Welcome to Scribd. Sign in or start your free trial to enjoy unlimited e-books, audiobooks & documents.Find out more
Download
Standard view
Full view
of .
Look up keyword
Like this
18Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
Lengua quichua ecuatoriana

Lengua quichua ecuatoriana

Ratings:

2.5

(1)
|Views: 6,362|Likes:
Published by Gustavo Pacurucu

More info:

Published by: Gustavo Pacurucu on Sep 03, 2010
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

03/29/2015

pdf

text

original

 
1
 Autores científico-técnicos y académicos
PREPARANDO EL PASO AL ECUADOR
Machala es una bella ciudad ecuatoriana, capital deuna de las provincias bañadas por el océano Pacífico,que no aparece en mis memorias de corte lingüísticopor sus indudables parámetros turísticos, ni por elimperio del banano que desde ella se domina, ni porninguna otra circunstancia distinta de ser la patria chicade dos sencillos seres humanos, que no se conocían yse conocieron solo fugazmente, que yo sepa, que entra-ron tímidamente en mi vida prendidos con leves alfile-res y que dejaron en ella huellas poco profundas peroimborrables.Hace ya muchos años, en uno de mis habituales viajes por América del Sur tenía prevista una breveestancia en el Ecuador y, de acuerdo con mis costum-bres, recabé alguna información previa charlando conla familia y con los amigos. Como era habitual fueronmuchas las indicaciones que se me brindaron, algunasmuy interesantes y de entre todas un par de ellas subli-mes, de las que tomé muy buena nota en lo relativo anombres, direcciones, teléfonos y a cualquier tipo deindicaciones que me facilitaran la localización de lospersonajes en cuestión. En dos significativos casos, lalocalidad de referencia era la misma pues las dos perso-nas descritas vivían en la ciudad de Machala, ciudadque ha cambiado mucho en los años transcurridosdesde entonces, pero en cuya disposición geográfica yen sus actividades fundamentales apenas si ha sufrido variaciones. Otro personaje que a la postre resultó serun punto de los más importantes de este mi pequeñosafari ecuatoriano fue un hombre, en principio águilabicéfala, igualmente habitante de Machala, del que mehabló muy encomiásticamente mi frutero del mercadode San Pascual y, por otra parte, y de ahí la bicefaliadel sujeto, mi buen amigo Paco, librero de Zaragoza,que mantenía con él relaciones de intercambio delibros, sin que uno tuviera el menor indicio de la exis-tencia del otro, ni mucho menos de las dispares activi-dades ejercidas por el bueno de Damián Perlado, queasí se llama el protagonista de esta breve historia.Una buena tarde, revisando papeles y tomandocafé en la casa de Marcelo y Pepita, chileno él y ecuato-riana ella, la conversación derivó hacia la vertiente lin-güística lo cual era muy frecuente cuando mi presenciapodía influir en algún sentido, haciendo crisis en el justo momento en el que estaba presente la mocita,también ecuatoriana, que no pudo por menos queintervenir, pues estábamos cometiendo el craso errorde llamar
quechua
a la lengua aborigen que se hablaampliamente por el pueblo llano ecuatoriano. Con elserio apoyo de Pepita ella puntualizó con firmeza queen su país se habla la lengua
quichua
, que el
quechua
 José M. Esteban
 Lengua quichua ecuatoriana Lengua quichua ecuatoriana
 
