”es así, en contra de las apariencias, un “adjetivo” o “adverbio”, no un sustantivo. Elcarácter de sustantivo es sólo teórico, no sustancial. Pero si no hay nada detrás de
 
la fenomenología histórica, especialmente nada atemporal, entonces las diferenciashistóricas entre los fenómenos hacen una diferencia real, decisiva; su forma lógica yel estatus de conciencia en la que existen y que determina lo que psicológicamenteson. Es por esto que tenemos que estudiar el golfo del cual he hablado.El golfo histórico desde el punto de vista del lugar del conocimientoEn este artículo hablo de un estadio mitológico-ritualista en distinción con estadiosposteriores, como si anterior fuera un estadio unitario en no tuviera que serdiferenciado dentro de sí en varias fases diferentes. Pero para nuestro objetivo aquíno quiero complicar el asunto, de modo que lo trato como un todo más o menoshomogéneo (Otro problema que aquí ignoro es si “mito” y “mitológico” son realmentelos términos más adecuados; si aquello a lo que se refieren es el fenómeno máscaracterístico y auténtico para designar este estadio. Ritual, por ejemplo, podría sermás significativo.Comienzo mi descripción más bien impresionista, con una cita de un libro sobre lasnarraciones del tiempo de sueño de los aborígenes australianos. “A diferencia de loque estamos acostumbrados por nuestros cuentos de hadas, cuya narracióncomienza con un acontecimiento, continúa con el siguiente y conduce a un final, lashistorias del tiempo de sueño de los aborígenes (australianos) no tienen ni uncomienzo ni un final. Como una banda interminable fluyen, se mezclan el uno en elotro, se entrecruzan y se separan de nuevo, se interrumpen abruptamente, sólopara reaparecer en otro sitio, como un curso de agua subterráneo” (3)¿Qué nos cuenta eso? Una conciencia que no siente la necesidad o tiene la fuerzapara demarcar claramente comienzo y fin, creando así historias separadas, sino quepara ella todas las imágenes y eventos narrativos juntos representan un todoviviente, siempre cambiante, a partir del cual no pueden separarse en unidadesindividuales, una conciencia tal está, por así decirlo, flotando en un océano infinito.O podríamos decir que vive en el nivel de un rizoma. Todos las narraciones deltiempo de sueño juntas constituyen una inmensa narración. En el océanos puedetenerse diferentes corrientes, diferentes bolsas de agua más fría o más cálida, perotodo es un inseparable cuerpo único de agua. Así como no se pueden contemplartodos los detalles de un gran cuadro a la vez, as aquí, también, uno sólo puedehablar acerca de un detalle de la narrativa única a la vez, pero así como se puededesplazarse a través de todos los detalles del cuadro en diferentes maneras,comenzando aquí o allí, saltando de un lado a otro, etc., aquí ocurre lo mismo.Siempre se enfoca en una secuencia parcial de acontecimientos a la vez, pero alenfocar en ella, en el trato uno obtiene el rizoma entero. Si se alza a la SerpienteMidgard por encima del suelo en punto, se ha tocado toda la Serpiente Midgard. Elcomienzo y el final fáctico de las narraciones se producen sólo por circunstanciasajenas: uno se cansa, cae la noche o una tormenta eléctrica o las necesidadesprácticas interrumpen la narración, pero el comienzo y el final no están reflejados ointegrados en las historias mismas como parte de su forma, y por tanto no son elpropio cierre de los cuentos.Esto probablemente sea una expresión extrema del modo mítico de ser-en-el-

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