 2
 Autores científico-técnicos y académicos
se habla en el Perú y en otras tierras. Marcelo, hombrede letras y muy versado en cuestiones lingüísticas tercióen su favor y como prueba irrefutable se trajo el ejem-plar del Diccionario de la Academia de la Lengua queaportó el testimonio definitivo. Así, quedó perfecta-mente establecido que el
quichua
es una variedad de lalengua
quechua
que se habla preferentemente enEcuador. La velada terminó, después de varias horasde muy rica conversación, obteniendo la referencia y ladirección de la familia de la muchachita, que permane-cía en su país, residiendo en la ciudad de Machala,capital mundial del banano, según se encargó de ponerde manifiesto
 Lluvirna
, que así se llamaba la chiquita,sin que nadie aclarara en aquella ocasión el origen desemejante nombre, situación muy normal dado el juego del lenguaje tan querido y utilizado por los ciu-dadanos sudamericanos. Cerré la sesión, quedándomepara otra ocasión la petición de explicaciones sobre laetimología de
 Lluvirna.
Pasaba una temporada de vacaciones por Españaun medio pariente y querido amigo, que había desarro-llado su vida profesional en la banca privada, ocupandopor aquellas fechas el cargo de director de un bancoespañol en Ecuador, con residencia fija en la ciudad deQuito, ciudad poco recomendable para mis problemascardíacos debido a su gran altura sobre el nivel del mar,razón importante para procurar disfrutar de su compa-ñía en estas latitudes, más benéficas para mi salud, sibien es cierto que mi buen amigo me dio magníficasreferencias para que hiciera ciertas visitas en la ciudadde Cuenca, por otra parte bellísima ciudad ecuatorianaque en todo caso debería visitar, salvando otra vez elgrave inconveniente de su extremada altura; pero la visita a Cuenca estaba ya predestinada pues en ella, ensu Universidad y en sus amplios círculos culturalestranscurrió gran parte de la vida de Luis Cordero, inves-tigador, lingüista, hombre de ciencias y de letras quedejó sus profundas huellas en aquellas tierras y que fueel moderno impulsor de la lengua
quichua
, cuyo diccio-nario aborigen y español, publicado a finales del sigloXIX, es piedra madre para el actual conocimiento de sulengua. Ángel, mi buen amigo, se sentía además espe-cialmente atraído por el Azuay, posiblemente porencontrar allí, a semejante distancia, muchos rasgos quelo identificaban con su
 Bierzo
natal; puso a mi disposi-ción la casa que tenía alquilada en las laderas del
Chim-borazo
, aún a sabiendas de que sería un peligroso lugarpara la supervivencia de mis coronarias.Pancho era el amigo enciclopédico, el hombre quesabía un poco de todo, bastante de muchas cosas ymucho de algunas y entre esas algunas ocupaba un des-tacado lugar la pintura, de la que era un verdaderoexperto y de la que me descubrió un montón de detallesque yo ignoraba, entonces y después también. Pero lascuestiones que más me interesaban eran las relativas alas lenguas aborígenes y a los habitantes autóctonos quelas hablaran y entonces Pancho me descubrió la existen-cia de un gran pintor ecuatoriano, nada menos que la deOswaldo Guayasamín, prácticamente desconocido enEspaña por aquellas fechas, aunque su trayectoria artísti-ca era enormemente importante, hasta el punto de queaquel mismo año, año de 1971, acababa de ser elegidoPresidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Poralguna razón cuyo manejo solo él conocía, Pancho dis-frutaba de tener amigos por todas partes y de mantenersu amistad viva por lo que hablando de quien fuera,daba la impresión de haber comido con él ayer. Esoexactamente ocurrió con Guayasamín, precisamenteestaban citados para verse en Guayaquil dentro de unospocos meses, para recoger unos lienzos con los que elpintor le obsequiaría. Naturalmente me dio toda clase dereferencias y de coordenadas y, sobre todo, me propor-cionó la referencia de Benjamín, que se consideraba her-mano y ejercía de adorador del que calificaba de geniode la pintura y de gloria de Ecuador; Benjamín residíahabitualmente en Quito y su trabajo fundamental era detaxista, al servicio de Guayasamín siempre que fueranecesario y, naturalmente, muy amigo de Pancho, comopude comprobar al cabo de unas pocas semanas.Estos fueron algunos de mis contactos, desde luegode los más fructíferos, sin olvidarme de los que misconocimientos de la Universidad me proporcionaron,especialmente entre los químicos de la Universidad deLoja con los que mantenía frecuente contacto epistolarademás de algún conocimiento personal, como el disfru-tado con ocasión del pasado congreso habido en Bue-nos Aires hacía un par de años, sobre Nomenclatura yFormulación, en el que el ecuatoriano Profesor Andrade jugó un importante papel tanto en las sesudas sesionescientíficas como en las más lúdicas incursiones por laBoca y por la Costanera, en las que lució por sus conoci-mientos lingüísticos en los dominios químicos, pero tam-bién en los del quechua, del quichua y en los complica-dos vericuetos bonaerenses que por allí se conjugan.
PASAMOS AL ECUADOR
Sin írseme de la memoria los avatares del
 paso del Ecuador 
celebrado años atrás en mi vieja Facultad de
 Lengua quichua ecuatoriana
quichua
ecuaoriana
 
3
 Autores científico-técnicos y académicos
Ciencias, cuando la amiga Natalia hubo de renunciar ala dignidad de madrina a causa del fallecimiento de suabuela, habiendo de ser sustituida por la popular can-tante de entonces
 Rosa Morena
, que cumplió con supapel a las mil maravillas; aquel paso del Ecuadortranscurrió juvenil y desenfadadamente con cantos ybailes, con mucha comida y bastante alcohol y con elpunto culminante de una tienta de vaquillas celebradaen la placita de la vieja y ya hace mucho desaparecidaEscuela de Tauromaquia ubicada en las proximidadesde Las Ventas, recuerdos que vinieron en tropel con-forme el avión se aproximaba al aeropuerto de Quito,en donde tomó tierra sin novedad al anochecer de unlluvioso día de la incipiente primavera de 1971.Un aeropuerto sudamericano, mucho más poraquellas fechas, se parecía muy poco a uno europeoen los usos y costumbres de las diferentes maniobras,en la enorme aglomeración de gentes diversas, en elpequeño comercio que se ejercía sin parar y en mildetalles más, sobre todo en las operaciones de salida,pero las de llegada también eran bastante confusas,pese a la experiencia de la que ya disponía uno, con loque la simple bajada del avión con un par de bolsas yafue bastante complicada, entre los múltiples chiquillosque se ofrecían para “ayudar” con el liviano equipaje,la gente que ofrecía el cambio de moneda, los queensalzaban las maravillas de diversos hoteles y pensio-nes y en general una multitud que incomprensiblemen-te se encontraba allí, fuera de la línea marcada por elcontrol de la policía de fronteras, campando por susrespetos; esta situación no era ni mucho menos exclusi- va de Quito, ocurría de forma muy parecida enmuchas de las más importantes ciudades de Américadel Sur, con la excepción en cada momento de los paí-ses sometidos al control de una dictadura militar que,por desgracia, tenía lugar periódicamente en cadalugar; no era el caso en este ocasión de la Repúblicadel Ecuador, y la pista de aterrizaje se encontraba llenade “familiares” de la policía, cuyos múltiples miembrosles facilitaban el acceso de forma “casual y desinteresa-da”. Los inconvenientes que causaban carecían deimportancia pero no así la para mi extremada altura dela ciudad que, ya desde los primeros momentos ejercíauna negativa influencia, impulsándome a la primerabarra de un bar en el que pudiera pedir mi primer téde coca, mínimo remedio que ya conocía de otras oca-siones y de otros lugares.Traspasada la barrera humana no tardé en divisaral amigo Ángel que me esperaba, enarbolando en susmanos una espléndida tetera y una taza con las quepude anticipar en un buen tiempo la ingestión de labenéfica coca, que atenuó efectivamente los casi tresmil metros de altura de la vieja capital, habitada en elperiodo precolombino por la tribu de los indios
quitus
,de donde procede su actual nombre y reconstruidasobre sus propias ruinas por Sebastián de Benalcázar,cuyas coronarias debían gozar de mejor estado. Juntoa Ángel sonreía abierta y francamente otra simpáticapersona que me saludó en nombre de Pancho. La per-sona en cuestión era Benjamín, al que se le habíapuesto en antecedentes de mis planes, de mis aficio-nes, de mis itinerarios... y de mis antecedentes cardía-cos; prácticamente, Benjamín no ignoraba nada impor-tante por lo que me hizo sentir confortablemente insta-lado, sobre todo cuando me comunicó que estaba dis-puesto a salir de viaje esa misma tarde.Recuperado el equipaje, comprado un termo querellené con la gratificante infusión de coca, fallido elintento de saludar a la familia de Ángel por encontrarseen España y después de concertar citas para Guayaquily para Cuenca, me puse a disposición de Benjamínpara emprender la primera etapa de mi periplo ecuato-riano. Cansado por el viaje y algo agitado por el baru-llo de la llegada, con mis pulsaciones a niveles dema-siado altos me instalé cómodamente en el enormecoche americano que hacía de taxi para Benjamín ymantuve con él una primera y plácida conversación,antes de recostarme, entornar los ojos bajo la incipien-te noche, y quedarme profundamente dormido. Des-perté varias horas después, y me costó trabajo centrar-me y darme cuenta exacta de en dónde me encontra-ba; lo primero que me saltó a los ojos fue la múltiple, variada y polícroma decoración con la que Benjamínhabía dotado a su amplio y confortable coche, en cuyocentro, cuidadosamente situada en el techo, una hojade papel, poco mayor que una cuartilla, con una cari-catura del propio Benjamín firmada por Oswaldo Gua-yasamín. Ya se anunciaban las claras del día y muyatrás las excesivas alturas del macizo nos acercábamosplácidamente a las orillas del Pacífico.
PUERTO BOLÍVAR, PLÁTANOS Y LLUVIA
 Asomaban las claras del día cuando comencé a des-perezarme plácidamente después de un sueño profundoy revitalizador que aparentemente no fue compartido porBenjamín a juzgar por la enorme distancia recorrida,pero no por el aspecto despierto y desenfadado queostentaba al desearme los buenos días con la mejor de
 Lengua quichua ecuatoriana
quichua
ecuaoriana

Activity (18)

You've already reviewed this. Edit your review.
KarolNasner liked this
Franklin Alexandr added this note
ambato
Franklin Alexandr added this note
mi
franklinalexander added this note
mi
1 thousand reads
1 hundred reads
Pablo Lescano liked this
angie_quisilema liked this

You're Reading a Free Preview

Download
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->